Evangelio según San Juan 15,26- 27.16,1-4a.

22/05/2017 -

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

“Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.

Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.

Les he dicho esto para que no se escandalicen.

Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.

Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.

Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho”.

Comentario

El episodio de Hechos de los Apóstoles presenta a San Pablo y a sus compañeros llevando el mensaje de la Buena Nueva por toda Grecia. Continúan encontrando personas a las que hace bien el mensaje liberador de Jesús.

En la región de Filipo, Dios abre el corazón de una mujer que escucha atenta el mensaje de Pablo.

Un mensaje que será de provecho no sólo para la mujer sino para toda su familia. Y es esto lo que motiva a miles de personas alrededor del mundo a convertirse en misioneros y a entregar su vida a favor de los demás.

Muchas personas continúan acercándose a Dios, creyendo en él, por el testimonio de un sin número de misioneros.

Y en el Evangelio de Juan, se continúan presentando las garantías y los riesgos a los que se toman en serio el seguimiento de Jesús.

El Espíritu Santo es presentado como defensor y fortaleza de los discípulos (llamados: “hijos”) de Jesús. Pero, advierte del rechazo y peligro que corren todos aquellos que dan testimonio de su Palabra de Vida.

El Papa Francisco refiriéndose al martirio, cita al beato Mons. Romero, recordando sus valientes palabras: “debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, incluso, si el Señor no nos concede este honor”. Y explica el Papa: “dar la vida no significa sólo ser asesinado; dar la vida, tener el espíritu del martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en cumplimiento honesto del deber, en ese silencio de la vida cotidiana, dar la vida poco a poco”.

Pidamos al Espíritu nos conceda estar dispuestos a esa entrega valiente de la vida, dando testimonio de que realmente hemos conocido a Dios y a su enviado, Jesucristo.

 
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