FÚTBOL

La increíble vida de Joan Gamper, prócer del Barcelona

Este suizo que se sintió como un catalán, fue un deportista fantástico y un dirigente clave en la fundación y el crecimiento del club.

En una institución que ha consagrado como ídolos al filipino Alcántara, el húngaro Kubala, el holandés Cruyff, los brasileños Rivaldo o Ronaldinho, el paraguayo Eulogio Martínez -alias Abrelatas, por su facilidad para perforar defensas- y el argentino Messi, además de unos cuantos españoles, no sorprende que un suizo, Hans Max Gamper, haya tenido semejante relevancia.

Tan catalán se sentía don Gamper que cambió su nombre y se hizo llamar Joan, como los artistas Miró, Maragall o Serrat. El hombre brilló como deportista de elite en su época, presidió cinco veces el FC Barcelona, estuvo al frente de empresas y supo escribir crónicas de fútbol en los diarios regionales. Ningún jugador habrá podido reprocharle que nunca había pateado un balón... La Copa que se disputará este miércoles es el homenaje de la entidad blaugrana a uno de sus próceres, que cerró suicidándose, una vida de película.

Aunque la cara rellena y los lentes redondos de sus últimas imágenes sugieran otro perfil, Gamper -nacido en 1877- fue ciclista, rugbier y atleta antes de volcarse al fútbol. Delantero destacado del también azul y rojo Fussballclub Basilea, se peleó con la conducción del equipo y emigró a España. El fin del siglo XIX lo encontró en Barcelona, donde impulsó la fundación de un club (más que un club, como reza el slogan) que hoy es referencia mundial.

En tiempos de arqueros más estáticos y defensas menos pobladas, Gamper literalmente se cansó de meter goles con la zamarra del Barcelona: 119 en 51 partidos, entre 1899 y 1904. Muy pronto empezó la carrera de dirigente. Durante sus sucesivas gestiones le imprimió al Barcelona ese carácter polideportivo, ambicioso y multinacional que todavía lo distingue. Tampoco aquí le faltaron conflictos: se enfrentó con Ricardo Zamora, El Divino, y el arquero más famoso del país acabó yéndose al Español, para luego ocupar la portería del Real Madrid.

Su identificación comprometida con el nacionalismo catalán lo llevó al exilio bajo la dictadura del general Miguel Primo de Rivera. Lo dejaron regresar, pero con la restricción de volver al Barcelona. El 30 de julio de 1930, enfermo, deprimido y con problemas económicos tras la hecatombe de Wall Street, se pegó un tiro. Una multitud lo despidió en las calles. Las razones de su trágica decisión son abordadas en Gamper, L’Inventor del Barça, un documental de 50 minutos, dirigido por Jordi Ferrerons, estrenado este año en el Teatre Romea.

A mitad de camino del largo vía crucis franquista, en 1957, al club le prohibieron denominar Joan Gamper a su imponente Camp Nou. Pese a las censuras, el carné de socio número uno le pertenece y, al comienzo de cada temporada, los culés disputan una Copa que honra la memoria de su más heroico pionero.

Gamper no ha sido el único símbolo del barcelonismo que se quitó la vida. Sandor Kocsis, crack de la escuela húngara, compañero de Ferenc Puskas en la selección de su país y máximo anotador del Mundial 54, se mató en 1979 tirándose desde el séptimo piso del hospital donde lo estaban tratando de un cáncer. Tenía 49 años.

Si de goleadores y tragedias hablamos, hay que incluir a Ángel Arocha Guillén. Convirtió más de 200 para el Barcelona entre 1926 y 1933. Sólo Alcántara y Josep Samitier lo superaron en su época. Arocha pasó al Atlético Madrid y allí estuvo hasta 1936, cuando se enroló en el Ejército. Fue uno de los miles de jóvenes que murieron en el frente durante la Guerra Civil española.

Ir a la nota original

NOTICIAS RELACIONADAS

MÁS NOTICIAS