Marcia González, el talento del cestobol que ganó un Olimpia de Plata
La atacante de Dorrego, Judiciales, Quimsa y de la selección argentina de Mayores fue una goleadora indiscutida. Hoy con 34 años ininterrumpidos de práctica, sigue regalando magia en Max 30.
Comenzó a jugar al cestobol a los siete años en el Club Dorrego, de la mano de una de las grandes atletas que dio el deporte a la provincia, “Popy” Navarrete. Pasaron 34 años ininterrumpidos para esta formidable goleadora santiagueña, quien dejó una enseñanza para las generaciones actuales con su legado y con su conquista.
Se trata de Marcia González, la única jugadora santiagueña de cestobol que consiguió el gran sueño de alzarse con un Olímpia de Plata en el 2008, coronando así una gran trayectoria deportiva jalonada por triunfos en varios torneos argentinos, Ligas Nacionales y Gira internacional con la selección.
Hoy, con sus 40 años, casada y mamá de Jonás de 5 años y Constanza 7, sigue mostrando su talento en las canchas. Tuvo un promedio de 30 tantos por partido, aunque ahora juega un poco más relajada y con sus amigas en Quimsa.
“Mi amado cesto me dio infinidades de alegrías. La primera es disfrutar tanto, y me premió por jugarlo a los 12 años con una distinción como mejor jugadora por el Círculo de Periodistas Deportivo. Desde los 9 integré los equipos de la selección santiagueña hasta el 2017 (37 años), que fue mi último Argentino, pasando por todas las categorías. En Infantiles fue mi primera convocatoria a la selección argentina y jugué mi primer torneo internacional con 13 años, el Sudamericano, y luego en mayores participé en varios torneos internacionales. Pero el máximo logro que tuve en mi carrera es haber ganado el Olímpia de Plata siendo una deportista amateur”, aseguró.
Consultada sobre sus vivencias del cestobol, la jugadora contó: “Me dio momentos inolvidables, amigas y amigos que hasta hoy seguimos hablando, que son de Santiago, de otras provincias e incluso otros países. Me acuerdo que con Cecilia Coronel fuimos rivales (antes jugaba en Judicial) por mucho años y cuando llegué a Quimsa la conocí y me di cuenta que es una bella persona. Tuve entrenadores y profes de la Escuela Normal que me enseñaron a tener respeto y valorar al rival”, recordó.
González comentó que el cestobol cambió muchísimo. “No voy a entrar en debate, pero sí decir que cambió para mal. Nosotras teníamos un compromiso no sólo con el deporte, sino de querer ganar y superarte. Entrenabas todos los días en el club y gimnasio para poder tener un lugar en la cancha y ni hablar de una selección, era doble el sacrificio. Pero al final lograba el objetivo de quedar dentro del equipo que representaba a Santiago. Hoy falta eso”, remarcó.
La jugadora admitió que “gracias a Dios” no le quedó pendiente nada en el deporte. “Lo viví todo. Creo que tomé las decisiones justas. Lo que logré lo hice sobre la base del amor. Siempre hice mis cosas con dedicación y sacrificio. Y llegué”, afirmó.