Los reclutas de granaderos a caballo
Corrientes no es ajena a los pedidos de San Marín y dejando de lado egoísmos y cuestiones política, el Teniente Gobernador Toribio de Luzuriaga envía a un grupo de 78 hombres con destino Buenos Aires para incorporarse al regimiento; entre ellos viajaba Juan Bautista Cabral. Luego de una serie de peripecias y algunas fugas de los que venían, 56 bravos correntinos se presentaron en El Retiro que fueron incorporados a la primera compañía del Iº Escuadrón. Corrientes aportó lo suyo antes del combate de San Lorenzo… y Cabral estaba entre ellos.
También llegaron reclutas de La Rioja y Córdoba pero el gran aporte vendría desde la Punta de San Luis. San Luis organiza a sus hombres y desde todos los rincones de la provincia se presentan en las dependencias asignadas. Valga un dato: para diciembre de 1812, de los 476 granaderos que conformaban en esos momentos el regimiento, 204 eran de la Punta de San Luis. Por esto, San Luis estaba orgullosa de sus granaderos y aún hoy se erige, sin que nadie pueda discutirla, como la provincia sanmartiniana por excelencia. Y bien merecido tiene ese honor.
Debemos aclarar algo importante. En cuanta historia sanmartiniana podemos leer que la base del regimiento fueron 300 guaraníes; lo leemos en el Santo de la Espada de Ricardo Rojas. Pero la realidad es que nunca llegaron esos 300 guaraníes. Problemas de las comunicaciones de aquella época. temas económicos que hicieron que el deseo de San Marín no pudiera cumplirse.
Ya no existían obstáculos para encontrar reclutas, día a día se presentaban nuevos aspirantes a granaderos. Pero algo había cambiado. El regimiento avanzaba a pasos agigantados. Ya había orgullo por ser granadero. San Martín obtuvo de cado uno de ellos que fuera capaz de actuar por sí solo o en conjunto. Formó a cada oficial y a cada soldado. Aprovechó las virtudes innatas del criollo y las moldeó bajo las estrictas normas de los viejos y legendarios Tercios Españoles, rígidas, austeras y señoriales. Por eso, a pesar que ya muchos se presentaban a las puertas de El Retiro…, no era fácil ser granadero!!!
Pudo además elegir a nuevos cadetes para la Academia de Oficiales y eligió a 30 nuevos cadetes. El dato importante es que de la oficialidad salida de la Academia sanmartiniana, estuvieron los mejores oficiales de los ejércitos de la independencia. El Regimiento de Granaderos dio al país 16 generales, 60 coroneles y más de 250 altos oficiales al cual más y mejor preparado.
El Regimiento no tenía problemas para conseguir reclutas pero necesitaba muchos, muchos elementos que eran imprescindibles para la formación de cada granadero. El Gobierno ponía lo mejor de sí pero no alanzaba. Entonces recurrieron al pueblo. Se les pidió armas, caballos, dinero y todo lo que pudieran donar. Increíblemente, los ciudadanos, encariñados con el Regimiento no les fallaron a los granaderos. Entre setiembre y noviembre de 1812, se recaudaron $ 850.- , se recibieron 250 caballos y 10 sables corvos. El Buenos Aires colonial decía presente al que ya sentían como su regimiento.
SAN LORENZO: BAUTISMO DE FUEGO
La situación en el Río de la Plata no era la mejor. Belgrano había dado un poco de respiro con la victoria en Tucumán pero la amenaza acecha implacable, frente a Buenos Aires. En Montevideo, cuna del poder español en el Plata, una gran artillería, 3.000 soldados veteranos y 2.000 milicianos eran la fuerza estable sumada a una poderosa flota con tripulantes todos veteranos. Buenos Aires estaba casi merced de ellos. La flota navegaba con total impunidad sobre el Paraná y el Uruguay asolando sus costas y bien podría bombardear Buenos Aires cuando ellos quisieran. El Triunvirato, el ejecutivo que siguió a la Junta de Mayo, ordenó a San Marín Jefe para la Defensa de Buenos Aires y los granaderos tienen ya primera misión de guerra: patrullar la costa desde San Fernando a San Nicolás.
Para la semana de enero de 1813, un escuadrón de 200 granaderos al mando del Capitán Bermúdez secundado por los jóvenes oficiales Fernández de Castro, Necochea e Hidalgo, se encontraban diseminados entre Buenos Aires y las costas de Santa Fe.
Montevideo estaba atravesando una situación desesperante. La falta de víveres debido al sitio que las fuerzas patrióticas le habían impuesto, a la recalcitrante, torva, terca, estructura de poder que entre españoles y criollos realistas de Montevideo o los que fugados, encontraron en esa plaza un lugar donde refugiarse de una Revolución que ya no los contenía política, económica y socialmente.
