31 de Enero: tres Situaciones Relevantes
Ese 31 de enero ocurren 3 (tres) hechos significativos que hacen precisamente que sea en San Lorenzo donde los granaderos rindan su prueba de valientes.
Pero ¿Qué fue lo que sucedió?
Algo que nunca se menciona es que en las primeras horas de la mañana, los realistas desembarcaron y se llegaron hasta el convento de San Carlos pero no pudieron conseguir más que un par de gallinas, algunos melones y algo de verdura de la granja del convento. Todo el ganado había sido retirado hacia el interior por los lugareños, fuera del alcance de los realistas. Todo gracias a la acción de los padres franciscanos.
El siguiente hecho es, quizás, el más significativo. Cuando las tropas españolas se retiraban del lugar e iniciaban el lento y trabajoso reembarque, aparecieron Escalada y sus hombres los ataca a tiro de fusil y luego con dos disparos de su pequeño cañón. No eran rivales para la fuerza de infantería realista y mucho menos para su flota que con solo dos andanadas de sus poderosos cañones hizo que los patriotas se replegaran y se ocultaran dentro del convento. Este hecho marca a la historia. La acción de Escalada hizo pensar al Comandante Ruiz y al Capitán Zabala. ¿Qué defendían con tanta bravura los “insurgentes? ¿Qué había en el convento que no habían podido ver? Ante esto, los españoles no se alejaron de la zona, al contrario, se prepararon para realizar un desembarco en regla y asaltar el convento. San Martín había perdido el factor sorpresa pero igual sorprendería a los españoles.
El tercer punto es la fuga de un paraguayo que estaba prisionero de los realistas en la nave capitana, su nombre: José Felix Bogado. Éste había sido capturado mientras merodeaba por las riberas del Paraná y sospechado de ser un espía. Ante un descuido de los guardias, pudo escapar y nadando llegó a la orilla donde fue rescatado por los hombres de Escalada. Bogado informó con detalle sobre la cantidad de hombres, cañones y de las intensiones de los realistas. Escalada envió a su mejor jinete para que informara a San Martín. La suerte estaba echada, San Lorenzo sería el lugar.
1° de Febrero
El 1º de febrero fue un día particular para unos y otros. San Martín, al mediodía, recibía el informe de Escalada. Sin perder tiempo, San Martín se adelantó junto a Ángel Pacheco hacia San Lorenzo vestido ambos de paisanos. El Capitán Justo Bermúdez quedaba a cargo de los granaderos. A la madrugada del 2 de febrero, San Martín y Pacheco llegaron al convento de San Carlos. Luego de presentarse con los padres franciscanos, en forma sigilosa se dirigieron a la costa junto con una guardia prestada por los infantes de Escalada. Advirtió casi al instante que no había indicios de un pronto desembarco y al regresar al convento se encontró con un viejo conocido: Guillermo Parish Roberston, comerciante, viajero, escritor y hombre del Foreign Office (Ministerio de relaciones Exteriores de Gran Bretaña). Estaba, le dijo, de paso hacia el Paraguay pero San Martín le informó que lamentablemente no podría dejarlo ir y que desde ese momento era su huésped. San Martín y Pacheco regresaron hacia la costa y a poco de amanecer divisaron que lanchones de desembarco cargados de infantes se desprendían de los barcos. La calma renació cuando vieron que se dirigían a una isla frente al convento. San Martín le da una orden directa al joven alférez: “¡Vaya, corra y diga a Bermúdez que acelere el paso!”.
¿Qué hizo la infantería realista en la isla? Instrucción Completa. Avance, formación de cuadro, ataque y contraataque, repliegue, en fin, todo lo que harían una vez realizado el desembarco par asaltar el convento.
Algo estaba claro, San Martín no tendría el factor sorpresa de lado y se las vería con un rival experimentado y veterano de varias batallas. Pero tenía algo a su favor. San Martín pudo observar todo lo que hicieron los realistas en la isla y eso para una mente del futuro Libertador era una ventaja.. Luego regresó al convento y se entrevistó largamente con Bogado. El paraguayo le pidió a San Martín poder participar del combate que se avecinaba y el jefe de granaderos ordenó que se le entregara un uniforme y se lo encuadrara en una de las compañías del Escuadrón.
2 de Febrero
Alrededor de las 22,30 hs del 2 de febrero llegan los granaderos al convento. Un dato importe para resaltar. Los granaderos recorrieron 420 km en cinco días, en lo que hasta hoy es considerada como la marcha forzada a caballo más rápida en la historia militar para presentar combate. ¡Impresionante!
Al llegar, los granaderos entraron en absoluto silencio por las puertas traseras del convento y se ubicaron en el sector de los ranchos de las postas de las carretas (era el portón oeste del convento). Se prohibió que se encendiera fuego y se podía solo hablar en voz muy baja. A la medianoche, San Martín, siempre con su jefe de vigías, el alférez Ángel Pacheco, se acercó con sumo cuidado hasta las barrancas y recorrieron el campo. Se podría dar una buena carga de caballería. Estaba tranquilo. Luego se retiro a su habitación no sin antes pasar por donde estaba sus granaderos y los fue saludando uno a uno.
