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POR FERNANDO GONZÁLEZ

Aguantar los trapos, el signo barrabrava incrustado en el poder

Publicado el 04/06/2013 - Si alguna duda quedaba sobre la concepción barrabrava que la política argentina tiene asumida desde hace tiempo, vale la pena echarle un vistazo al cruce dialéctico entre dos dirigentes del kirchnerismo: la flamante jefa del bloque oficialista en la Cámara de Diputados, Juliana Di Tullio. Y uno de los diputados emergentes del sector que rodea a Daniel Scioli, el también diputado Guido Lorenzino.
Di Tullio dio el puntapié inicial en una de las entrevistas que le hicieron cuando se conoció su nombramiento. Cristinista, feminista, enérgica militante del peronismo bonaerense nacida en Morón y crítica de toda prensa que no alabe el actual proceso político. La diputada de 41 años construyó una frase breve que dice mucho: “A mí me gustaría que, más allá de decir: ´Yo soy parte´, también se sientan actitudes concretas. (Scioli) Tendría que salir a aguantar los trapos, no son tiempos de quedarse callado”.
La respuesta le llegó de otro bonaerense. En este caso, de Vicente López, sciolista si es que el sciolismo ya se puede considerar una categoría política. Guido Lorenzino, 45 años, no rehuyó el debate por los trapos. “La expresión que tuvo es la misma que nosotros pretendemos con muchos legisladores que han ingresado por nuestra lista y que tampoco aguantan los trapos. No nos votan las leyes, hacen pedidos de informes como si fueran la oposición...”.
Hasta allí los protagonistas y las palabras. Es ilustrativo recordar, sobre todo para quienes no conocen la letra chica del fútbol argentino, que el término “aguantar los trapos” es el que utilizan habitualmente los barrabravas para describir la acción de quienes llevan a la cancha las banderas del equipo de sus amores y la acción de defenderlas cuando hay batalla campal contra el enemigo ya que las banderas (los trapos) son el símbolo de la identidad que hay que robarle a los otros. Sacarle los trapos a la barra rival a las trompadas, a los palazos o a los tiros es señal de victoria para unos y de deshonra para otros en la mitología barrabrava que tanto se ha infiltrado en cada célula de la argentinidad. Por eso, a los trapos, hay que aguantarlos.
Lo difícil en todo caso es establecer a qué se refieren Di Tullio y Lorenzino cuando se acusan mutuamente de no aguantarse los trapos. La sensación es que el cristinismo se sentiría satisfecho si Scioli acompañara la ofensiva contra la Justicia, contra la prensa o si se pronunciara públicamente en contra de las numerosas denuncias sobre hechos de corrupción. Del mismo modo, se deduce que el gobernador aspira a que el kirchnerismo lo ayude en vez de complicarlo con el conflicto docente y no le ponga presión, por ejemplo, en el recuento de las víctimas bonaerenses de la trágica inundación reciente.
Lo que no advierten ni Di Tullio, ni Lorenzino, ni Cristina ni Scioli es que lo que importan no son sus trapos sectoriales sino los trapos de toda la sociedad. Los argentinos que aguardan una mejor gestión de gobierno y estiman que el consenso entre sus dirigentes es una base indispensable para dejar atrás los problemas pendientes. Si lo que nos espera es una pelea por los trapos entre los dos dirigentes más importantes del país, el futuro inmediato se convertirá nomás en una de esas pesadillas barrabrava en la que suele despeñarse el fútbol.
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