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INVESTIGACIÓN EXCLUSIVA

El "Gallo" Andrada y las zonas calientes de la droga en Santiago

El “Gallo” habría irrumpido en Frías en el 2006. Su entorno sostiene que antes de dedicarse al narcotráfico, su rubro eran los secuestros extorsivos. Mudó hacia la droga y llevó consigo a varios amigos.
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El Gallo Andrada y las zonas calientes de la droga en Santiago
Publicado el 10/11/2013 - Cultor del perfil bajo, aunque selecto amante y catador del champán caro -y las chicas de la noche- Claudio “Gallo” Andrada es considerado rostro visible de un negocio millonario de cocaína, cuyos albores pareciesen retrotraerse a los años 2006-2007.
Seis años después, el friense acaba de ser detenido, sospechado de ejercer la jefatura de un cargamento de 583 kilos de cocaína, incautados en Sinsacate, Córdoba.
Para los investigadores, era el cerebro de una poderosa organización que compraba y vendía cocaína en Europa: sus eslabones clave se sostenían en socios de Bolivia, Chile, Argentina y hasta Venezuela.
Veamos el origen de una historia que tendría como gran protagonista, al “Gallo”. Según los distintos informes que obran en la Justicia Federal, de adolescente realizaba viajes fugaces a Santiago con la familia. Él hizo su vida en Buenos Aires.
Frías comienza a atraerlo luego de que su padre montó un aserradero que primero funcionaba sobre el sector este de la ruta nacional 157; éste, luego fue mudado hasta la colectora Dr. René Favaloro y Jujuy: allí se situó el fuerte de los allanamientos de Gendarmería.
Antes del 2006, al hombre se lo asociaba a secuestros. En el 2007 la policía habría empezado a visualizar movimientos de “naves fantasmas” en el cielo choyano.
Mera casualidad o causalidad, a medida que se acrecentaba la actividad, crecía también el nivel de vida en el entorno del “Gallo”: igualmente, con mano implacable, el sujeto digitaba todo.
“Nada de mostrar opulencias”, supo ordenarle a uno de sus subordinados que una noche osó alardear de ser “guitudo”, léase, regocijarse de llevar dinero.
En meses, el hombre habría logrado edificar toda una organización, a la cual iba incorporando a muchos amigos nacidos en la “Ciudad de la Amistad”.
Pese a que no llamaba la atención, su particular criterio en los negocios no habría pasado inadvertido en las fuerzas de seguridad, las cuales elaboraban informes que engordaban su currículum en el universo federal.
Aún así, a su impronta se le endilgan viajes mensuales de avionetas que habrían depositado en suelo friense como mínimo 300 kilos de cocaína. La calculadora arrojaría cifras siderales capaces de dejar pasmado hasta al más frío de los investigadores. l
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