Buen día Santiago
Por Padre José Ceschi
Plegaria

¡Buen día!  Muchas veces resulta difícil “arrancar” en la mañana. Hay días sobre todo en que parecen concentrarse sobre nosotros todos los nubarrones del cielo.
Una buena manera de despejarlos es recurrir a la oración, ese puente de oro entre el hombre y Dios.
“La oración es la llave de la mañana y el cerrojo de la noche”, solía decir el Mahatma Gandhi. O, como alguien escribió, “la oración es la fuerza del hombre y la ‘debilidad’ de Dios”.
Debemos recurrir siempre a ella porque:
“El alma sin oración/es como un huerto sin agua, como sin fuego la fragua/, como nave sin timón’.
La oración nos permite sintonizar con Dios, captar su onda, vivir su armonía.
Y esta mañana, con tantos problemas que nos abruman, que bien nos viene un primer intento de charlar con Dios.
Esta oración de la mañana que le acerco, puede servir de primer puente:
‘Señor, me cuesta comenzar este día, porque sé que es una nueva tarea, un nuevo compromiso, un nuevo esfuerzo.
Pero quiero comenzarlo con entusiasmo, con alegría reestrenada, con ilusión nueva.
Sé que estás a mi lado, en mi familia, en mis amigos, en las cosas, en mi propia persona.
Gracias por este nuevo amanecer. Gracias por este nuevo empezar. Gracias por esta tu presencia.
Quiero sembrar paz, solidaridad, amor entre mis hermanos. Y sé, Señor, que esta tarea le comienzan cada día muchos hermanos de cualquier punto de la tierra, y eso me alienta y empuja.
También te pido por ellos, y con ellos te digo: “¡Buen día, Señor!”.
Le dejo una sugerencia que alguien me arrimó: ‘Trabaja como si ningún rezo pudiera salvarte.
Reza como si ningún trabajo pudiera ayudarte’.

¡Hasta mañana!

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