ANUARIO EL LIBERAL 2020

Murió D10S y 4 fiscales intentan descubrir si hay algún responsable

El 25 de noviembre a las 13.06, la noticia estremeció al mundo entero: Diego Armando Maradona, la mayor figura de la historia del fútbol y el más grande y venerado ídolo de los argentinos murió a los 60 años de un paro cardíaco en la casa de un country de la localidad bonaerense de Tigre donde hacía dos semanas se recuperaba de una neurocirugía.

Nadie imaginó que ese día, el capitán de la selección campeona del mundo en México 86 y autor de “La Mano de Dios” y del “Gol del Siglo” a los ingleses, no haya podido gambetear, como ya había hecho en alguna oportunidad, una muerte inesperada.

Una decena de ambulancias llegó al lote 45 del barrio San Andrés -la primera a las 12.28-, pero ningún médico logró reanimarlo.

John Broyad es el fiscal general del departamento judicial San Isidro, el jefe de todos los fiscales que tienen competencia en cinco municipios de la zona norte del conurbano, entre ellos, Tigre, donde había muerto el “10”.

Con 32 años en la Justicia, 22 de ellos como fiscal y la experiencia de haber participado de uno de los juicios por el mediático caso de María Marta García Belsunce, Broyad no lo dudó y en cuestión de segundos decidió conformar un equipo especial de tres fiscales coordinados por él, para investigar lo que en ese momento ya vislumbró como “la causa penal más importante del año”, según le confió a sus colaboradores.

Broyad y sus dos adjuntos, Patricio Ferrari y Cosme Iribarren, partieron desde la Fiscalía General rumbo al country San Andrés, para sumarse al trabajo de Laura Capra, de la UFI de Benavídez, la fiscal natural de la causa y la primera funcionaria judicial en llegar al lugar.

Maradona, el hombre que se codeó con reyes, Papas y líderes del mundo entero, había muerto en un playroom de la planta baja acondicionado como habitación con paredes de Durlock, con las ventanas tapiadas y con una silla inodoro portátil junto a su cama.

El exjugador y entrenador yacía en un sommier de dos plazas, vestido con una remera negra Puma -la marca que lo acompañó toda su carrera-, y con unos shorts azules de Gimnasia y Esgrima de La Plata, el club del que era DT desde 2019.

Frente a la cama, un TV plano y en una mesita quedaron intactos los sándwiches de miga que la noche anterior le habían dejado para cenar y sus dos teléfonos celulares.

Los fiscales comenzaron en ese mismo sitio a interrogar a las siete personas que estaban al momento descubrir que el “10” había muerto: sus dos asistentes personales, una cocinera, una enfermera, un empleado de seguridad y la psiquiatra y el psicólogo, que habían llegado ese mediodía para ver a su paciente.

“Podemos confirmar con un tremendo dolor que atraviesa el país y todo el mundo, el fallecimiento de Diego Maradona a las 12 de este mediodía. No se advirtió ningún signo de criminalidad ni de violencia”, dijo el fiscal Broyad.

De todas formas, se ordenó la autopsia. La causa de muerte fue un “edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada” y descubrieron en su corazón una “miocardiopatía dilatada”.

Los fiscales se fueron del country con una foto de lo que podría haber sucedido, con la idea de poder reconstruir hacia atrás la película entera y con un objetivo claro: saber si la muerte de Maradona pudo evitarse, si ese playroom era el lugar adecuado para un paciente como él y si hubo algún tipo de negligencia médica.

El 3 de noviembre Maradona había sido operado de un hematoma subdural en la cabeza y pese a que la empresa de medicina prepaga recomendaba que continúe un tratamiento “de rehabilitación y toxicológico bajo la modalidad de internación”, el día 11 fue externado y llevado al country bajo la responsabilidad de sus dos médicos tratantes: el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov.

Más allá de que de los primeros testimonios surgió que Maradona era un “paciente difícil”, que no toleraba las internaciones y que solía pelearse con médicos y enfermeros, Luque y Cosachov quedaron bajo la lupa de los fiscales.

Ferrari, Iribarren y Capra decidieron notificar a ambos profesionales de que estaban siendo investigados como posibles imputados, les allanaron sus domicilios y consultorios, y secuestraron sus teléfonos, computadoras y toda la documentación médica que tuvieran sobre su paciente.

El juez de la causa, Orlando Díaz, fijó la carátula del delito que se está investigando: “homicidio culposo”, que prevé una pena de 1 a 5 años de prisión para quien “por imprudencia, negligencia, impericia causare a otro la muerte”.

Luque habló con la prensa el día del allanamiento y dijo: “Si de algo soy responsable de Diego es de amarlo, cuidarlo y de extenderle la vida y de mejorársela hasta lo último”, “no hubo un error médico de parte de nadie”, “se hizo lo mejor que se pudo” y “Maradona era quien decidía todo el tiempo”.

Los fiscales ahora lo investigan junto a Cosachov en una causa que ya tiene cinco cuerpos (está por llegar a la foja número 1000) y promete extenderse por largos meses.

Se esperan los estudios complementarios a la autopsia para ver si el exjugador de Argentinos, Boca, Barcelona y Nápoli, entre otros, había consumido algún tipo de droga o sustancia tóxica que haya influido en su deceso y se enviaron a analizar varios órganos, entre ellos, su corazón entero, que pesaba 503 gramos, el doble que uno normal.

La idea de los fiscales es convocar a fin de año a una Junta Médica de expertos de todas las disciplinas que analizando la historia clínica, la documentación médica y los testimonios, pueda emitir un dictamen irrefutable que revele si el deceso era evitable, si hubo mala praxis y si alguno de los profesionales que lo trataban tuvo alguna responsabilidad.

La novela histórica de la vida de Maradona consta de decenas de capítulos, la gran mayoría de ellos rodeados de gloria y algunos pocos escritos con vértigo y tristeza. Quizá éste, el último, sea el más doloroso jamás imaginado.


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