LOS GRANDES OLVIDADOS

Bernardo de Monteagudo: el gran revolucionario

Por Eduardo Lazzari. Historiador.

L os grandes relatos de la historia pueden ser injustos en la elección de los protagonistas. Sin duda, hay personajes que ocupan un lugar central en los acontecimientos fundamentales de la vida de los pueblos, y no existe disputa respecto de su rol y de su importancia, tales como José de San Martín, Manuel Belgrano, María Sánchez de Thompson, Cornelio de Saavedra, Juan Martín de Pueyrredón o Juana Azurduy, por nombrar unos pocos de los años de la fundación de la Patria y de las guerras de la Independencia. Sobre estos hombres y mujeres, puede haber discusión en cuanto a la valoración de sus perspectivas políticas o en el mundo de las ideas, pero no se debate en cuanto a los hechos de los que fueron actores, ya que el rumbo de la historia quedó determinado por su acción: su carácter estelar queda fuera de toda duda.

Sin embargo, tal como si se tratara de una obra de teatro, hay otros intérpretes que ocupan aparentemente un lugar secundario, pero cuando se indaga con profundidad en su vida y en su obra, descubrimos que aquel devenir de los acontecimientos tendría otro destino en el caso de que este actor de reparto no hubiera existido o sus decisiones lo hubieran apartado del escenario que ayudó a modelar, quizá tomando otra máscara, ya fuese la de la tragedia o de la comedia, y su elección hubiese sido el anonimato o la intrascendencia para sí.

desmemoria respecto de las biografías de hombres como José Antonio Álvarez Condarco (a quien ya hemos recordado en estas páginas), Gregoria Denis de Pérez, Tomás Espora, Juan José Passo y tantos otros, es un gran bache en el relato histórico argentino moderno, ya que suele recordárselos a través de simples anécdotas que no hacen justicia a su participación en los hechos conmemorados. Con humildad y austeridad, trataremos de presentar la vida de estos “actores y actrices de reparto” para rellenar, completar y hacer más humana la historia de los argentinos, y enriquecer la memoria nacional, la que si no es completa, se convierte en una manta de retazos, sin coherencia nijusticia atemporal, que no nos permite apreciar correctamente el esfuerzo que los dos siglos y una década de devenirsignificaron para que “alumbrara en la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación”, tal como reza la letra del Himno Nacional Argentino.

Polémica sobre sus orígenes. Formación académica

Polémica sobre sus orígenes. Formación académica

Durante años, los historiadores disputaron acerca del origen de este prócer controversial, y lo seguimos haciendo, ya que a fines del siglo XIX surgió la tesis de su origen chileno, en abierto contraste con la consuetudinaria aceptación de su nacimiento en el Tucumán. Vale decir que no hay documentación respaldatoria que permita dilucidar este punto. Para la memoria argentina y peruana, Monteagudo nace en San Miguel el 20 de agosto de 1789, en tiempo de la Revolución Francesa y de la Constitución de los Estados Unidos de América, y es quizá el espíritu de esa época el que se transfundió en su carácter. Sus padres habrían sido Miguel y Catalina Bramajo, y Bernardo habría sido el único sobreviviente de doce hermanos.

No se puede omitir el posible origen mulato de Monteagudo, que resulta avalado por el único retratosuyopintado en Panamá, que no se conserva y fue copiado, en abierta contradicción con otros realizados casi un siglo después de su muerte.Sobre ese tema apasionante indagaremos en la segunda parte de esta nota. Otras versiones sobre su nacimiento, como hijo natural de un cura y de su esclava, lo que sirvió en su tiempo para acusarlo de origen ilegítimo y según las leyes de Indias, llamarlo “hombre de sangre sucia”.

En su primera juventud se traslada a Córdoba y allí estudia en la Universidad de San Carlos la carrera de leyes. Desde entonces, podemos rastrear su vida con precisión y sin controversia por los hechos. Como estudiantese destaca al punto que un influyente sacerdote de la curia cordobesa lo recomienda para estudiar en la Universidad de San Francisco Xavier, en Chuquisaca, donde recibe el grado de abogado en 1808. No hay registro de que haya regresadoal Tucumán en el resto de su vida, salvo pasando en viaje, lo que alimenta las dudas sobre sus primeros años y sobre su familia.

 El primer revolucionario del Plata (1808-1815)

Se convierte en un relevante personaje público en el Alto Perú, a tal punto que es uno de los líderes de los episodios de Charcas del 25 de mayo de 1809, en el primer estallido en la América española, siendo el redactor de la proclama revolucionaria. En un texto escrito por Monteagudo sobre un diálogo imaginario entre Atahualpa, el inca rendido ante Francisco Pizarro, y Fernando VII, el rey preso por Napoleón Bonaparte, se puede leer el llamado silogismo de Chuquisaca: “¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas”. Esto lo ubica a don Bernardo como el primer doctrinario revolucionario del Plata.

