El Evangelio EL EVANGELIO DEL DOMINGO - Pbro. Mario Ramón Tenti

Cristo, Señor del universo, envía a los discípulos

Mateo 28,16-20

28/05/2017 -

Los once discípulos marchan a Galilea, siguiendo las indicaciones de las mujeres y se dirigen al monte que Jesús les había indicado. Galilea es la tierra en la que Jesús enseñaba y curaba a su pueblo, en dónde encontró eco su predicación y surgió la comunidad de los discípulos. Galilea es tierra de “refugio”, contrasta con Jerusalén (en dónde murió Jesús) y en dónde persiguen a sus discípulos. El “monte”, nos recuerda las bienaventuranzas y el lugar dónde Jesús se transfiguró.

Jesús se aparece y sus discípulos le rinden homenaje, lo adoran. Pero, no por eso dejan de dudar, la fe incluye la duda, es a la vez, confianza y desaliento. Mateo la describe como una fe “humana”.

El Resucitado anuncia a los discípulos que ha recibido todo poder sobre la creación, ha sido exaltado y constituido soberano del universo. Este poder es el fundamento para el mandato que les dará. El poder de Jesús se manifestará a través de la predicación de los discípulos, es un poder que no domina, sino que libera a los que se hacen discípulos.

El discipulado de Jesús se da allí donde su autoridad actúa entre las personas y se guardan sus preceptos. Por eso, este mandato trasciende a los once apóstoles y es propio de todos los discípulos de Jesús a lo largo de la historia.

Mateo cree que la Iglesia es misionera por principio y fundamento, y concibe su misión como un “ir” a todos los pueblos. La soberanía universal del Resucitado sobre cielo y tierra habilita la dimensión universal de la misión eclesial.

El mandato de hacer discípulos a todos los pueblos significa, en primer lugar, el mandato bautismal. El bautizado pertenece a la Iglesia de Jesús. El bautismo se hace en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, que expresa la fe constitutiva de la nueva identidad de los bautizados y evoca, el acto mismo del bautismo según la tradición de la Iglesia naciente.

A la vez, los discípulos deberán enseñar a guardar “todo lo que yo les he mandado”, es decir, lo que enseñó Jesús (sus preceptos y no otros). Se trata de una iniciación en la praxis, se trata de hacer la voluntad del Padre. Deben enseñar a “vivir” la fe, introducir a los nuevos discípulos en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Esto pone de manifiesto la dimensión ética de la fe. Ser discípulo de Jesús es cumplir sus preceptos, realizar las buenas obras.

Al final de la proclamación de Jesús está la promesa de su presencia en la comunidad: “y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Jesús es el “Emmanuel” (Dios con nosotros), que está presente en la Iglesia en su palabra, en sus preceptos y en la experiencia de Dios entre aquellos que oyen y ponen en práctica esa palabra.

Conclusión

La Ascensión de Jesús involucra a la comunidad creyente en la tarea misionera: hacer discípulos, bautizar y enseñar a practicar sus enseñanzas. Esta tarea es posible porque el Señor asegura su presencia en medio de la comunidad: “todos los días hasta el fin del mundo”. La Iglesia es principalmente una comunidad orientada a la misión, la evangelización expresa su identidad más genuina, no existe para sí misma sino para que el proyecto de Dios se realice en la historia. Comprender el sentido de su existencia compromete a los discípulos a poner en marcha un proceso evangelizador que haga presente a Jesús y su Reino en medio del mundo y libere a todos los hombres de las esclavitudes del mal.

 
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