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Violencia de género: cada vez hay más casos de mujeres quemadas por agresores varones

Desde la muerte de Wanda Tadei, en febrero de 2010, se sucedieron decenas de situaciones iguales. Especialistas y psicólogas consultadas por EL LIBERAL analizan la problemática

"El fuego está ligado puramente a la luz y al calor, pero en los casos de violencia de género lo que busca el agresor es la combustión, la reacción que van a generar las llamas en la víctima", explicó la licenciada en Psicología Emily Azar. Frente a los numerosos casos de violencia de género, en Santiago y en el país son cada vez más fecuentes el ataque con fuego hacia novias, esposas, exparejas, etc.

"El fuego es reconocido como algo que dura un tiempo, pero que tiene una energía muy fuerte, es decir tiene un poder calorífico muy fuerte que, culturalmente a partir de esta cuestión química, visual, perceptiva y física, el fuego ha determinado en la historia del hombre un hito en el que se marca la superioridad sobre el resto de los animales para dominar el fuego", explicó Emily Azar.

Según entiende la licenciada, el fuego es "el que va a marcar la superioridad. Es considerado como divino, superior, como poder y dominio". Además, explicó que "si yo quemo algo para hacerlo desaparecer indirectamente he tenido la posibilidad de hacerlo aparecer. En definitiva era mío, lo tenía, ya no quiero tenerlo ni que nadie lo tenga, entonces hago que no exista más y eso vendría a ser la superioridad".

"Esto está vinculado con que el violento cree que es dueño de la otra persona, de ahí viene la sensación de divinidad. Es mía, hago lo que quiero. Yo puedo y sin no hago nada entonces va a desaparecer, en esta modalidad", remarcó.

Por su parte, Ada Rico -a cargo del Observatorio de Femicidios en la Argentina de la Sociedad Civil- sostiene que "casi siempre el libreto se repite: se habla de un ‘accidente’ con alcohol".

"El fuego esconde indicios. Y la Justicia no los busca o no los quiere ver. Si como sociedad la respuesta que damos a estas muertes es indiferencia para investigar, impotencia para descubrir e inoperancia para castigar, no hacemos otra cosa que alimentar este tipo de conductas; tentando a ciertos varones a convertirse ellos mismos en la ley. Y utilizar una grieta donde la acción de dominación hacia la mujer más aberrante puede llegar a convertirse en el crimen perfecto".

Más tarde revela (en nota de Página 12) que "como un robo, el asesinato de una pareja es un hecho premeditado. Ninguno de estos asesinatos es producto de la emoción violenta. Lo que demuestra que no son crímenes pasionales. Los golpeadores se avivaron de que la muerte por quemaduras es difícil de probar y han recurrido a esta metodología como estrategia judicial".

Rico sostiene que las mujeres que fallecieron quemadas "son una prueba más de la ineficacia de la Justicia para proteger a las víctimas de violencia machista. Es la misma Justicia la que prepara el terreno para que estos hechos ocurran".

Sobre el tema, el escritor Pedro Lipcovich sostiene: "Las mujeres quemadas, en cambio, son agredidas, no en tanto propietarias, sino en tanto propiedad. El método empleado apunta a la destrucción del cuerpo, ante todo de la piel, la envoltura en la cual el cuerpo se constituye como deseable y deseante. Y quien presuntamente ataca no es un extraño sino el ex marido: el que tuvo (¿tiene?) derecho a ese cuerpo cuya su propiedad le fue arrebatada por ella misma, la mujer que así recibe castigo".

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