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Colombia-Venezuela: una ruptura anunciada
Por Andrés Oppenheimer
Se supone que los periodistas no debemos bajarle el dramatismo a ninguna noticia, pero debo confesar que no me desvela la decisión de Venezuela de romper relaciones diplomáticas con Colombia, ni tampoco la amenaza del presidente venezolano Hugo Chávez de suspender las exportaciones de petróleo a Estados Unidos.
Pese a los grandes titulares sobre el conflicto colombiano-venezolano, diplomáticos latinoamericanos y estadounidenses me dicen en privado que la rencilla entre Chávez y el presidente colombiano saliente Álvaro Uribe probablemente se calme -al menos por un tiempo- cuando el presidente electo colombiano Juan Manuel Santos asuma su cargo el 7 de agosto.
Este último choque diplomático entre Venezuela y Colombia empezó la semana pasada, cuando el gobierno colombiano convocó a una sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA) para presentar videos, fotos y mapas acusando al gobierno venezolano de dar refugio en territorio venezolano a 1.500 guerrilleros colombianos, y exigir una investigación regional del caso.
Chávez, en lo que algunos críticos definen como una maniobra para desviar la atención de la presencia de guerrilleros colombianos en su país, inmediatamente rompió relaciones diplomáticas con Colombia, y alegó que Estados Unidos y Colombia están creando excusas para invadir Venezuela. También amenazó con reducir las exportaciones de petróleo venezolano a Estados Unidos, que representan el grueso de los ingresos externos de su país.
¿Qué motivó a Uribe a llevar el caso ante la OEA apenas dos semanas antes de dejar la presidencia?
Existen dos teorías: que lo hizo para atarle las manos a su sucesor y obligarlo a mantener la línea dura de Colombia en materia de seguridad, o lo hizo como parte de un acuerdo secreto con Santos para ahorrarle al nuevo presidente el problema de una confrontación directa con Chávez desde el principio mismo de su mandato.
La revista británica The Economist y muchos otros medios internacionales apoyan la primera teoría. “Uribe intenta socavar cualquier posible reconciliación de su sucesor con el gobierno de Venezuela”, afirma un titular de esa publicación.
Aunque Santos fue ministro de Defensa de Uribe y llevó a cabo las operaciones más audaces que emprendió Colombia contra la guerrilla, incluyendo el ataque a los campamentos de las guerrillas colombianas en Ecuador en 2008, en los círculos políticos colombianos circulan versiones de que los dos dirigentes se han distanciado últimamente.
Uribe, quien aún goza de altos índices de popularidad en Colombia, consideró hasta último momento la posibilidad de postularse para un tercer período presidencial, y Santos no fue su primera elección para la candidatura de su partido cuando los tribunales dispusieron que un tercer período presidencial sería inconstitucional.
Después de que Santos ganó las elecciones con un 69 por ciento de los votos, un porcentaje sin precedentes en el país, el presidente electo se sintió suficientemente fuerte como para anunciar la designación de ministros de Relaciones Exteriores y de Agricultura que no fueron del agrado de Uribe, según dicen políticos colombianos cercanos a los círculos del poder.
De acuerdo con la segunda teoría, el gobierno saliente llevó el caso a la OEA para hacerle el trabajo sucio a Santos, y evitarle tomar medidas conflictivas desde el principio de su gobierno.
Pero la mayoría de los diplomáticos extranjeros coinciden en que Santos encontrará la manera de desactivar la crisis una vez que asuma, aun cuando Venezuela siga negándose a permitir una investigación internacional de los campamentos guerrilleros colombianos.
Ambos países son mutuamente dependientes en el ámbito económico: Venezuela sufre de escasez de alimentos debido a sus desastrosas políticas económicas, y Colombia necesita mantener sus importantes exportaciones de alimentos a Venezuela.
“Para ambas partes hay motivos suficientes para resolver el conflicto”, dice un funcionario de alto rango del Departamento de Estado de Estados Unidos. “Entre los dos países hay una relación económica simbiótica”.
Mi opinión: esta última crisis diplomática pasará pronto, para volver a resurgir más tarde.
En 2008, Chávez amenazó con declararle la guerra a Colombia tras el ataque colombiano a los campamentos guerrilleros en Ecuador, y en 2009 Venezuela “congeló” las relaciones diplomáticas y comerciales con Colombia después de que Uribe autorizó a tropas estadounidenses el acceso a siete bases militares colombianas. Desde entonces, el comercio bilateral ha disminuido más del 70 %.
Una vez que Santos asuma la presidencia, lo más probable es que veamos una tregua, y quizás una reanudación gradual del comercio bilateral. Pero la luna de miel entre ambos mandatarios difícilmente será duradera.
Santos no se quedará con los brazos cruzados mientras Chávez tolere campamentos guerrilleros colombianos en su territorio, y Chávez necesitará seguir presentándose como víctima de un supuesto complot estadounidense-colombiano para justificar sus medidas cada vez más totalitarias en el plano interno. Es una película que ya hemos visto varias veces, y nada indica que alguien cambiará el libreto.


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