Evangelio según San Mateo 11,20-24

18/07/2017 -

Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.

“¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú”.

Comentario

La historia de Moisés y el pueblo hebreo puede ser un estupendo espejo para contemplar nuestra propia historia, como suele ocurrir tantas veces en la Biblia.

Si ayer decíamos que el secreto está en el cómo, en el sentido, en el sabor de fondo, hoy se nos recuerda que no todo vale ni a cualquier precio. Que lo más “santo” no justifica cualquier fin: “Y vio Moisés cómo un egipcio maltrataba a un hebreo, uno de sus hermanos.

Miró a un lado y a otro, y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena”.

Es una llamada de nuevo a ser muy conscientes de por qué y para qué hacemos las cosas.

De lo contrario, enseguida nos encontraremos como Moisés, que esa aparente buena y valiente acción se vuelve contra nosotros: “¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro? ¿Es que pretendes matarme como mataste al egipcio? Moisés se asustó pensando: La cosa se ha sabido”.

O como dice el evangelio de hoy: “Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno”.

Corozaín y Betsaida somos también nosotros; Dios hace tantos milagros, tantas cosas buenas en nosotros... y sin embargo, ¡Cuánto nos cuesta agradecer, cambiar, crecer, pensar antes de actuar, ser honestos con nosotros mismos, discernir!. Por matar un egipcio creyendo que somos jueces de hermanos hebreos, pensamos escalar el cielo... y quizá bajemos al infierno.

El infierno del reproche de los demás (que no nos pidieron que fuéramos sus defensores); el infierno de la soledad, de la duda, de la incomprensión, del orgullo, de la vanidad... Pero no lo olvides: ni Moisés, ni Pablo, ni la Magdalena terminaron su historia en sus propias trampas o meteduras de pata...

La historia de Dios con cada uno de nosotros no para!

 
Compartí
esta nota
Las cinco más leídas
hoy de El Evangelio
1

Evangelio según San Mateo 20,1-16.


También te puede interesar