| PREMIADA - Publican novela de sanjuanino Rogelio Ramos Signes |
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| “Si bien el amor es el tema de casi todo lo que escribo, esta novela es la menos inmersa en el tema. Aquí el amor es un pretexto; un justificativo”, reveló el autor. |
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Por amor a Bulgaria no habla de amor
Creador de paisajes. En una extensa entrevista habla de su búsqueda de los paisajes humanos, los interiores, siguiendo los pasos de Ballard, Bioy Casares y Borges.
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El libro Por amor a Bulgaria, del escritor sanjuanino Rogelio Ramos Signes, que obtuvo el último Premio Municipal de Literatura de Córdoba Luis José de Tejeda, en la categoría de novela breve, acaba de aparecer en las librerías.
Los personajes de la nueva nouvelle de Ramos Signes, entre el relato fantástico y los cuentos de hadas, se mueven en un mundo inquietante, sin orillas, con contornos que borroneados por la niebla.
El escritor sanjuanino, afincado desde hace décadas en la provincia de Tucumán, dijo a Télam que “definitivamente”, el paisaje es el personaje central de su libro: “Del mismo modo que el personaje de mis novelas largas es el desierto, o una playa abandonada” lo es de su hasta hoy más festejada nouvelle: En los límites del aire”.
En este sentido, confiesa seguir los pasos de su escritor preferido, el británico J. G. Ballard: “Una de las cosas que aprendí de él es que el paisaje es lo que llevamos dentro, sea cual fuere el paisaje que nos rodea. O sea que, en pocas palabras, nosotros somos el paisaje”.
Aparte de Ballard, los autores que más influyeron en su narrativa y que considera “imprescindibles” son Adolfo Bioy Casares, Juan Marsé y Yasunari Kawabata: “Todo muy variado, muy caótico y muy nutritivo”.
Pero es con Ballard, insiste, con quien aprendió a “describir paisajes como una continuidad de los estados de ánimo; al modo de los románticos”.
La paradoja de Por amor a Bulgaria es que la palabra “amor” inscrita en el título, da pistas falsas sobre la temática del libro: “Si bien el amor es el tema de casi todo lo que escribo, esta novela es la menos inmersa en el tema, al menos en forma directa. Aquí el amor es un pretexto; un justificativo para algunos hechos que se desencadenan”.
Sobre el clima de cuento de hadas, con una bruja, una joven poseída por esa bruja y un muerto parlante, aclara que también de ese modo lo vio el jurado del premio -integrado por las narradoras Perla Suez, Angélica Gorodischer y Tununa Mercado.
Y agrega: “Sólo falta en el relato la inocencia de los cuentos de hadas. Pero incluso está el perverso mensaje, entre líneas, de aceptar que sin la acción execrable de los malos, no tendría sentido la presencia de los buenos. Aunque, en verdad, ¿son tan buenos los buenos?”.
Fronteras personales
Llama la atención la forma en que Ramos Signes construye un relato sugerente, de rica expresividad, con prescindencia de lo referencial, instalando su historia fuera del mundo: “Nunca terminé de entender en qué lugar del mundo vivo. Amo mi lugar, en él transcurren mi vida, alegrías y tragedias. Definitivamente es mi universo, pero, ¿significa algo para los demás? Sólo la imaginación nos acerca a esos paisajes interiores con todas las posibilidades de error”.
“Me parece que es mejor inventar un sitio y crear sus propios códigos, donde alegría y tristeza sean algo más que una complicidad entre el lector y el autor. Y aquí vuelvo a coincidir con Bioy Casares cuando asegura que hay que ser totalmente realista para escribir ficción”.
Un papel importante en su libro es lo no dicho, el aire de secreto, lo sugerido, lo silenciado, lo entrevisto y que Ramos Signes señala como el “campo de experimentación” donde deberá moverse el lector que entre en el juego.
“A mí me maravilla cuando alguien me hace algún comentario acerca de algo mío que leyó. Sus interpretaciones, por lo general, nada tienen que ver con lo que pretendí decir, pero esa lectura inteligente me hace sospechar que toqué alguna fibra, sensible o imaginativa de ese lector”, apunta.
Da la sensación de que el hablante de la novela hace las veces de lector, incluso con temor de quedar atrapado en la historia, dice: “Me espantó la idea de ingresar en una historia para la que no estaba preparado... Temí estar abriendo alguna puerta que ya nadie pudiera cerrar después”.
“Más que un efecto buscado -interviene Ramos Signes- es un recurso para anticiparle al lector que está por entrar en un espacio donde ya estuve, e ignoro si la experiencia fue buena. Tal vez se trata de esa distancia, de la que hablaba Borges, donde el escritor debe narrar desde el desconocimiento, el estupor y la ignorancia, para hacer más creíble la historia”.
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