Abuelos
¡Buen día! Recuerdo que fue la serie televisiva “Raíces” la que introdujo en mi vocabulario habitual esa palabra clave: raíces. De golpe, sentí la necesidad de bucear en el pasado familiar, remontarme en el siglo XIX y reencontrarme con la imagen de los abuelos italianos que, desde el Friuli, vinieron al país.
A medida que voy sumando años a la vida procuro que los años vayan también sumando vida, esa vida incluye la de mis padres, mis abuelos y todos mis ascendientes, en quienes aprendí a descubrir una parte importante de mi historia personal y familiar.
Tengo muy clara la figura y la conducta de mis dos abuelos varones, que murieron ya viejitos. En cambio no conocí a mis abuelas, que murieron relativamente jóvenes. En su reemplazo conocí y disfruté a la abuela Margarita, la segunda mujer de mi abuelo Valentín.
Lamentablemente, muchos niños y adultos no conocen a sus nonos. Porque murieron o porque perdieron el rastro de sus vidas. Esta nostalgia, esta tristeza aparece muy bien dichas en un tango canción, cuya letra pertenece a Isabel Chacón, y a la que Rita Paolucci le puso el ritmo del dos por cuatro:
“Nunca supe cómo fueron mis abuelos, / no hubo cartas ni retratos ni recuerdos. / Me pregunto qué color hubo en sus ojos, / y se queda la respuesta en los espejos.
Fui la rama desprendida a ras del suelo, / enredándome a la vida sin sustento. / Con raíces que me crecen desde el pecho, / voy perdida como un pájaro en el viento.
¿Qué canciones entonaban mis abuelos? ¿Qué tristezas acallaron los pañuelos? / ¿Qué secretos ocultaban sus amores? / Qué olvidaron al partir, dejar recuerdos.
Por el hueco silencioso de la almohada / la garganta de una niña llora en sus sueños, / y salidos de las páginas de un cuento / me acompañan esta noche mis abuelos”.
¡Hasta mañana!