Por lo tanto era imperioso que tras un largo tiempo de sitio militar encontrar alimento para la población de Montevideo. Se sumaban dos cosas: por un lado el hambre y por el otro 6000 soldados realistas con larga destreza naval dispuestos a cualquier cosa.
La Guerra Naval: El Saqueo
Tomada la isla Martín García,- en poder realista-, se preparó una fuerza para asaltar las costas del Paraná en busca de todo aquello que pudiera salvar la precaria situación. En la Isla estaba acantonado el Regimiento de Voluntarios de Montevideo al mando del Capitán de artillería Juan Antonio de Zabala (también aparece en varios reportes como Juan Antonio Sabala). El Capitán General del Río de la Plata, Gaspar de Vigodet, estaba dispuesto a conseguir alimentos y ganado a cualquier costo. Se armo una flotilla de 16 barcos al mando del corsario oriental Rafael Ruiz, profundo conocedor de los ríos mesopotámicos, para que embarque a los 250 hombres de Zabala en Martín García y remonte el Paraná en busca de todo lo pudieran conseguir. Un patriota, Alejandro Rodríguez, logró fugarse de la isla en momentos que se estaban embarcando los soldados realistas y pudo informar a los granaderos que estaban en San Fernando sobre la novedad de la flota española.
El 28 de enero de 1813, llegan a El Retiro las órdenes de marcha para los granaderos. La misión: Frenar cualquier intento realista de desembarco y dar batalla si se lo estimaba conveniente. Es en este momento donde resalta las virtudes militares de San Martín. No saldrá con todo el regimiento. Tenía confianza en sus hombres y seleccionó a 110 granaderos de los Escuadrones Iº y 2º. El capitán Matías Zapiola se quedaría a cargo del resto de los escuadrones más los reclutas del recién creado 3º Escuadrón. Había que darse prisa…
A las 21,00 hs del 28 de enero, con el sigilo de la noche, salen los granaderos con San Martín a la cabeza. Tras él, un selecto cuerpo de oficiales: el Capitán Justo Bermúdez, los Tenientes Hipólito Bouchard, Manuel Díaz Vélez, Mariano Necochea, los alféreces Mariano de Escalada y José Fernández de Castro y el portaestandarte Ángel Pacheco y 110 granaderos. A las afueras de la ciudad se le une el Teniente Coronel Juan Bautista Morón con 100 hombres del Regimiento de Infantería Nº 2. Esto retrasó la marcha de los granaderos y más cuando al llegar a Santos Lugares no estaban preparadas las caballadas de recambio, ni para los granaderos ni para los infantes. Solo se pudo conseguir caballos para los granaderos, razón por la cual los infantes debieron continuar a pie llegando recién a San Lorenzo el 4 de febrero (un día después del combate.). . San Martín solucionó el tema de las caballadas comisionando al joven alférez de 16 años Ángel Pacheco para que se adelante y organice en las postas el recambio de caballos. El joven oficial hizo un trabajo sobresaliente y los caballos esperaron en tiempo y forma.
Para el 29 de enero a la madrugada, la flota realista de 16 naves pasaba frente a San Nicolás siendo vigilada por el Comandante militar de la zona, don Celedonio Escalada, con su fuerza de 22 infantes, 30 blandengues de caballería y un pequeño cañón a cargo de 6 hombres.
Durante todo ese 29 de enero, los granaderos iban pasando las postas para recambiar la caballada. San Martín, en tanto, recibía continuos informes del joven Alférez Ángel Pacheco que había organizado un grupo de vigías en la costa que mantenían al tanto a San Martín de la evolución de la flota realista. Contra la opinión de sus oficiales, San Martín, cubierto con un poncho y un sombrero de ala ancha, se adelantó hacia la costa junto a su joven oficial para observar él mismo a la flota española. Mientras tanto, la flota anclaba frente a la villa del Rosario. No hubo casi movimientos y por la noche levo anclas continuando con rumbo norte, hacia San Lorenzo. Ante la falta de viento, el Comandante Ruiz ordenó echar anclas; la zona se presentaba propicia para realizar un rastrillaje para conseguir alimentos. También, ante los ojos de los españoles se levantaba el convento San Carlos.
Alertado por sus vigías, San Martín estaba al tanto de que los realistas estaban frente a San Lorenzo. Era un buen lugar para sorprenderlos. El tiempo apremiaba y las postas se fueron sucediendo una tras otra casi sin descanso. Ya estamos en la noche del 30 al 31 de enero…