ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL LIBERAL

Santiago Cruz les saca el jugo a las derrotas

Es más que un músico, y que un compositor. El “cafetero” se muestra como un buen aprendiz de la vida, de donde toma sus lecciones para hacerlas canciones, y entabla conversaciones para averiguar cómo cada quien hizo su camino.

El colombiano Santiago Cruz ha publicado 7 álbumes de estudio y un DVD en vivo. “Elementales”, su último disco, se presentó en 3 temporadas y es una recopilación de sus éxitos reversionados en compañía de grandes artistas y amigos. Es recordado por éxitos como “Desde lejos” que llegó a más de 57 millones de views en Youtube ,”Baja la Guardia”, con 43 millones y “Y si te quedas, qué?” con 30 millones.

La carrera y trayecto musical de Santiago Cruz abarcan más de 15 años. Es uno de los artistas más importantes de Colombia y un nombre familiar en el panorama internacional de la música pop, y habló en exclusiva con EL LIBERAL.

¿Qué es lo que te inspira cuando compones o cuando realizas una entrevista para tu podcast?

Para la música, mi proceso de composición es terapéutico. Es para gestionar lo que siento, lo que recuerdo o lo que anhelo. Al final son esos tres momentos temporales. Y a esa gestión termino llamándola composición, de ahí es que salen las canciones. Y en el podcast lo que intento es descubrir la manera como la persona ha recorrido su camino. No me importan tanto las estaciones sino el recorrido.

A propósito de esto que dices, que la composición es terapéutica, ¿cuánto de sanación has experimentado?

El proceso de sanación del que habla no viene para mí cuando escribo solamente, sino cada vez que la canto. Ahí hay un proceso de sanación porque te vas quieras o no a ese lugar cada vez que cantas la canción. Y creo que es la manera más genuina de conectar cuando te vas a ese lugar.

¿Qué lograste liberar cuando diste vida a temas importantes de tu carrera como Caminos, Equilibrio, Trenes, aviones y viajes... ?

Al final lo que logré es quitarles capas y encontrar la joya, que fue el amor propio. Todo parte de allí, todo parte de tu relación contigo mismo. Como fuera esa relación para a condicionar cómo te relaciones con tu entorno. Entonces, después de muchos tumbos y tropiezos, encontrar que todo depende de cómo te sientas contigo mismo.

¿Cuánto te ha fortalecido ese ejercicio y si en algún momento has bajado la guardia cuando te has encontrado con adversidades ante la vida?

Muchas veces, muchas veces. Está bueno en algún momento asimilar el golpe, y no hacer como si no te hubieran pegado. Está bueno asimilarlo, porque cuando uno realmente lo asimila, sabe qué tiene para responder a ese golpe. Yo soy de la política de dejarse sentir. Cuando hay un retroceso, un fracaso, una derrota, asumirlo, no esconderlo, no pretender que no pasó nada. Yo creo que al final es como esa situación de la calle, cuando uno ve desde la acera de enfrente que la persona se tropieza. Cuando la persona se tropieza, trata de hacer que nada pasó para no generar burlas. Pero cuando la persona se tropieza, se para y dice “carajo me tropecé”, no hay ningún tipo de reacción. Se tropezó y ya. En esa analogía se ven muchos comportamientos distintos que muestran como te manejas en la vida.

O sea que más allá de las caídas, hay que levantarse y seguir adelante.

¡Por supuesto! Es más, yo soy un defensor de las derrotas. En la Argentina, hay un caso que es maravilloso para mí, desde afuera, y siendo un futbolero como lo soy, que es el de Marcelo Bielsa. Él se denomina un experto en fracasos, pero a donde llega deja una huella indeleble, en el jugador, en el club, en la ciudad. Lo acabamos de ver con el Leeds, con Bilbao, en Marsella, en Rosario. Entonces, a mí, ese personaje me apasiona porque al final se entiende la derrota y la victoria, no como un asunto ordinario, sino como parte de un proceso.

¿Cuál es la huella que te han dejado y sobre las que volverías a caminar?

Yo tengo tres palabras tatuatas sobre mi hombro izquierdo que son constancia, equilibrio y coherencia, esa es mi carta de navegación, y esas quisiera pensar que son esas las huellas en mi vida.

Si tenemos en cuenta que la vida está llena de éxitos y de fracasos, ¿cómo te va en este mundo en el que prácticamente todo es instantáneo y volátil, cómo haces para manejarte con esas tres claves para tu vida que tienes tatuadas en el cuerpo: constancia, equilibrio y coherencia?

Son un reto. Si estamos viviendo en un mundo donde es más importante la efervescencia que la trascendencia. Entonces al final yo parto de la base de que todos hacemos lo mejor que podemos, con lo que tenemos. Y eso me sirve para ponerme en paz conmigo, y con lo que me rodea. Antes de ir a juzgar el proceso de alguien quiero pensar que ha dado lo mejor que puede hacer con lo que tiene. Es que claro, hay gente que tiene mas recursos, no solo de economía. Por ejemplo, había un escrito que decía, que es fácil ganar siendo Messi porque es extraordinario, lo difícil es ganar siendo Palermo; y los dos hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían, y los dos son jugadores extraordinarios de fútbol, no para comparar. Entonces, parto de la base de que todos hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos.

Llevando esa comparación entre Martín Palermo y Messi, ¿qué te dejó el haber entrevistado al “Pibe” Valderrama y recientemente a Abel Pintos?

Lo del “Pibe” es una locura porque es uno de mis más grandes ídolos. Yo tenía 14 años cuando vi el partido Alemania-Colombia, en el Mundial de Italia 90, y nos paramos de tú a tú con el que era el Campeón Mundial de Fútbol. Entonces, hablar con Carlos siempre es una maravilla porque la vida nos juntó y él terminó siendo admirador de mi música como yo de su carrera, con lo cual es uno de los regalos más grandes de la vida: que mi ídolo admire lo que yo hago.

Y con Abel siempre aprendo una nueva capa de generosidad. A Abel lo considero un tipo generoso, por consiguiente es un artista genuinamente generoso, y siempre me regala una capa más.

¿El haber podido conversar con Abel te ha permitido descubrir puntos en común?

Más allá de la calvicie y de la barba, yo creo que hay una comunión en la manera de vivir esta carrera, con la que nos identificamos, con la dignidad por delante, teniendo en claro quién es uno; y sin pretender ser nadie más que uno mismo con todo el proceso que eso conlleva. Yo creo que eso nos une.

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