Estoy mal y no me puedo recuperar
Mucha gente se pregunta por qué, justo cuando estaban bien, disfrutando de una época de bienestar, de pronto, comenzaron a sentirse muy mal. A muchos les aparecen tristezas, angustias, miedos, ansiedades. Entonces, se cuestionan: “¿Cómo comenzó a suceder esto?”. Supongamos que uno dice: “Este problema que tengo, y continúa hasta la fecha, comenzó hace dos años”. Entonces la pregunta que deberíamos hacernos es: “Muy bien, ¿qué pasó dos años atrás?”. Por lo general, uno descubre, cuando tiene claridad, que el problema empezó hace x tiempo y en ese momento sucedió algo que hizo detonar ese conflicto. Vemos que se suscitaron distintas situaciones que dieron origen al problema actual. Si, por ejemplo, yo empecé a tener mucha ansiedad y tristeza con llantos que no puedo controlar hace un año y medio, debería preguntarme: “¿Qué pasó en mi vida un año y medio atrás?”. La respuesta es que me separé, o corro de un lado para el otro porque tuve un familiar enfermo o me echaron del trabajo. De ese modo, uno es capaz de identificar los elementos que detonaron la situación que vivimos ahora.
¿Por qué ocurre esto? Porque nuestro cuerpo nos brindó la energía (el sostén) para soportar ese acontecimiento o esos acontecimientos. Y ahora, que estamos teniendo un determinado síntoma, el cuerpo nos está pidiendo que “le devolvamos” todas las fuerzas que nos prestó. Muchas veces lo que sobreviene es la necesidad de un parate.
Nuestro cuerpo, que es sabio, nos obliga a frenar para que empecemos a devolverle la energía que nos dio. En psicología, esto se llama “moratoria psíquica”. Resumiendo: cuando sentimos que estamos mal, pensemos cuándo empezó lo que me está pasando, qué fue lo que sucedió un tiempo atrás que lo disparó y, en tercer lugar, de qué manera puedo devolverle a mi cuerpo todos los recursos que me prestó. “¿Y cómo se los voy devolviendo?”, tal vez preguntes. Básicamente, abriendo espacios de placer. Es decir, válvulas de escape saludables. Aquí incluimos lo lúdico (jugar, aunque seamos adultos), compartir con la gente que amamos y nos ama, hablar y abrir el corazón en un contexto seguro, y todo aquello que nos haga bien. Lo vamos haciendo de a poco, para que lentamente nuestro cuerpo vuelva a recuperar toda su energía.
En estos casos es saludable planificar acciones concretas que podamos llevar a cabo a corto plazo para mejorar aquello con lo que ya contamos. Es fundamental no quedarse de brazos cruzados porque, no accionar y pensar todo el tiempo nos puede llevar a la “parálisis por análisis”.
¡Dejemos atrás a los mismos pensamientos de todos los días! Y, para concluir, no olvidemos nuestros puntos fuertes que son nuestro mejor recurso en épocas de crisis. Usemos esas herramientas que todos poseemos y jamás perdemos, aunque estemos mal. Todos los seres humanos venimos a este mundo con el potencial para crear buenos momentos en nuestra vida que luego se convertirán en lindos recuerdos.