El humor sensual
Por Francisco Viola. Médico y Sexólogo
Ya hemos defendido en otras columnas la importancia del humor como una forma concreta de hacer frene a ciertos problemas y, particularmente, en las parejas de poder producir antídotos positivos para fortalecer la convivencia, como también para hacer frente a los problemas que surgen por el cotidiano compartido. El humor, en este sentido, debería ser una habilidad social a adquirir para crear vínculos protegidos. El humor no es, obviamente, la burla nunca, sino un recurso más para facilitar dos cosas: 1- aliviar las tensiones y 2- crear un ambiente más propicio para la comunicación asertiva que es lo que, finalmente, permite no solo resolver los problemas, sino potenciar la riqueza de la pareja. Porque lo señalemos no se trata de humor siempre. Menos de no tomarse nada en serio, sino de mejorar todas las o condiciones para llegar a comunicar mejor.
Pero hoy quiero referirme, específicamente, al humor sensual. Es lo que tiene que ver con vivir el humor que se gesta con dos cuerpos cómplices. Aquel que se bebe entre gestos eróticos y el doble sentido compartido. Ese humor que produce la sonrisa permanente en la convivencia sexual y la risa que nos envuelve. Vivir el humor que se esconde entre sábanas, entre toques sutiles, el que se da al oído de manera furtiva, cuando el mundo te rodea. Vivir ese humor que conocen únicamente quienes lo comparten y así se lo puede saborear por más que sea humor repetido. Ese humor sensual que te invita a lo que es posible y a lo otro, lo que uno desea como un imposible, pero bastante realizable. Vivir el humor que se hace con lo que sea, pero siempre con el cuerpo de la otra persona como papel, aunque sea imaginándolo pero que, siempre, totalmente siempre, está toda la otra persona presente.
Vivir ese humor que se teje por haber compartido algo y haber deseado tanto, aunque sea la primera vez que lo hagamos. Vivir ese humor que excita y que surge porque uno se excita. Vivir ese humor que surge del vuelo imposible y de esa fantasía que ni siquiera se osa hacerla, pero si a contarla a la otra persona, porque lo recordemos fantasear libremente, creando escenarios hasta imposibles pero dichos con pasión es uno de los afrodisíacos más poderosos, cuando se puede compartir.
Al final, quizás, o, tal vez seguramente, decir que cuando se vive ese humor, de esa manera, habla de una de las formas que se tiene de hacer el amor. Aunque, pensándolo bien, es la forma que siempre deberíamos conocer y vivir, aquella que, entregándose un poco, dando algo, recibiendo otro tanto, se encuentra el todo. Tal vez, por la verdad más elemental que tenemos: la vida sexual de uno no está en los libros de los demás, sino en la forma que vamos descubriendo de crear nuestra propia biografía sexual. Básicamente nuestra vida sexual siempre debería ser nuestro incunable.