Opinión Por Miguel Ángel Rouco - Periodista

La otra devaluación

02/06/2017 -

Mientras la dirigencia política pone todo su interés en los comicios de octubre, en unas elecciones que no despiertan el mínimo interés en la población, la economía argentina marcha a los tumbos. Las últimas estadísticas de la actividad industrial y el empleo muestran con total crudeza, la inviabilidad del gradualismo fiscal que obliga no sólo a que el Banco Central deba elevar las tasas de interés sino también a que el Palacio de Hacienda mantenga una presión tributaria asfixiante. Estas dos decisiones de política económica desalientan la inversión y golpean al empleo y a la actividad productiva. No es solo el sector manufacturero el que reporta baja en su producción sino también el comercio y los servicios los que no ven mejoras. Y esto afecta a todos los segmentos de consumo. La inflación no va a bajar hasta tanto el Estado no deje de aspirar recursos de la actividad privada para destinarlo a gasto improductivo, como es el financiamiento de un monumental déficit fiscal que este año se ubicará en torno de los 10 puntos del PBI. "Con este déficit y aplicando políticas gradualistas necesitás 10 años para poner las cuentas fiscales en equilibrio, siempre y cuando las condiciones financieras se mantengan sin cambios", expresó un economista muy consultado por grandes empresas. No es casual entonces que las empresas hayan postergado los anuncios de nuevas inversiones hasta después de las elecciones. La única actividad que realmente repuntó fue la construcción merced al impulso de la obra pública puesto que las obras privadas mantienen el mismo ritmo que el año anterior. Las cifras brindadas por el Indec son reveladoras y eximen de mayores comentarios: el crecimiento en la demanda de materiales se observa fuertemente en los despachos de asfaltos y de hormigón con hierro, dos rubros vinculados con la construcción de caminos y que tienen escaso impacto en la demanda de mano de obra. Sin embargo, la navegabilidad de la economía hasta octubre parece estar asegurada sin sobresaltos. La tendencia de la inflación va a la baja. No por acierto de la política económica sino porque el gobierno pactó, en sordinas, un acuerdo con la burocracia sindical para ajustar los salarios con un techo no mayor al 25 por ciento, a cambio de sanear las cajas de las obras sociales. Esto implica que el conjunto de los trabajadores debió asumir una pérdida no menor al 10 por ciento en la capacidad de compra de sus salarios, respecto de la inflación de 2016. Esta tesis de pactar aumentos en las remuneraciones por la inflación esperada, muestra que en los hechos, los salarios han sufrido los mismos efectos de una devaluación sin que se altere el tipo de cambio nominal. Es lo que se llama una devaluación compensada para evitar el denominado efecto "pass through" o de traslado a precios que producen las correcciones cambiarias nominales, como la ocurrida en el último mes. Con un agravante. Esta alteración del poder de compra no sólo no mejora los niveles de consumo y empleo sino que además daña los balances de las empresas, algo que se vio reflejado en una reciente encuesta entre hombres de negocios donde de 5 consultados, 4 no vieron mejoras en sus negocios. Pero cuidado. A mayores expectativas de inflación, más inflación. En palabras sencillas, si la gente piensa que va a haber inflación, terminará habiendo inflación; más con devaluación del tipo de cambio. En pocas palabras, la actual aceleración devaluatoria del tipo de cambio se trasladaría rápidamente a precios, acelerando las presiones inflacionarias en el mediano plazo. En definitiva, la inflación cada vez se acercará más al 30% y estará más lejos del 20%. Estos ensayos, ya practicados en el pasado y con resultado escabroso, no son otra cosa que la desesperación del gobierno por llegar a octubre e intentar ganar unas elecciones que no van a cambiar la economía argentina. En el mejor de los casos, servirán para que la administración Macri pueda contar con mayor poder político. La gran duda que hoy se percibe entre empresarios locales y extranjeros es, si con ese mayor poder, Macri intentará a partir de 2018, llevar adelante un ajuste de las cuentas fiscales o bien navegará en este mismo océano de intrascendencia económica actual. Mientras tanto, el financiamiento externo y el blanqueo de capitales han servido para mitigar los efectos dañosos de la falta de ajuste fiscal. ¿Hasta cuándo? .

 
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