OPINIÓN

En menos de 5 años ya son 59 las mujeres asesinadas sólo por el hecho de ser mujeres

Por Cecilia Canevari
Indes FHCSyS (Unse)

Cuando se analizan los números de los femicidios debemos considerar que ellos de algún modo son la síntesis de un gravísimo problema, son la punta del iceberg que nos muestra la dimensión de un fenómeno oculto en los hogares, pero sobre todo debemos recordar que cada una de las frías cifras representa en sí misma la vida de una persona, una mujer, una joven, a veces una madre que se encontró con la muerte de una manera injusta y precoz. Una muerte que se hubiera podido evitar. Sueños, proyectos, afectos truncados. Hijos, hijas, padres, hermanos.
En Santiago del Estero han muerto desde enero del 2008 hasta hoy 59 mujeres asesinadas por el hecho de ser mujeres. Como no se cuenta con registros oficiales, estos datos han sido construidos sobre la base de un trabajo que lleva adelante la ONG La Casa del Encuentro de Buenos Aires y las propias indagaciones en los periódicos locales. Con el seguimiento de éstos y otros números, podemos afirmar que hay un crecimiento de este fenómeno en el país y también en nuestra provincia. Pero dentro del escenario nacional y calculando una tasa que relaciona el número de mujeres asesinadas con el total de habitantes, se observa que Santiago para el año 2010 y 2011 triplica la media nacional. O sea que si la media es de 0,6 mujeres asesinadas por cien mil habitantes, Santiago revela la vergonzosa tasa de 1,9.
Mas del 60% de estas mujeres murieron asesinadas por su pareja o expareja, y del resto la enorme mayoría por su padre, padrastro, yerno, ex yerno, hermano, tío y hasta un bisabuelo. Los victimarios fueron varones, con excepción de dos casos. El promedio de edad es de 29 años y la gran mayoría se concentra en la edad reproductiva entre los 20 y 40 años.
Analizando la información disponible respecto al lugar de procedencia de las mujeres se puede observar la importancia que tienen los casos en el interior de la provincia. Aún cuando las ciudades Capital y La Banda tengan la mayor concentración de habitantes de la provincia, aportan en términos relativos el 28% de los femicidios. Otra información de relevancia es la importancia de estos hechos en las poblaciones rurales (menos de 2000 habitantes según Indec). Del total de los casos un 44% proviene de pequeñas comunidades y el 66% de las ciudades.
Luego un dato que es más que preocupante es que durante este año, las mujeres que han muerto de modo violento han dejado 26 hijos e hijas huérfanos/as. Un futuro incierto y doloroso para estos niños, niñas y jóvenes.
¿Qué reflejan estos números? Que estamos frente a una emergencia. Y como en toda situación de emergencia es necesario que todas las personas e instituciones de nuestra sociedad podamos articular los esfuerzos para reflexionar sobre el fenómeno y actuar en consecuencia. El compromiso decidido del Estado con sus tres poderes con la asignación de recursos y la jerarquización de sus instituciones dedicadas al tema, es fundamental.
Nos encontramos frente a una crisis que produjo transformaciones en los papeles y lugares sociales de varones y mujeres. Los varones se sienten amenazados en su masculinidad frente a la libertad de las mujeres. Ellos han sido educados como reyes, potentes, proveedores y jefes del hogar. Esto se expresa en una necesidad de control y ejercicio del poder, que ubica a las mujeres en condición de objeto, y que se contrapone con sus derechos. Las estructuras patriarcales están siendo cuestionadas y la respuesta es violenta. Un modelo se ha quebrado y tenemos que pensar nuevos modos de relación más amables y más respetuosos de las libertades.
Las mujeres víctimas de violencia se encuentran aisladas. Y es este aislamiento, muchas veces el que le permite al victimario ejercer su abuso de poder. Entonces otro camino es la construcción y reconstrucción de las redes sociales de contención y cuidado. Los mensajes mediáticos apuntan a alertarnos por la inseguridad y cerramos nuestras puertas, pero la amenaza está dentro del hogar. Si abrimos los hogares y dejamos de lado aquel mensaje del “No te metás”, posiblemente estemos haciendo un aporte para salir de esta emergencia. l
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