Memorias del parque de grandes espectáculos
Por Heidi Rótulo de Arnedo.
En las noches de verano, la música que provenía
del parque despertaba la curiosidad de los
que aún no teníamos edad para acercarnos al lugar
a esa hora.
Siendo una niña, mi madre me llevó a conocer
el lugar de donde provenían esos sones. Me
impactó la prolijidad de los jardines que rodeaban
el famoso Parque de Grandes Espectáculos.
A la entrada a ambos lados de las boleterías, había
grandes afiches con las fotos de los que participaban
esos días. Contaba con dos pistas de
baile alrededor de las cuales se ubicaban las mesas
y las sillas de hierro plegadizas pintadas de
un inolvidable color naranja. En el centro estaba
la confitería que parecía imitar la proa de un
barco. Luego de la segunda pista, un gran escenario.
El Parque de Grandes Espectáculos - obra
realizada por Guillermo Renzi – era el mejor lugar
de esparcimiento con que contaba Santiago
del Estero, ya que Dorio Dante Otinetti contrataba
a las mejores orquestas y cantores, como
Alberto del Castillo, Darienzo, Troilo, Canaro,
De Angelis, los Hermanos Ábalos, Hugo del
Carril, Mario Clavel, Oscar Alemán.
Crecí entre sueños esa hermosa música que
más adelante iba a disfrutar como tantos otros
santiagueños.
Cuando llegué a la adolescencia, concurrí a
los bailes de Carnaval. Para esa fecha venían
conjuntos que tocaban música carioca, candombe,
cha-cha-cha. Las dos pistas se colmaban y
no faltaban quienes jugaban con cerveza o con
soda. Los mozos, con su uniforme impecable y
su destreza para llevar la bandeja, llegaban a las
mesas con el pedido.
Había chicos que se trepaban en las paredes
y desde allí compartían nuestra diversión.
También comenzaron a realizarse las estudiantinas,
esas fiestas de fin de curso protagonizadas
por los estudiantes de los colegios secundarios.
Recuerdo al talentoso “Nano” Gigli
cuando hacía la calcomanía de “Mami” de Al
Jonson.
Años más tarde comenzó a realizarse también
la “Fiesta de la Primavera”, oportunidad
en la que se elegía a la Reina. Participaban las
chicas del secundario de las distintas escuelas,
todas eran bellísimas y elegantes. Desfilaban
por un escenario y una pasarela con potentes reflectores.
Antes de su presentación, la Academia
de Danzas Clásicas y Contemporáneas de la profesora
Julia Cortez de Liendo Paz presentaba a
sus alumnas que bailaban distintos ritmos con
una escenografía de primera y el vestuario que
no quedaba atrás. Un locutor con una voz espléndida
presentaba la función. Para esta ocasión
se contrataba a algún artista de cine que tenía
la misión de coronar a la Reina de la Primavera
que era elegida por el público presente.
Recuerdo que vinieron Oscar Casco, Carlos
Thompsom y Alberto de Mendoza. Este último
coronó a Ethel Rojo, “Bebé”, quien se convertiría
con el tiempo en una gran vedette, junto a
su hermana Gogó .
Los bailes de egresados también se hacían
ahí, iban todas las familias con sus hijas de traje
largo y los muchachos con las mejores galas.
Luego de un lunch, los padres bailaban el vals
con sus hijas y las madres, con sus hijos, y después
esperábamos que nos sacaran a bailar y no
volvíamos a sentarnos más… hasta que nuestros
padres decidían que la fiesta había terminado.
Por supuesto que en esas ocasiones todo estaba
adornado con guirnaldas y alrededor de las pistas
había una especie de enrejado con enredaderas
de jazmines. Tampoco faltaban los fotógrafos,
como el recordado señor Crespo, del que
guardo muchísimas fotos.
Para muchos de los que compartimos este
espacio geográfico y tenemos algunos años, la
historia del Parque de Grandes Espectáculos es
parte de nuestra vida.
¡Cuántas historias de amor habrán nacido en
esas pistas! ¡Cuántos sueños habrán germinado
entre el perfume de las flores y el aroma húmedo
del viento que venía del río!
Cuántas vidas enlazadas para siempre en la
magia de las noches inolvidables y eternas de
ese Parque de Grandes Espectáculos que sigue
vivo en la memoria colectiva de una comunidad
que hoy la sigue recordando.