Batalla campal entre hinchas locales y la policía complica el campeonato "Gaucho"
Güemes ganaba 2 a 1 a Unión Santiago en la final de la LSF, cuando la parcialidad local ingresó al campo de juego a 2 minutos para el cierre, y “saqueó” a sus jugadores. Hubo un salvaje enfrentamiento dentro y fuera del estadio. El defensor de Güemes Eduardo Brandán (foto arriba) fue impactado por una bala de goma a centímetros del ojo derecho. Varios niños se desmayaron por los gases lacrimógenos. El Trico reclama los tres puntos. La definición del torneo se conocerá en las próximas horas tras el informe del árbitro.
La segunda final entre Güemes y Unión Santiago, que se suspendió a los 43 minutos del segundo tiempo cuando el Gaucho se imponía por 2 a 1, dio rienda suelta a la violencia, que trajo aparejada escenas de pánico, caos y horror en la noche de La Isla.
Una vez más, lo deportivo quedó como aspecto secundario por obra y gracia de la violencia. Desgarradoras fueron algunas escenas que se vivieron: mujeres y niños llorando, corriendo desesperadamente en búsqueda de un lugar seguro para resguardar su integridad física; represión feroz de la policía hacia las hinchadas que también descargaron su ira contra los uniformados.
La expectativa que generó la finalísima, que congregó a más de 8.000 almas en el “Jiya” Miranda, se vio reflejada en las largas colas que se formaron en las boleterías. Y fue allí donde se produjeron los primeros roces entre policías e hinchas.
Durante el partido, y pese a las numerosas advertencias de la voz del estadio, la parcialidad gaucha utilizó mucha pirotecnia. Esto derivó en que el partido se interrumpiera cuando ardieron algunos papelitos y por poco no se incendia una bandera que estaba sobre el alambrado de la tribuna que da espaldas a calle Islas Malvinas.
Pero el primer momento de tensión se vivió promediando el complemento: la hinchada visitante, separada apenas por un alambrado de la platea local, comenzó a arrojar proyectiles. La policía ingresó a la tribuna del Trico y, recién en ese momento, pretendió formar un “pulmón” para separarlos de la platea. Allí se produjo una fuerte gresca entre los uniformados y los adeptos del Trico, que siguió afuera del estadio.
El partido se reanudó y, con el gol de Contreras, se produjo la invasión del público local. La policía, incapaz de impedirla, se vio obligada a reprimir. Lo hizo con vehemencia y los enardecidos hinchas gauchos respondieron con cualquier proyectil que tuvieron a mano. El resultado fue una verdadera batalla campal que dejó como saldo varios heridos de bala, uno de ellos un jugador de Güemes (ver nota aparte), y numerosas personas, sobre todo niños, afectados por los gases lacrimógenos.l
Una vez más, lo deportivo quedó como aspecto secundario por obra y gracia de la violencia. Desgarradoras fueron algunas escenas que se vivieron: mujeres y niños llorando, corriendo desesperadamente en búsqueda de un lugar seguro para resguardar su integridad física; represión feroz de la policía hacia las hinchadas que también descargaron su ira contra los uniformados.
La expectativa que generó la finalísima, que congregó a más de 8.000 almas en el “Jiya” Miranda, se vio reflejada en las largas colas que se formaron en las boleterías. Y fue allí donde se produjeron los primeros roces entre policías e hinchas.
Durante el partido, y pese a las numerosas advertencias de la voz del estadio, la parcialidad gaucha utilizó mucha pirotecnia. Esto derivó en que el partido se interrumpiera cuando ardieron algunos papelitos y por poco no se incendia una bandera que estaba sobre el alambrado de la tribuna que da espaldas a calle Islas Malvinas.
Pero el primer momento de tensión se vivió promediando el complemento: la hinchada visitante, separada apenas por un alambrado de la platea local, comenzó a arrojar proyectiles. La policía ingresó a la tribuna del Trico y, recién en ese momento, pretendió formar un “pulmón” para separarlos de la platea. Allí se produjo una fuerte gresca entre los uniformados y los adeptos del Trico, que siguió afuera del estadio.
El partido se reanudó y, con el gol de Contreras, se produjo la invasión del público local. La policía, incapaz de impedirla, se vio obligada a reprimir. Lo hizo con vehemencia y los enardecidos hinchas gauchos respondieron con cualquier proyectil que tuvieron a mano. El resultado fue una verdadera batalla campal que dejó como saldo varios heridos de bala, uno de ellos un jugador de Güemes (ver nota aparte), y numerosas personas, sobre todo niños, afectados por los gases lacrimógenos.l