Viernes olvidable como experiencia cinematográfica
Por Heraldo Pastor.
"Black Friday" es otra comedia de terror que, lamentablemente, ni asusta ni tiene gracia. Como si esto fuera poco es, además, otra película del subgénero apocalipsis zombi (aquí combinado con invasión extraterrestre) que se presenta como una alegoría social de crítica al consumismo capitalista: la trama se centra —obviamente— en una gran tienda a la que concurre una horda de clientes ansiosos por "devorar" las ofertas de un "viernes negro" prenavideño. De George Romero, allá lejos en los 60 para aquí, el recurso simbólico ya luce muy gastado.
En una breve introducción, el realizador estadounidense Casey Tebo (sobre un guión de Andy Greskoviak) intenta generar identificación al presentar a uno de los personajes, un padre divorciado que deja a sus pequeñas hijas con su exesposa, para ir a trabajar a dicha tienda, una juguetería llamada "We Luv Toys". De todos modos, pronto se pierde en una trama básica de corre-que-te-pillo, con un grupo de personajes definidos de forma básica, los otros empleados y el patrón. La mayoría de ellos se comportan como bobos (¿para producir risa?) y, cuando empiezan a aparecer los monstruos (demasiado pocos, en realidad, como en oferta), ponen más cara de estúpidos que de asustados. De modo que, por este camino, tanto el terror como la comedia se pierden.
Los actores, de madera
Los actores, como se dice vulgarmente, son de madera (y de quebracho), aunque tampoco tenían mucha oportunidad para lucir dotes histriónicas. Da pena ver a un avejentado Bruce Campbell en medio de esta realización de clase B de las malas. Hay un escena intermedia en la que los personajes tienen un respiro en su lucha por sobrevivir y dialogan mostrando sus frustraciones de explotados por el sistema; pero esto es tan trillado que aburre. En el nivel técnico, tan importante en este subgénero, hay un trabajo bastante decente en maquillaje y en efectos visuales, a pesar de los evidentemente escasos recursos; esto se ve sobre todo en la secuencia final, donde está bastante lograda la ilusión de un monstruo colosal.
Ni risa, ni miedo, ni suspenso, ni siquiera un mísero susto. En esta época de invasión de empalagosos filmes de temática navideña, los amantes de los espectáculos más fuertes rogamos poder escapar con una pieza algo más oscura, contracultural. "Black Friday" no nos posibilita esto. Es más, hace dar ganas de volver a ver "¡Qué bello es vivir!" (It's a Wonderful Life, 1946).