Dar todo sin esperar nada a cambio
Los escribas integraban un grupo de poder en tiempos de Jesús. A la par de poseer un importante nivel de erudición, cumplían la función de dirimir cuestiones de legislación religiosa, ser jueces en procesos criminales y tomar decisiones en causas civiles como miembros de una corte de justicia o de manera individual.
Se paseaban por las calles con una túnica, especie de manto que caía hasta los pies, adornado con largas franjas. Los llamaban maestro y les reservaban los primeros puestos en los banquetes y en la sinagoga.
Jesús criticó y polemizó severamente con los escribas y otros grupos de poder de su tiempo. Los critica por su afán de honores y la búsqueda de lograr el reconocimiento público, pero sobre todo por su ambición: "devoran la hacienda de las viudas" ya sea a través de asistencia jurídica a cambio de sumas de dinero vergonzosas o de oraciones presuntuosamente largas con la finalidad de hacerse de sus bienes.
El accionar de los escribas pone al descubierto un sistema social y judicial corrupto, que favorece a los adinerados y explota a los pobres y débiles de la sociedad.
Sentado frente del arca del tesoro del templo, Jesús mira cómo algunos ricos daban mucha limosna. Llega también una viuda pobre que echa dos monedas de cobre en la alcancía. Jesús al ver esto, llama a los discípulos y les dice: "Esta viuda pobre ha echado más que todos en la alcancía, porque todos dieron de lo que les sobraba, pero ésta, en cambio, puso de su carencia todo lo que tenía, lo que necesitaba para vivir". Jesús valora a la viuda pobre porque ve el amor a Dios que expresa en su acción generosa. Ella representa a todos aquellos que desde se pobreza se abren al Reino de Jesús.
Conclusión
Los relatos nos muestran dos formas de situarnos frente a Dios: los falsos escribas que utilizan a Dios y la religión para provecho personal y la viuda pobre, que a pesar de su indigencia da, en nombre de Dios, todo lo que tiene.
También hoy, en la Iglesia hay algunos, "trepas", como los llama el papa Francisco que son capaces de cualquier cosa por trepar, por ocupar lugares supuestamente de prestigio, por acaparar poder y dinero, muchas veces bajo el amparo de la "institución eclesial" que promueve y sostiene estas conductas.
Sin embargo, también hay, y son la mayoría, personas comprometidas con el Evangelio y al servicio desinteresado de sus comunidades que no obran de esta manera. Como la viuda pobre, dan todo lo que tienen, sin esperar nada a cambio, solamente para servir a Dios y manifestar su amor a los hermanos. Ellos están cerca del reino y son una antorcha encendida en este camino de seguimiento del Señor.