"La gorda le cortaba el brazo y el negro también la cortajeaba"
"La gorda sucia me agarró y me empezó a pegar. Dejala, dejala, dejala, les gritaba a todos. La gorda me agarraba de la cabeza. El p… de la remera marrón me agarraba del brazo. Me agarraron entre los tres. H… de p… les gritaba. Ella (Leda) estaba agachada. Yo tenía un dolor enorme. La levantaron como un perro: agarrala y metela en el monte gritaba la gorda. Que se c… la h…. de p….
El otro la lastimaba con el cuchillo a la Fabiana. Se sintió como que mataban a un perro. La mató ese negro (Brandán) y la lastimó toda entera. Le pegué una patada en la pierna”.
-¿Para qué los habías buscado o llamado vos?, interrogó el policía. “Yo no sabía que la iban a lastimar. Yo les pedí que la hagan volver conmigo. Eso es todo. Ellos me mintieron.
Dijeron que era para hacerle curanderismo. Antes, a mí me hicieron una cosa rara con un vaso con líquidos, creo que sangre, maices y hojas de acero. Me tuvieron descalzo.
Me decían que debía curarme para que me dejen de hacer daño. Decían que por su madre (de Leda) estás seco y flaco.
Vean, yo no llevaba ni siquiera $ 15 a casa; no tengo nada para darles de comer a mis hijas.
Allá (Robles), la gorda le cortaba el brazo, la descuartizaba y el negro también empezó a cortajearla. Ella, creo, ya no se quejaba más por lo que le habían puesto con las jeringas. Después, el negro tiró el cuchillo para el monte”.
-¿Para qué te pidieron que vos compres anestesia?, pregunta el investigador. “No compré nada porque estuve con la Fabiana en La Banda”.
Ya de regreso, “todos los vidrios del auto estaban cerrados. Decían vamos a quemar todo. Luego, seguí trabajando. Pero por radio me llamaron a una estación de servicios. No sabía qué hacer. La gorda siempre dice vamos a quemar; sólo sabe quemar y nafta, quemar y nafta. Luego, fui a trabajar nomás. Mi intención era volver (para Robles), pero empecé a sentir sirenas y no me fui”.
El otro la lastimaba con el cuchillo a la Fabiana. Se sintió como que mataban a un perro. La mató ese negro (Brandán) y la lastimó toda entera. Le pegué una patada en la pierna”.
-¿Para qué los habías buscado o llamado vos?, interrogó el policía. “Yo no sabía que la iban a lastimar. Yo les pedí que la hagan volver conmigo. Eso es todo. Ellos me mintieron.
Dijeron que era para hacerle curanderismo. Antes, a mí me hicieron una cosa rara con un vaso con líquidos, creo que sangre, maices y hojas de acero. Me tuvieron descalzo.
Me decían que debía curarme para que me dejen de hacer daño. Decían que por su madre (de Leda) estás seco y flaco.
Vean, yo no llevaba ni siquiera $ 15 a casa; no tengo nada para darles de comer a mis hijas.
Allá (Robles), la gorda le cortaba el brazo, la descuartizaba y el negro también empezó a cortajearla. Ella, creo, ya no se quejaba más por lo que le habían puesto con las jeringas. Después, el negro tiró el cuchillo para el monte”.
-¿Para qué te pidieron que vos compres anestesia?, pregunta el investigador. “No compré nada porque estuve con la Fabiana en La Banda”.
Ya de regreso, “todos los vidrios del auto estaban cerrados. Decían vamos a quemar todo. Luego, seguí trabajando. Pero por radio me llamaron a una estación de servicios. No sabía qué hacer. La gorda siempre dice vamos a quemar; sólo sabe quemar y nafta, quemar y nafta. Luego, fui a trabajar nomás. Mi intención era volver (para Robles), pero empecé a sentir sirenas y no me fui”.