Gabriel Corrado apuesta al amor para toda la vida
Tiene más de 20 años como actor y también más de 20 de matrimonio. En su regreso a la televisión argentina cosechó grandes éxitos en la telenovela Malparida, de Canal 13, pero también le fue bien calzándose el traje de conductor en El referí del matrimonio.
Condujo uno de los programas más entretenidos y de mayor rating de la siesta de Telefé, que llega a Santiago del Estero por Canal 7: El referí del matrimonio. Lo respaldaban no sólo sus más de 20 años de carrera en el mundo del espectáculo, sino también sus más de 20 años de matrimonio con Constanza Feraud. Gabriel Corrado habló sobre su pasión por el trabajo y la predilección por su familia.
¿Con qué soñabas de chico?
Mi gran sueño era formar una familia. Tengo una educación muy italiana y la familia siempre fue lo primero. Esto parece una frase de Marlon Brando en El Padrino, pero no, para mí siempre fue una prioridad: desde muy chico soñé con casarme y tener hijos.
También soñaba con trabajar como actor. De hecho, me acuerdo estar mirando televisión con mi madre, una novela que se llamaba Rolando Rivas, taxista, y haberle dicho a mi vieja que algún día iba a estar allí.
¿Y cómo se fue manifestando ese perfil de actor?
El colegio adonde iba tenía una inclinación muy artística e lo que tenía que ver con la actuación y la música. Durante la primaria me encantaba actuar y participaba en todos los actos del colegio. Además me gustaba mucho jugar a disfrazarme con mis hermanos, y con mis amigos, nos vestíamos de Batman, de cowboys. Si lo pensás, la traducción de “actuar” en ingles (play) y francés (jouer) es jugar. Claro que también me gustaba curar animales, y pensé que podía llegar a ser veterinario, y también médico.
De hecho, entraste a la Facultad de Medicina…
Si, cuando terminé el colegio entré a la Facultad de Medicina, sobre todo por una cuestión social. Estudié dos años, pero me di cuenta de que lo que profundamente me gustaba era actuar.
¿Cómo se fueron dando las cosas una vez abocado al teatro?
Me formé como actor y con mis compañeros de teatro armamos un grupo para irnos de gira por distintos lugares del interior del país. La primera gira fue por teatros de Córdoba, donde había un público que pagaba su entrada. Tenía 21 años.
Estuviste con dos programas en los canales más vistos de la televisión argentina, ¿cómo te sentiste?
Me siento feliz de haber formado una familia y también de poder vivir, desde hace muchos años, de lo que me gusta. Esto último parece poco pero es mucho, porque a veces uno no sabe lo que quiere.
Tu vida familiar ha ido creciendo a la par de tu vida profesional. ¿Cómo se entrecruzan estos dos mundos?
Mi trabajo es una pasión, la actuación es una pasión. Pero muchas veces he tenido que decir que no porque si no, cuándo estoy con mis hijos y con mi mujer. Si de las 24 horas del día, 18 estás trabajando, es muy difícil tener un rato para estar con tu familia. Siempre, dentro de las posibilidades, intenté priorizar a mi familia. Y cuando tuve que viajar al exterior por trabajo, salvo que fuera por muy poco tiempo, nos fuimos todos juntos. En eso, Constanza, mi mujer, siempre me ayudó mucho y se sumó a la aventura de vivir en otro país. Y resultó muy enriquecedor, tanto para el matrimonio como para la familia entera.
Tras largas jornadas de trabajo, ¿cómo te reencontrás con tu familia?
Normal, como cualquier familia. Mis hijos, van al colegio y a la facultad, y siempre comemos a la noche juntos. Soy un padre presente a pesar de mi trabajo y mis ocupaciones. Los fines de semana estamos juntos, más allá de que ellos también tienen sus actividades.
¿Y las vacaciones, cómo les gusta pasarlas?
En verano tenemos un momento en el que nos vamos todos juntos, y después quizá los más grandes hacen algún otro tipo de programa con sus amigos. También nos hemos ido a esquiar todos juntos, o de vacaciones a otro país. Allí como yo digo, no hay “invasores”, estamos nosotros solos y la pasamos bárbaro. Hace un par de años nos fuimos a esquiar y yo propuse ir en auto. Al principio me odiaron un poco, pero la pasamos todo muy bien.
¿Y cómo son los tiempos del matrimonio? ¿Les parece importante invertir tiempo en ustedes?
