ESPECIAL PARA EL LIBERAL

Cine y psicoanálisis: algo más que imágenes

Por Adriana Cecilia Congiu. Psicoanalista. Escritora.

Incluidos en la marea de moda, la pregunta inevitable en las ruedas de amigos, en las mesas de café, en las reuniones familiares se enuncia: ¿Qué serie estás viendo? A continuación, esperamos una lista. Extensa o no, casi todos ven varias a la vez.

La modalidad es verlas al modo de un atracón de comida, con la voracidad de quien se jacta de leer un libro en una noche, o de haberse tomado absolutamente todas las bebidas alcohólicas que ofrecieron los anfitriones en una fiesta. La idea es “no parar hasta terminar”. Luego, una más adentro. Como si fuera una materia de la carrera universitaria.

En algunas ocasiones se alude a esta práctica, tal vez para darle el toque “saludable” que suplantaría lo nocivo de la palabra “adicción”, como una Maratón de capítulos, vistos el fin de semana. Pero, lo deportivo no necesariamente señala la salud; en definitiva, es una carrera y como tal, hay que llegar lo más pronto posible a la meta.

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Lo cierto, es que las series han cobrado un lugar de preponderancia en la vida actual. Con un formato original que le permite invadir los espacios, las presencias, e interferir en los quehaceres cotidianos, se diferencia de las antiguas novelas románticas de las décadas pasadas, por la accesibilidad inmediata para los capítulos siguientes. Tenemos la fracción de la historia en una determinada cantidad de episodios. Pero el recorte no está hecho para la reflexión o para generar la expectativa que hace un tiempo se promovía con la frase: “Esta historia continuará”.

Al revés, la fracción está abrochada a la leyenda: “En 15 segundos, el capítulo siguiente”. Entonces, “Omitimos Intro (Introducción)” y la historia prosigue. Estamos felices, no hay que esperar.

¿Cuál es el secreto de este éxito? ¿Por qué se vuelve difícil dosificar la mirada? ¿Es la trama, tan interesante? ¿Responde a una narrativa nueva y atrapante? ¿Son los avances del cine con sus técnicas audiovisuales sofisticadas y sutiles a la vez? O…, ¿es todo esto conjuntamente?

La combinación de factores es una frecuente respuesta a interrogantes que implican conductas sociales o tendencias de moda. El psicoanálisis apuntaría al planteo freudiano de la “sobredeterminación del síntoma” para señalar que los productos provenientes de la sublimación humana jamás tienen un único origen, como tampoco un solo mensaje.

Sin duda, el arte tiene el poder de vehiculizar las problemáticas humanas, expresarlas, ponerlas a la luz al modo de cada artista. Los espectadores luego, eligen aplaudir y elogiar; o bien, inventar. 

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Lo que motiva al artista

En el caso de las series de T. V. exitosas, encontramos en muchas de ellas uno de los síntomas preocupantes de este tiempo: las adicciones. Ya sea alcohol, tabaco o sustancias, la ingesta excesiva es parte de la vida de empresarios (Mad Men), o de mafiosos (Peaky Bleanders). En otras se habla del negocio de la droga, tan potente que puede sostener la economía de una ciudad que ha dejado de producir en pos de traficar y consumir, como es el caso de la ciudad de Baltimore en la serie “The Wire”.

Otra serie “Breaking bad” nos muestra a un profesor de química que, bajo el pretexto de una enfermedad terminal, decide comenzar a cocinar y vender metanfetamina. Él no la consume, pero de a poco... cambia: Se vuelve malo.

Podríamos conjeturar que, en las dos primeras, existe en los personajes que consumen, cierto límite puesto por sus trabajos o sus objetivos personales. La ingesta de algún modo queda acotada. Mientras que, en las dos últimas, el tráfico, el consumo, la venta y todo el circuito que la implica, produce un derrumbe. The Wire nos muestra esto, cabalmente. En la ciudad de Baltimore, nada importa demasiado o, mejor dicho, nada comienza a importar demasiado. Las leyes están para transgredirse, el estado no se sabe si trabaja para combatirla o para facilitarla, las instituciones le sirven de cobijo, la policía también está implicada. Finalmente, el problema está planteado.

Es así como trabajan los artistas. La sublimación les permite dar una forma diferente a la preocupación que muchas veces los impacienta.

Lo que se produce en el espectador

Ahora, volvamos al principio de este artículo. Resulta que las series hablan de las adicciones, y el espectador se ha vuelto adicto a las series. La escena dentro de la escena, dirían los escritores.

Una adicción que encierra a otra, nos interroga: ¿Importa acaso el objeto de consumo?  Si y no.

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Si importa, en la medida que en los atracones de series podemos suponer la búsqueda de un sentido ante el fracaso de los discursos que antes orientaban la vida. Entonces, queremos saber más de la historia, queremos saber si acaso se sale ileso después de tantas tropelías… ¡queremos saber! Y el saber, implica al lenguaje y éste, al sentido. (1) 

Mientras que la adicción a las sustancias, se sitúa en el reverso, en esta vertiente diríamos que “No se quiere saber”, “No se quiere saber, ¡nada!”. Por lo tanto, la droga (el alcohol o las sustancias), no llama a las palabras. Prefiere el silencio, y éste, lleva al vacío (ejemplificado con las dos últimas series). 

Sin embargo, es preciso decir que, detrás de las series de T.V. y de las sustancias tenemos, la compulsión como conducta. O sea, aquello que no se vuelve fácil de frenar, la pulsión. Y la pulsión busca el goce (la satisfacción inconsciente). Desde este punto de vista, ambos encuentran una satisfacción inconsciente.

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Podemos así gozar de uno u otro modo: ya sea del lenguaje (Lacan llamó a esto: “sentido-gozado”) o de las drogas que callan. El objeto no es el mismo, pero el desenfreno es igual (o parecido).

Restaría entonces hacer una última distinción. Porque, claro está, no hablamos del mismo goce. Y esto hay que subrayarlo. El goce del sentido, tiene la ventaja de poder limitarse, siempre que el espectador abandone el sillón de la mirada, y decida comenzar a escribir el libreto de su propia obra.

(1)  En la época del “El Otro que no existe”, ¿estaremos construyendo un nuevo Otro, al esperar del arte las respuestas que nos inquietan? Después de todo Lacan, opinaba que es el artista quien lleva la delantera. 


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