En el camino de la degustación del arte

Por Ricardo Touriño Especial para EL LIBERAL

13/08/2017 -

Maurice Denis, pintor francés (1870 – 1943) decía: “recuerden que una pintura antes de ser un caballo, una casa o cualquier otro tipo de anécdota, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores arreglada en un cierto orden”.

En este caso, es preferible hablar del “camino de la degustación” y no de la “vía de conocimiento”, sin pretender invalidar el hecho de que el resultado de esa degustación traiga aparejado como consecuencia un cierto tipo de conocimiento.

El arte plástico en general ha tenido y sufrido ciertas dificultades al momento de ser degustado por la gente. Muchas veces por culpa de algunas críticas de arte que complican innecesariamente las explicaciones teóricas del tema, y otras por actitudes prejuiciosas del mismo espectador.


Yo particularmente, he tratado desde hace mucho años, de desmitificar o desintelectualizar el arte con el objeto de que haya una conexión directa con el espectador, que muchas veces no lo disfruta por las complicaciones que son ajenas a la esencia misma de este lenguaje.

Más allá de las muchas obviedades que se pueden decir al respecto, no por eso serán menos importantes al momento de disfrutar una obra. Al tratar de abordar el tema se puede sugerir cómo se puede ver una pintura, una escultura, objetos, objetos conceptuales, performance, diferentes experiencias visuales, etc. que hoy existen, ya sean figurativas o abstractas.

Casi todas las personas tienen capacidades para disfrutar una obra de arte, porque en general se cuenta con sensibilidades e inteligencias, conocimientos diferentes, pero muchas veces observo personas que se cierran y se niegan, por su formación cultural o condicionamientos sociales y por prejuicios, a abrirse a una obra de arte.


No me parece fundamental entender o saber de arte. En primera instancia hay que sentir, tener apertura y entregarse a ese mundo de la misma manera en que se escucha la música, se aprecia una película o una obra de teatro, incluso hasta en las acciones más cotidianas como ser la elección de una forma de vestirse. Sin embargo, hay una segunda instancia, si se ha despertado la curiosidad de mayores explicaciones de conceptos, teorías, historia, etc., y ciertas reglas que nos permitirían profundizar con mayor intensidad y por lo tanto disfrutar más. Pero, lo fundamental y primario es abrir el corazón y la emoción aplicando subjetividades diferentes que cada uno posee.


El arte pictórico o plástico no es algo que está destinado solamente a los entendidos, en el sentido de la razón analítica de la palabra, sino a su degustación natural.

A menudo, escuchamos decir: “el arte se siente y no necesariamente se debe entender”, cosa que por otra parte, es cierto, pero, cuando hablamos de explicar es porque hay que admitir que hay aspectos que son explicables. Pero suponer que esa información dirigida a los aspectos racionales de la pintura constituye la esencia misma del arte, es un error.

El resultado, que es la obra plástica, debe hablarnos de un lenguaje directo del alma que la creó, al alma del contemplador, para que se pueda cerrar el círculo del universo artístico.

Esta degustación se obtiene fundamentalmente de la experiencia de ver, el ojo no solamente ve, sino piensa, y es uno de los órganos que más ramificaciones tienen en el cerebro, nos brinda imágenes que son las que nutren la imaginación de los interlocutores.

Hoy tenemos posibilidades extraordinarias, a través de medios tecnológicos, de ver e informarnos sobre este tema, podemos bucear en casi todos los museos del mundo, contemplar reproducciones de casi todos los artistas del planeta. Es por eso que hoy vemos en la gente mayor conexión con el arte moderno contemporáneo y de las vanguardias, y sabe mucho más distinguir calidades de las obras, pero este es tema de otra nota.

 
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