No somos de viajar mucho solos porque siempre priorizamos el hecho de salir en familia, pero sí salimos a comer solos y tenemos un momento en el día, a la noche, donde nos tomamos una copita de vino y nos contamos lo que hicimos. Comunicarnos nos hace muy bien, hablar es clave en una familia, en una pareja. Es necesario saber qué le está pasando al otro para que uno no vaya por un lado, y otro por el otro, estar en sintonía.
Te he escuchado decir que el buen humor y la creatividad son caballos de batalla a la hora de enfrentar una crisis matrimonial. ¿Qué otras armas o tácticas se te ocurren para sortear momentos adversos?
Hablar y saber qué le pasa al otro es muy importante, no suponer, no dar por entendido. Me parece que una pareja debe crecer de forma conjunta y si no uno tiene que tratar de ayudar al otro. Tanto el hombre a la mujer, como la mujer al hombre. Y entregarse, ceder… sentir que está muy bien aprender, a cualquier edad, en cualquier circunstancia. Pero éstas no son recetas porque en esto no hay recetas. Lo del sentir del humor me parece clave. No como una pose sino tratar de divertirse con la otra persona. Para que sea una comedia romántica y no un drama, para que la vida de uno también sea una vida de película. El matrimonio necesita cierta magia, no hay que perder el romanticismo.
Estuviste al frente de la conducción de un programa de matrimonios, ¿qué cosas te llamaron la atención de los problemas que llevaban las parejas al ciclo?
Gente que está todo el día en internet o con el móvil, y esto trae problemas que antes no existían y me sorprenden. En esos casos, te das cuenta de que la máquina está dominando al hombre. Si uno no se da cuenta, puede ser una madre o un padre presente, pero en vez de estar compartiendo tiempo con un ellos jugando, conversando, está metido en la computadora. Y eso no está bien. Si estás trabajando, bien, pero llega un momento en el que tenés que poner un límite porque sino eso te aísla absolutamente y no te enterás de lo que pe pasa a tu mujer y a tus hijos.
¿Cuál es el mejor consejo que te han dado en relación con lo familiar?
Más que un consejo es la educación que me han dado mis padres. Ellos han hecho que yo deseara formar la familia que hoy tengo. Hay muchas cosas que se dicen y otras que no, pero uno las tiene como selladas en su código genético.
¿A quién agradecés hoy en día todo lo que has conseguido y tenés?
Agradezco a Dios, creo que te ilumina de alguna manera el camino, agradezco a mis padres por la educación que me han dado, y a mi mujer que es fundamental en esto que hemos construido juntos. En lo profesional, agradezco un montón agente que me ha ayudado. A mucha gente que a lo largo de esta carrera me ha enseñado, ha creído en mí, me ha dado trabajo. Y al público, que es quien te sube o baja el pulgar. El público conmigo es muy cariñoso. (Fuente: Revista Familias de Hoy).
¿Con qué soñabas de chico?
Mi gran sueño era formar una familia. Tengo una educación muy italiana y la familia siempre fue lo primero. Esto parece una frase de Marlon Brando en El Padrino, pero no, para mí siempre fue una prioridad: desde muy chico soñé con casarme y tener hijos.
También soñaba con trabajar como actor. De hecho, me acuerdo estar mirando televisión con mi madre, una novela que se llamaba Rolando Rivas, taxista, y haberle dicho a mi vieja que algún día iba a estar allí.
¿Y cómo se fue manifestando ese perfil de actor?
El colegio adonde iba tenía una inclinación muy artística e lo que tenía que ver con la actuación y la música. Durante la primaria me encantaba actuar y participaba en todos los actos del colegio. Además me gustaba mucho jugar a disfrazarme con mis hermanos, y con mis amigos, nos vestíamos de Batman, de cowboys. Si lo pensás, la traducción de “actuar” en ingles (play) y francés (jouer) es jugar. Claro que también me gustaba curar animales, y pensé que podía llegar a ser veterinario, y también médico.
De hecho, entraste a la Facultad de Medicina…
Si, cuando terminé el colegio entré a la Facultad de Medicina, sobre todo por una cuestión social. Estudié dos años, pero me di cuenta de que lo que profundamente me gustaba era actuar.
¿Cómo se fueron dando las cosas una vez abocado al teatro?
Me formé como actor y con mis compañeros de teatro armamos un grupo para irnos de gira por distintos lugares del interior del país. La primera gira fue por teatros de Córdoba, donde había un público que pagaba su entrada. Tenía 21 años.
Estuviste con dos programas en los canales más vistos de la televisión argentina, ¿cómo te sentiste?
Me siento feliz de haber formado una familia y también de poder vivir, desde hace muchos años, de lo que me gusta. Esto último parece poco pero es mucho, porque a veces uno no sabe lo que quiere.
