Rosa Sosa tiene 53 años. Es la primera vez que concurre al santuario de Sumampa Viejo para participar de la celebración en honor a Nuestra Señora de la Consolación, y por tratarse ni más ni menos que de la coronación pontificia, quiso guardar en sus retinas cada detalle de este acontecimiento histórico, “único en su vida”. Por eso no dudó un instante en ganar el primer lugar en la fila de las sillas ubicadas frente al escenario, sin importar el calcinante sol que durante toda la jornada castigó a los miles de fieles devotos.
Apenas cubierta con un toalla, tratando de hacer sombra sobre su cabeza, la mujer se apostó en soledad en el sitio donde pocos se animaron, cuando la tarde todavía a pleno hacía acurrucar a la gente debajo de cada pedazo de sombra.
“Yo soy de Colonia Dora, y pertenezco a la comunidad de la capilla de San Antonio de Padua, y esto no me importa el calor ni el sol. Esto es fe”, sentencia la mujer, segura de que su sacrificio vale la pena.
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