Fue testigo de la brutalidad con la que el imperio español reprimió ese levantamiento, con miles de arrestados y cientos de ejecutados, entre ellos Pedro Murillo y Pedro Rodríguez. Sin duda esto influyó en su carácter turbulento.Fue arrestado a instancias del arzobispo Benito Moxó y Fráncoli,pero logra huir gracias a la ayuda de una mujer, a la que no conocemos, rumbo al sur yaproducida la revolución de mayo de 1810. Se incorpora al Ejército del Norte, por entonces al mando del general Antonio González Balcarce. Juan José Castelli, comisario político de las fuerzas revolucionarias, lo nombra su secretario y auditor de guerra.Lo acompaña en su campaña anticlerical, hecho que provocó una reacción contraria de los pueblos altoperuanos debido al natural espíritu religioso de ese tiempo. Aún hoy en Bolivia se los considera malamente. Participa de la batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811, y luego de ese desastre militar se dirige a Buenos Aires junto a Castelli. Nunca regresaría al Alto Perú.

En la capital porteña, se suma a la Sociedad Patriótica, inspirada en los ideales de Mariano Moreno. Es redactor de la “Gazeta de Buenos Aires”, desde donde aboga por la represión de la discutida conspiración de Martín de Álzaga, y es uno de los más firmes propulsores de su fusilamiento. La llegada de San Martín y Alvear en marzo de 1812 y la posterior fundación de la Logia Lautaro dan impulso a los sectores más radicalizados, que provocan el golpe de estado del 8 de octubre contra el Primer Triunvirato. La participación de Monteagudo le gana para siempre la enemistad política de Juan Martín de Pueyrredón, vocal, y Bernardino Rivadavia, secretario de aquel gobierno.Se erige desde entonces como líder extremo de la revolución, influyendo en la Asamblea del año XIII, en el directorio de Gervasio de Posadas y en el de Carlos de Alvear. La caída de este último el 15 de abril de 1815 provoca su destierro y viaja a Europa, donde permanece dos años sin que exista claridad sobre sus actividades allí.

En Europa. En Mendoza. En Chile. En San Luis (1815-1820)

A fines de 1816 es indultado, pero sólo se le permite viajar a Mendoza, desde donde cruza los Andes y se pone al servicio de San Martín, quien lo nombra auditor del Ejército de los Andes. Se lo considera el redactor del Acta de la Independencia de Chile del 1° de enero de 1818, aunque los historiadores chilenos se la adjudican a Miguel Zañartú.Luego de la sorpresa de Cancha Rayada, viaja en forma urgente a Mendoza,

Para algunos, el viaje de Monteagudo constituye una huida, dada su condición de civil y militar adscripto, lectura que ha generado otra polémica sobre su personalidad, aunque es honesto reconocer que no parece la cobardía una característica de este hombre al que más se lo puede ver como un arrebatado o extremista que como un pusilánime.

En la capital cuyana influye para combatirla oposición delos Carrera, que lideraban una corriente independentista contraria a San Martín y a O`Higgins.Es el principal promotor del fusilamiento de Juan José y Luis Carrera el 8 de abril de 1818 en la plaza mayor de Mendoza.

Esto lo convierte en un indeseable para la historiografía chilena y provocó su destierro a San Luis durante un par de años.Es el impulsor de la represión que el gobernador puntano Vicente Dupuy desata contra el motín de los oficiales españoles, confinados después de las batallas de Chacabuco y de Maipú, que acabó con todos ellos pasados por las armas. No le faltó tiempo a Monteagudo para pretender a la hermana de Juan Pascual Pringles, Margarita, quien lo rechazó por estar secretamente enamorada del brigadier José Ordoñez, el de más alto rango ejecutado en enero de 1819.

Regreso a Chile. En el Perú (1820-1821)

A principios de 1820 se le conmuta el castigo y vuelve a cruzar a Chile. En Santiago fundael periódico“El Censor de la Revolución” y se convierte en uno de los colaboradores inmediatos de San Martín en la preparación de la expedición al Perú. Permanece junto a Bernardo de O’Higgins tras la partida de la escuadra libertadora, y cuando muere en Piscoel auditor Antonio Álvarez Jonte, Monteagudo es reclamado por San Martín y llega en 1821. Allí despliega sus mejores artes políticas y convence de pasarse al bando independentistaal gobernador español de Trujillo, José Bernardo de Tagle, quien posteriormente sería el primer presidente constitucional del Perú.

El 28 de julio de 1821 el Libertador José de San Martín declara la independencia del Perú y comienza la etapa más importante de Bernardo de Monteagudo como el gran político revolucionario de dimensión continental. Y finaliza este artículo que se completará el próximo domingo, en las páginas de “El Liberal”, si Dios quiere.




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