Tu vida familiar ha ido creciendo a la par de tu vida profesional. ¿Cómo se entrecruzan estos dos mundos?
Mi trabajo es una pasión, la actuación es una pasión. Pero muchas veces he tenido que decir que no porque si no, cuándo estoy con mis hijos y con mi mujer. Si de las 24 horas del día, 18 estás trabajando, es muy difícil tener un rato para estar con tu familia. Siempre, dentro de las posibilidades, intenté priorizar a mi familia. Y cuando tuve que viajar al exterior por trabajo, salvo que fuera por muy poco tiempo, nos fuimos todos juntos. En eso, Constanza, mi mujer, siempre me ayudó mucho y se sumó a la aventura de vivir en otro país. Y resultó muy enriquecedor, tanto para el matrimonio como para la familia entera.
Tras largas jornadas de trabajo, ¿cómo te reencontrás con tu familia?
Normal, como cualquier familia. Mis hijos, van al colegio y a la facultad, y siempre comemos a la noche juntos. Soy un padre presente a pesar de mi trabajo y mis ocupaciones. Los fines de semana estamos juntos, más allá de que ellos también tienen sus actividades.
¿Y las vacaciones, cómo les gusta pasarlas?
En verano tenemos un momento en el que nos vamos todos juntos, y después quizá los más grandes hacen algún otro tipo de programa con sus amigos. También nos hemos ido a esquiar todos juntos, o de vacaciones a otro país. Allí como yo digo, no hay “invasores”, estamos nosotros solos y la pasamos bárbaro. Hace un par de años nos fuimos a esquiar y yo propuse ir en auto. Al principio me odiaron un poco, pero la pasamos todo muy bien.
¿Y cómo son los tiempos del matrimonio? ¿Les parece importante invertir tiempo en ustedes?
No somos de viajar mucho solos porque siempre priorizamos el hecho de salir en familia, pero sí salimos a comer solos y tenemos un momento en el día, a la noche, donde nos tomamos una copita de vino y nos contamos lo que hicimos. Comunicarnos nos hace muy bien, hablar es clave en una familia, en una pareja. Es necesario saber qué le está pasando al otro para que uno no vaya por un lado, y otro por el otro, estar en sintonía.
Te he escuchado decir que el buen humor y la creatividad son caballos de batalla a la hora de enfrentar una crisis matrimonial. ¿Qué otras armas o tácticas se te ocurren para sortear momentos adversos?
Hablar y saber qué le pasa al otro es muy importante, no suponer, no dar por entendido. Me parece que una pareja debe crecer de forma conjunta y si no uno tiene que tratar de ayudar al otro. Tanto el hombre a la mujer, como la mujer al hombre. Y entregarse, ceder… sentir que está muy bien aprender, a cualquier edad, en cualquier circunstancia. Pero éstas no son recetas porque en esto no hay recetas. Lo del sentir del humor me parece clave. No como una pose sino tratar de divertirse con la otra persona. Para que sea una comedia romántica y no un drama, para que la vida de uno también sea una vida de película. El matrimonio necesita cierta magia, no hay que perder el romanticismo.
Estuviste al frente de la conducción de un programa de matrimonios, ¿qué cosas te llamaron la atención de los problemas que llevaban las parejas al ciclo?
Gente que está todo el día en internet o con el móvil, y esto trae problemas que antes no existían y me sorprenden. En esos casos, te das cuenta de que la máquina está dominando al hombre. Si uno no se da cuenta, puede ser una madre o un padre presente, pero en vez de estar compartiendo tiempo con un ellos jugando, conversando, está metido en la computadora. Y eso no está bien. Si estás trabajando, bien, pero llega un momento en el que tenés que poner un límite porque sino eso te aísla absolutamente y no te enterás de lo que pe pasa a tu mujer y a tus hijos.
¿Cuál es el mejor consejo que te han dado en relación con lo familiar?
Más que un consejo es la educación que me han dado mis padres. Ellos han hecho que yo deseara formar la familia que hoy tengo. Hay muchas cosas que se dicen y otras que no, pero uno las tiene como selladas en su código genético.
¿A quién agradecés hoy en día todo lo que has conseguido y tenés?
Agradezco a Dios, creo que te ilumina de alguna manera el camino, agradezco a mis padres por la educación que me han dado, y a mi mujer que es fundamental en esto que hemos construido juntos. En lo profesional, agradezco un montón agente que me ha ayudado. A mucha gente que a lo largo de esta carrera me ha enseñado, ha creído en mí, me ha dado trabajo. Y al público, que es quien te sube o baja el pulgar. El público conmigo es muy cariñoso. (Fuente: Revista Familias de Hoy).