En el tema de la autonomía, y de cómo Tucumán quería que Santiago esté bajo su dominio, se jugaban también intereses económicos intereses económicos. Pasa que Tucumán monopolizaba el cobro impositivo y una de las cuestiones que reclama el cabildo santiagueño es justamente esa. En el momento en que se pasa a depender de Tucumán reclaman que el cobro lo monopolizaban ahí y que no distribuye equitativamente entre las provincias que componían esta organización.
Entonces se dan intereses contrapuestos de élites provinciales y que van diseñando su espacio, apropiándose del nuevo espacio de poder sobre la base de la reversión de la soberanía hacia estos sectores sobre todo urbano ruarles.
Frente a la disolución del gobierno nacional en 1820 las provincias asumen para sí el ejercicio de su soberanía y como consecuencia de ello declaran la autonomía. En el caso particular de Santiago son sectores rurales, en particular de burguesía rural dedicadas a la ganadería comandadas por Ibarra las que van a empezar a adquirir protagonismo en el manejo de las decisiones y de la cosa pública. Son además portadores de la fuerza militar, porque Ibarra era comandante de las milicias fronterizas. El cabildo de Santiago, frente a los intentos de hegemonía de Araoz, llamó a Ibarra para que asuma la representación de esta élite que quiere ocupar el espacio que antes estaba relegado porque dependíamos de Tucumán. En la ciudad había sectores minoritarios que apoyaban a Aráoz pero también sectores urbanos que querían autonomía.
Hay que tener en cuenta que la organización de las provincias antecede a la organización de la nación. Va a ser posible la organización nacional gracias a esta Autonomía. A pesar de los intentos de mayo, del período revolucionario, de la década del diez.
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