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| Llamativo silencio de dos de sus allegados |
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El día anterior a la tragedia, Walter Cancino y su mujer habían salido hacia Tucumán. Al llegar se alojaron en el séptimo piso del hotel. En esa provincia iban a encontrarse con Pablo Amín, María Marta y Luis Bader, quienes habían viajado en el mismo auto. En Tucumán también esperaban otros dos amigos: Juan Bratanich y su pareja.
Ese día, Pablo fue detenido por la policía en la puerta de la Iglesia Catedral, donde había entrado con María Marta pidiendo que los bautizaran. De la comisaría lo buscó Walter Cancino. Amín no le agradeció a su amigo que haya ido a sacarlo de la cárcel. Sólo le pidió productos Herbalife y les ofreció a los policías, que aún recuerdan con asombro la escena. Luego de una breve exposición, salió de la comisaría como si nada hubiese pasado.
Walter le insistió a Pablo que se quedara con ellos en el hotel. Pablo y María Marta accedieron. Juan Bratanich y su mujer decidieron acompañarlos. Al llegar, pidieron dos habitaciones en el séptimo piso, pero ya no quedaban más. Les ofrecieron dos habitaciones contiguas en el quinto piso, la 513 y 514.
El abogado querellante, Mario Leiva, señaló durante la instrucción judicial: “Bratanich y su mujer dijeron haber estado en la habitación de Cancino hasta cerca de las 2.15 del domingo 28 de octubre; luego, bajaron a su cuarto -contiguo al que ocupaban Amín y Arias- y se durmieron. Según los empleados del Catalina’s Park, descubrieron al hombre -quien gritaba y arrastraba el cuerpo de su esposa (ambos desnudos y ella sin vida, con sus ojos arrancados)- no más allá de las 2.30: en sus declaraciones policiales, uno fijó en las 2.25 la hora en que escuchó el ruido provocado por Amín, mientras que el otro dijo que todo pasó a las 2.30 de ese día”.
“Bratanich y su esposa -agregó- estuvieron en condiciones de escuchar algo cuando Amín sacaba a su mujer de la habitación. Además, él quiso forzar la puerta de entrada al lugar donde estaba ese matrimonio”, dijo Leiva. El profesional del Derecho añadió que había manchas de sangre en la pared y el picaporte había sido forzado, como si pretendieran empujar la puerta. “Es llamativo que no hayan escuchado nada cuando todo ocurrió minutos después de que se fueron a dormir”, se preguntó.
Los fiscales Marta Jerez de Rivadeneira y Daniel Marranzino, y el representante de la querella, Mario Leiva Haro, desistieron de los testimonios de los amigos de Pablo y María Marta durante el juicio oral. Si los abogados defensores toman la misma actitud, Juan Bratanich no deberá ratificar ante el tribunal que, pese a estar en la habitación contigua, no escuchó nada, de un homicidio que aún dos años después resuena en ese hotel. l
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