“Avanza el enemigo
A paso redoblado,
Al viento desplegado
Su rojo pabellón.
Y nuestros Granaderos
Aliados en la gloria,
Inscriben en la historia,
Su página mejor”.
3 de Febrero
A las 03,45 hs la flota realista se preparaba para iniciar las maniobras de desembarco. Una hora después, a las 04,45 hs, comenzaron a abordar las lanchas los infantes. 250 hombres en total al mando del Capitán Zabala.
San Martín, poco antes de las 05,00 hs, es llamado en forma urgente al campanario del convento. El Teniente Hipólito Bouchard había enfocado con su catalejo a las lanchas realistas que se desprendían de los barcos. San Martín toma el catalejo y estudia el panorama…Había solo dos lugares posibles para el desembarco. Uno estaba bien en frente del convento, la llamada “bajada de los Padres” pero la costa era inapropiada para realizar un desembarco. El otro punto, más al norte, era la “bajada del Puerto San Martín”, a unas 7 u 8 cuadras del convento. Hacia allí se dirigieron los realistas. El desembarco se realizó tomando todas las precauciones. Pasadas las 05,30 hs ya se habían agrupado todo el contingente español: 250 hombres y 2 cañones. Zabala ordena formación. Dos columnas con los cañones al centro. Una banda militar al centro tocaba una alegre marcha militar. Los oficiales Pedro Murray y Antonio Martínez estarían al mando de cada una de las columnas y el abanderado sería el joven oficial Manuel de Olloa. Ahora ¿quién era Zabala?; era un vizcaíno de casi 1,90 mts de altura una fama bien ganada en los campos de batalla de Europa de ser un recio luchador, que a las 06,00 hs, ordenó el avance hacia el convento….
San Martín los observa. Esta sereno. Evalúa: -“…dos columnas, dos cañones, oficiales al frente, bien dispuestos”- Sabía que se las vería con profesionales. Al instante, bajaron todos al patio. Ordenó montar a los granaderos y los dividió en dos columnas de 60 hombres cada una. Calculó que los españoles ya estarían a unos 300 o 400 mts del convento. ¡¡Arenga fuerte y clara!! y entrega a Bermúdez el mando de la columna de la derecha.
El plan de San Martín era sencillo. Una clásica maniobra de flanqueo para cortar la retirada de los infantes. Una columna atacaba de frente, los aferraba y la otra daba un pequeño rodeo para cortar por el flanco.
Ambas columnas, al paso, van saliendo del convento. La tensión se siente y algunos granaderos muerden la correa que sujeta el morrión a su cabeza. Eran ya las 06,45 hs. El capitán Bermúdez salió por la derecha para dar el rodeo planeado. Lo hace a galope tendido; San Martín les entrará de frente y pega el grito ¡¡ADELANTE GRANADEROS!! Y por primera vez el granadero Chepoya hace sonar el clarín de guerra de los granaderos, el mismo que en las alturas de Ayacucho, en diciembre de 1824, cerraría por fin la guerra por la Libertad.
Importante: generalmente se nos ha contado que el combate se libro frente al convento San Carlos en el denominado hoy Campo de la Gloria. Ese no fue el lugar del combate. El lugar exacto fue en dirección oblicua tomando como referencia las actuales calles Bv. Sargento Cabral y la calle Regimiento de Granaderos hasta la calle Santiago del Estero y las barrancas del Paraná. Imaginemos un gran rectángulo de unos mil metros.
El clarín de guerra y la visión de una tropa de caballería sobresaltaron a los realistas, principalmente a Zabala. ¿Cómo era posible en esta parte del mundo un escuadrón de caballería realizando semejante maniobra? ¿Quiénes eran? Esta fue la sorpresa de Zabala y no otra. Esta duda salvo a los granaderos. Esa fracción de segundos de falta de reacción hizo que la caballería patriota acortara la distancia. Pero los realistas no eran esos que se dejaran llevar por delante, habían vencido a Napoleón. Zabala ordenó formar cuadro y lanzaron la primea andanada de fusilería que mató a cinco granaderos de la primera fila. El disparo de uno de los cañones alcanzó de lleno en el pecho al hermoso bayo de cola recortada que montaba San Martín. La caída fue violenta y el golpe muy fuerte al tanto que el peso del caballo muerto le aprisionó su pierna derecha. San Martín estaba a merced de los infantes realistas.
¿Y Bermúdez?... Desplegó a su columna pero había dado un rodeo demasiado amplio y llegaba “tarde” al combate. Esos segundos serían fatales sino se daba prisa así que debía apurar la carga para entrar por el flanco lo antes posible. Había visto la caída de San Martín y tenía que asumir el mando de las dos columnas. ¡¡El tiempo apremiaba!!
“Cabral, soldado heroico,
Cubriéndose de gloria,
Cual precio a la victoria,
Su vida rinde, haciéndose inmortal”