"El crimen aparece como una reacción desesperada de quien se sintió acorralado"
El profesional anticipó que el homicida evidentemente presenta rasgos psicopáticos y trastornos de la personalidad. La presión social y mediática podrían haber precipitado la decisión criminal.
La aparición del cuerpo golpeado y sin vida de Candela Rodríguez en un lugar en cuyas inmediaciones hay un intenso movimiento de tránsito y personas llevó a sostener que en realidad no había interés en ocultarlo o que se trataba de una acción apresurada de sus captores para desligarse de la prueba que los inculparía irremediablemente.
Así lo interpretó uno de los psicólogos del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de Santiago del Estero, Lic. Hugo Ortiz.
En diálogo con EL LIBERAL, el profesional comentó: “Me llama la atención que no se haya tratado de ocultar el cuerpo de la nena, sino que por el contrario, haya aparecido en una bolsa en un lugar transitado; esto refleja la desesperación de los delincuentes por sacárselo de encima”. En esa línea de razonamiento, agregó que “estos indicios me dan la pauta de alguien con no mucha capacidad de imaginación y planificación, en una muerte no pensada, sino que por una cuestión de presión social lo llevó a tomar esa decisión”.
En ese marco, el haber dejado la bolsa con el cadáver de la menor parece una reacción más impulsiva, pues todos los medios seguían a diario el caso y cada vez más policías bonaerenses estaban afectados a su búsqueda. Luego, opinó que “iba a ser un milagro que apareciera un arrepentido y que la liberase cuando ya habían pasado tantos días. Si hubiera sido un secuestro extorsivo, se iba a realizar un contacto más fluido y preciso” con los familiares de la niña de 11 años.
El perfil psicológico
“Quien comete un delito de esta naturaleza evidentemente padece un trastorno de la personalidad, más allá de que fuera una venganza, un secuestro extorsivo o de una violación”, aseveró Ortiz.
“Este tipo de patologías mentales uno las puede ver en el simple contacto con el afectado, pero que en su mente y en su estructura de personalidad tienen rasgos psicopáticos. Esto se entiende como quienes tienen una doble personalidad”, detalló.
El entrevistado continuó con su análisis así: “Son personas que socialmente se pueden adaptar y son quienes trabajan normalmente, tienen familia, por un lado, pero por otro, pueden ser capaces de cometer delitos de esta naturaleza”.
Para cerrar esta idea, esbozó que “cuando se descubra qué persona cometió el crimen y se le haga una pericia psicológica o psiquiátrica se va a descubrir que tiene una conducta antisocial”.
Patrón no convencional
Más adelante, Ortiz sostuvo que “no hay homicidios emocionales donde estén involucrados chicos, salvo aquellos que se dan dentro de un contexto familiar en crisis, en el que una persona ha reaccionado de una manera impulsiva, que no tiene una personalidad homicida, sino que se han visto desbordados por las circunstancias”.
“En cambio –agregó- en un caso como este, tiene que haber una conducta y una personalidad enferma, seguramente con un fuerte rasgo psicopático”.
Al avanzar en su evaluación de lo que puede haber sucedido, a partir de los primeros datos que se conocían a través de los medios porteños, el psicólogo forense apuntó: “Si se tratase de un caso de venganza, no es común que un niño se convierta en el destinatario de ella, sino que ya estaríamos hablando de algún tipo de organización mafiosa o delictiva más estructurada, como la del narcotráfico”.
Por esa razón, es que “un secuestrador tiene una personalidad más estable y fría, que no se condice con lo que habría pasado en este caso”.