Don Santos Torres nació un 28 de Diciembre hace 68 años. Vive con su esposa Tomasa López y sus hijos Benjamín y Juan en el paraje El Simbol, en el Departamento Alberdi. En el camino entre Campo Gallo y Monte Quemado se llega a un poblado llamado Cuatro Esquinas y allí se dobla hacia el oeste unos 15 kilómetros para llegar al mismo. Lo conocí gracias al Director de la Escuela Nº 663, Don Gabriel Humberto Villalva, establecimiento que es el centro de toda actividad del lugar. Los lugareños son remisos a conversar sobre sus cosas con extraños, salvo cuando van acompañados por los maestros que hacen de garantes de la persona. El lugar difícil para vivir como la mayoría del campo santiagueño y sus pobladores tienen como principal actividad la producción de carbón y la crianza de animales domésticos y de corral. No sólo deben estar atentos a los cuatreros sino también a los feroces perros de los vecinos circundantes que matan cabras y ovejas por puro placer instintivo. Los lugareños dicen que los dueños de esos perros los tienen amaestrados para esta tarea como una forma de acobardarlos e impulsarlos a que dejen sus tierras para comprarles por poco dinero. A todo esto se debe enfrentar desde hace mucho tiempo don Santos, claro que el tiene un don divino que es el de ser rastreador. Tiene la virtud de ver una imagen sobre el suelo que puede ser una pisada de calzado, de animal o de vehículo y puede reconocerla a varios kilómetros de donde se originó. Esta facultad la heredaron sus hijos y cuentan que una vez robaron un rifle de una vivienda y antes de llamar a la policía, fueron a buscarlo a él. Siguió el rastro un largo trecho hasta una vivienda. Le dijo al ladrón, con la seguridad y la presencia de ánimo que lo caracteriza; “Te tengo tapao el rastro. Devolvé el rifle o te hacemos llevar con la policía”. Quería decirle que al rastro original lo había tapado con un trapo y serviría como prueba, aunque sabía que como el arma no tenía documentación de compra, sería difícil recuperarla. Pero la actitud tuvo su efecto y a los días el ladrón le avisó donde podía buscar el bien. En otra oportunidad, robaron en la escuela, como no estaba don Santos fue Juan el hijo menor, apenas vió el lugar donde habían acopiado lo robado para después trasladarlo, dijo:”Fue el maestro”. Resulta que uno de los ladrones no había tenido mejor idea que robarle los zapatos al maestro y colocárselos. Esas pisadas las conocía y luego fueron fácilmente seguidas y pudieron recuperar lo sustraído. Lo corriente es utilizar ese don para la subsistencia diaria: seguir los paso del zorro, que come huevos y gallinas para trampearlo. Benjamín cuanta como se determina el tamaño del León, por las profundidades de las pisadas y las ramas que rompe en su desplazamiento. Seguir una piara de javalíes (chanchos del monte) y enfrentarlos con coraje y armas rudimentarias, además de elegir el momento justo para ello, no es solo tarea de los perros como modestamente dicen don Santos. Hace falta buena vista y mucho espíritu. Vivencias de nuestros habitantes y en particular de este hombre que nació el Día de los Inocentes. l
* carloszigalini@yahoo.com.ar
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