Desde el 4 de febrero, el amplio patio de la familia está más silencioso que nunca. Los siete hermanos de entre 3 y 16 años perdieron la sonrisa y los juegos prácticamente quedaron en el olvido. Sus padres tienen miradas tristes y pasan los días tratando de seguir adelante con una pesada cruz. Sus dos hijas mayores, de 13 y 15 años, –ésta última embarazada- han sido víctimas de reiteradas violaciones a manos de un familiar directo, quizás de quien nunca hubiesen desconfiado.
Mariela Leguizamón y Belindo Juárez relataron ayer a EL LIBERAL el calvario que les toca vivir desde principios de febrero pasado, cuando descubrieron el infierno que sus hijos vivieron durante al menos seis meses, tiempo que el acusado, de 26 años, los había mantenido atemorizados con la amenaza de que mataría a toda la familia si revelaban sus permanentes abusos.
Según los padres, el hombre llegó a tomar al más chico, de apenas 3 años, y lo llevó a un monte cercano a la casa para amenazarlo con un hacha. Luego hizo lo mismo con la chica de 13 años para obligarla a entregarse a sus bajos instintos.
El muchacho, que ahora permanece detenido e imputado de abuso sexual con acceso carnal, habría sometido a las dos adolescentes en varias oportunidades, pero esto salió a la luz recién hace poco más de un mes, cuando dos de los hermanos más chicos, de 9 y 7 años, confesaron a la madre entre llantos lo que estaba sucediendo.
“Mi hijo de 9 años me dijo llorando: ‘Usted no sabe mamá lo que nosotros sufrimos porque Rito sale con la M… y a mí me ha dicho que me iba a largar vivo en el pozo de la vertiente (de unos 13 metros de profundidad) si hablaba’. También amenazó a la más chica, que la iba a matar si nos contaba lo que estaba pasando”, dijo la mujer.
Horrorizada, apenas terminó de escuchar a los niños acudió a la comisaría de Árraga. A los pocos días la hija mayor que en ese momento tenía 14 años fue sometida a un examen médico y se comprobó que ya tenía un embarazo de más de tres meses. “Cuando ella se enteró que esperaba un hijo tuvo una crisis de nervios. Cayó en la vereda de Sanidad Policial y después me pidió que le sacaran ‘eso’ que está creciendo en su panza”, dijo la madre.
“Eso”, así se refieren los padres cuando hablan del bebé por nacer. Es que es tanto el desprecio que sienten que no conciben afecto alguno por el fruto de la violación que sufrió su hija.
“Hagan lo que quieran con ‘eso’. No quiero que mi hija ni siquiera lo conozca”, agregó el padre, que en un principio reclamaba el aborto, pero ahora acepta la idea de esperar el nacimiento de la criatura, aunque de ninguna manera desea recibirla en su hogar.
“Mi hija me ha pedido que la dejen abortar. Ella me preguntó: ‘¿Mamá, qué me va a pasar? después de que nos enteramos que estaba embarazada. ‘Yo no quiero que eso se me críe en la panza, porque si eso me llega a pasar yo me voy a meter un cuchillo’, me dijo. Por ese motivo yo pedía que la dejaran abortar”, argumentó la madre.
Pero después de conocer la opinión de los médicos, quienes advirtieron del riesgo que existe para la adolescente dado el tiempo de gestación, asumieron que tendrán que aguardar que se cumplan los nueve meses para luego tomar una decisión final.
“Yo ya le he dicho al juez que el día que nazca ‘eso’ yo no me hago cargo. Mi hija es mi hija, pero para mí ‘eso’ no es un hijo”, remató la madre.
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| Los padres de la menor relataron ayer el drama que generaron, en el seno familiar, el abuso sexual y las intimidaciones que sufrieron sus hijos por parte de un pariente cercano. “Me voy a ocupar de que se pudra en la cárcel”, declaró la madre a EL LIBERAL. EL LIBERAL/Daniel Pérez |
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