Opinión Por Bernardo Stamateas - Especial para EL LIBERAL

El crédulo y el desconfiado crónico

01/07/2017 -

E n lo que se llama el síndrome de la "buena niña" o del "buen niño", la característica principal es que la persona es crédula. Es decir, que le cree a cualquiera y piensa que todo el mundo es como ella. Su pensamiento es que todas las personas son buenas por naturaleza. En oposición a ella, se encuentra el paranoico que dice: "¡Cuidado! Todos son malos por naturaleza". Lo que le sucede a la persona que es un "crédulo compulsivo" es que tiene la capacidad de idealizar a los demás. Nos estamos refiriendo a un tema de confianza, que no solo tiene que ver con lo económico, sino también con la pareja. Muchas personas, tanto hombres como mujeres, comienzan su convivencia al poco tiempo de conocer al otro y, enseguida, la relación se termina. La razón para que esto suceda es que, cuando uno idealiza a quien tiene al lado, tapa lo malo y ve solo lo bueno. Y la verdad es que todos tenemos rasgos positivos y rasgos negativos. La persona que es extremadamente confiada, por lo general, no tiene una buena estima. ¿Por qué? Porque de chico, cada vez que pedía algo, los padres le decían que no tenía que ser egoísta y querer todo lo que veía. Los padres de niños pequeños, y no tan pequeños también, deberíamos saber que no hay que castrar el querer de los hijos porque el querer es la inteligencia motivacional. El deseo provoca motivación. Entonces a los chicos, no hay que decirles que no quieran, sino explicarles: "Qué bueno que querés eso… vamos a ver qué podés hacer para alcanzarlo". Quien tiene el síndrome de la "buena niña" o del "buen niño" se sacrifica para que el otro sea feliz. Son, por ejemplo, esas mujeres que ponen al hombre en un pedestal o lo que se conoce como la "jaula de oro". Ellas se encierran y expresan: "¡Sin vos, no puedo vivir!". Como resultado, viven haciendo sacrificios para que el otro sea feliz (aunque ellas no lo sean) porque quieren demostrarle que no hay que ser egoísta. En el fondo, confunden estima con egoísmo. El desconfiado crónico posee una personalidad paranoica o paranoide. Cree que todos los seres humanos son malos, que todas las personas "son culpables hasta que no se demuestre lo contrario". Dicho pensamiento lo lleva a ser desconfiado en extremo. Estas son sus principales características: tiene una memoria brillante (que aplica para protegerse de la gente); muestra una imagen de grandiosidad (en realidad, proyecta sus broncas internas en los demás); siempre está en estado de alerta; evita la intimidad y no revela mucho sobre sí mismo ya que, si lo hace, piensa que los demás lo van a usar en su contra. Ni crédulo ni desconfiado o paranoico. Para funcionar de manera sana en nuestras relaciones interpersonales, necesitamos tener una confianza inteligente. Esto implica que, de modo racional, elegimos creer que hay tanto gente buena como gente mala en el mundo, pero siempre podemos confiar en alguien. Y, si alguna vez nos traicionan o nos engañan, podemos recuperarnos, seguir adelante y volver a confiar. .

 
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