Enrique Telémaco Susini: el jefe de "Los locos de la azotea" (primera parte)
Por Eduardo Lazzari. Historiador.
La Argentina tuvo, durante el siglo XX, personajes legendarios que hicieron posible que el país alcanzara logros poco imaginables a mediados del siglo XIX. Los avances institucionales, las mejoras económicas y sociales y sobre todo el aporte inmigratorio fueron el caldo de cultivo que permitió que la Argentina se convirtiera en un país moderno en el que fueron sorprendentes algunos desarrollos que la caracterizaron como uno de los ejemplos entre las naciones del mundo. Uno de esos personajes legendarios, sin duda, fue Enrique Telémaco Susini, a quien se lo recuerda fundamentalmente por su participación en la creación de la radiofonía argentina en 1920. Pero su historia es mucho más apasionante que ese extraordinario hecho. Es uno de los hombres más polifacéticos de la cultura argentina: científi co, artista, inventor, empresario, escenógrafo, tecnólogo y promotor. Podríamos defi nirlo, para usar el lenguaje actual, como el primer innovador argentino.
INFANCIA, JUVENTUD Y FORMACIÓN
Enrique Telémaco (nombre que parece un destino) Pedro Susini nace en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, el 31 de enero de 1891, en los tiempos iniciales de la presidencia de Carlos Pellegrini, el “piloto de tormentas”. La familia conformada por Telémaco Susini y Enriqueta Laurencena, dos apellidos que formarán parte de la historia moderna de Entre Ríos, tendrá cinco hijos, de los cuales Enrique será el mayor y seguidor de la profesión de su padre. Don Telémaco fue profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires y el primer otorrinolaringólogo del país. A principios del siglo XX la familia se traslada a Viena, que era por entonces la capital del imperio austro-húngaro, porque Telémaco es nombrado cónsul allí. Fue el lugar donde Enrique comienza a mostrar su carácter “renacentista”. Decide, a los 15 años, ingresar al Conservatorio y estudiar la interpretación del violín y aprende a cantar. En Berlín y París estudia química y física, y regresa al país en 1909, cuando se inscribe en la facultad en la que enseñaba su padre, y a los 22 años recibe el título de médico. Al terminar sus estudios, se dedica al periodismo y es fundador de la Asociación de la Crítica. Se casó con Alicia Rosa Arderius. La marina de guerra lo contrata en 1915 para el estudio de las consecuencias de las sustancias químicas en el cuerpo humano, al registrarse el uso de venenos como arma durante la Gran Guerra. Los conflictos bélicos a gran escala siempre generan, paradójicamente, avances tecnológicos formidables. La primera guerra mundial no iba a ser la excepción. Enrique Telémaco Susini, junto a varios colegas, son enviados al escenario europeo para investigar todo lo vinculado al impacto de las armas químicas que se utilizaban en las batallas, sobre todo el gas naranja, que causó estragos en las trincheras.
RADIO Y TELEVISIÓN
El viaje a Europa produjo una gran impresión en el carácter de Susini y sus compañeros, debido a la destrucción que produjo la guerra. Por otro lado, las comunicaciones entre los mandos de cada ejército utilizaban la nueva tecnología de la radiotelegrafía, difundida en el mundo por el italiano Guillermo Marconi, quien había visitado la Argentina en 1910, para los festejos del Centenario, y desde las afueras de Buenos Aires, logró comunicarse con América de Norte y las islas británicas sin soporte material. Los campos de batalla se convirtieron en campos de restos humanos, ruinas edilicias y también, lugar de abandono de los primitivos equipos de comunicación.