Santiago

Entendiendo la cultura del aguante en el futbol argentino

Por Leonardo Innamorato / Licenciado en sociología.

 Si se ponen a pensar y comparar estas cosas no pasan cuando sales al cine o vas a ver una obra de teatro. Ir al baño y no encontrar papel higiénico; recibir trato vejatorio en los accesos por cacheos; soportar empujones y griteríos de palabras descalificantes; esperar en colas por tendiantes minutos, y más si vas con tu hijo, sobrino, esposa o un nieto, o en el peor de los casos recibir una pedrada o algún desalojo de tribunas por los efectivos del orden por gases lacrimógenos. Presentada en esta introducción, me resulta difícil comprender y analizar cuestiones vinculada a la violencia en el fútbol, que en estas regiones tiene ribetes que le son propias y marcaron una identidad propia.

 Si bien el fenómeno de la violencia en el fútbol no es nuevo, ya que el historial de violencia en el fútbol y las canchas argentinos tienen ya medio siglo de vigencia, está exacerbado en estas últimas décadas con una larga lista de muertos. Si nunca fueron a una cancha, seguramente se sorprenderán y les costará comprender todas estas acciones. 

Aquí participan varios actores como los hinchas y simpatizantes de un equipo, los llamados "barrabravas", dirigentes, periodistas deportivos y la policia. Pues hay vínculos y están ligados entre sí. El imaginario corrupto del fútbol sostiene que los barras "son un mal necesario", pues acompañan a sus equipos a todas partes, y están dispuestos a dar todo por ello. A su vez, la policia, necesita de alguna violencia latente, para que los clubes puedan contratar más cantidad de efectivos y puedan cobrar adicionales. Es parte del juego y del negocio.

 En sus estructuras internas, las hinchadas del fútbol argentino supieron construir una identidad propia. Esta conformadas como si fuese un ritual totémico tribal; alrededor de unos bombos percusivos acompañados de cánticos, -en algunos descalificantes hacia la otra hinchada-, amor y defensa por las banderas con los colores, (lo que le otorgan un valor significativo y del cual prometen cuidarlo). Puede contar con un liderazgo o dos – en base a la autoridad carismática o intimidante -, una segunda línea, y los "pibes", los encargados del brazo ejecutor en las grescas o mítines, o si se les ocurre, ir a búsqueda de la barra del equipo contrario. Si bien últimamente desde el año 2013 los visitantes están prohibidos, lo cual disminuyó la violencia entre facciones antagónicas,  la violencia últimamente son las internas, por la lucha de poder o liderazgo en una barra, las famosas internas.

El famoso "Aguante"

 Pero para comprender mejor esto, el sociólogo y comunicador social Pablo Alabarces, desde los años 80, ingeniosamente acuñó un concepto: "la cultura del aguante". Pero ¿qué es y en qué consiste? En su definición dice que es una serie de prácticas donde se valora el aguante físico y la resistencia a las adversidades para ganar prestigio. Esta se manifiesta a través de la violencia, la capacidad de soportar condiciones precarias o la agresividad, como una forma de demostrar "fidelidad" o "masculinidad". Aunque el término se usa con frecuencia en el fútbol (hinchadas, cánticos agresivos y desprecio por la policía), también se traslada a otros espacios de nuestra vida social. Esta cultura que es además corporal y popular. Tambien, en los 90, la cultura del emergente "rock chabón" o barrial, la adoptó como propia. 

El fútbol es un hecho deportivo y social. Estas prácticas comprenden estar preparados física y anímicamente para ir al frente, dispuestos para las peleas, sean pactadas o no; tal cultura propone ofensivas de averiguar y robarse las banderas, el cuál ellos consideran como objetos sagrados. En palabras de un referente de la barra de Tigre, el negro Fioruchi: "que te roben un trapo es lo peor que te puede pasar; y más, si ese trapo va a todos lados, es como irse al infierno". Esto tambien incluye la organización cuando juegan de visitante en alquilar micros y el cotillón necesario. 

En las tribunas ellos supieron construir una identidad, un simbolismo y cánticos que dan alegría y el carnaval al entorno de un partido. Eso en el mejor de los casos, pero cuando estos son protagonistas en grescas con la policia, al árbitro, a la otra hinchada o porque suspenden un partido con pedradas e invasión al campo de juego, tiñe de luto el ambiente. En su entrada a "su lugar", los demás le rinden pleitesía y hasta algunos se sienten identificados por su cultura. El panorama actual de los estadios en su fisonomía pareciera ser reductos donde son admitidos en las tribunas al hincha joven, el masculino, mal llamado aguante, y esté dispuesto a correr, a salvarse en disparar ante un disturbio y ponerse a salvo buscando las salidas.

 En este marco, las canciones de las hinchadas (muchas de ellas ingeniosas y pegadizas) ponen el foco el facismo, el machismo, la discriminación, en el racismo, en la dominación sexual del rival y la idolatría por algunos jugadores, los cuáles consideran ídolos, -o en el peor de los casos- ante mal rendimiento, los reprueban con silbatinas.

 Sus prácticas

 En nuestro país, es muy común a menudo que la barra, como grupo de presión, se le presente al plantel para apurarlos y exigirle rendimiento deportivo. Hay un código muy fuerte que en la barra "no se delata a nadie", son cerrados. A sus líderes no les interesa cuál es la ocupación durante la semana de un miembro barra, mientras sume y esté dispuesto a seguir a todos lados a su equipo. 

La "vendeta", la extorsión a dirigentes, jugadores y técnicos forman parte de sus siniestras prácticas. El código de silencio también a la orden del día. Ellos consideran ser una pata importante del club, en una época donde los jugadores los compran por cuantiosas sumas de dinero- en divisas- y consideran beneficiarse en un porcentaje en tal operación. Argumentan, que "conocen la cocina" en estas cuestiones, y los dirigentes trata mejor de no tener problemas con ellos.

 Entre sus frases y palabras que con más frecuencia emplean son: "corriste sin parar"; "te copamos la visitante"; "sos amigo de la yuta" (policia) y entre las representaciones simbólicas más sobresalientes, las pintadas y grafitis para marcar su territorio donde muchas veces convierten en un vómito de ordinariez la buena fisonomía y tranquilidad de sectores de la ciudad y de los barrios. Es parte de sus costumbres y como demostración de su cohesión de grupo, ir siempre en patotas demostrando que ahí están ellos, dispuestos a todo.

 No existe un estatuto o reglamento formal de elecciones de líderes de barras. Se los gana en base a acumulación de hechos de violencia, peleas, viajes de visitante y últimamente por "contactos" con el poder político, dirigencial, gremial o policial. Lo que en su génesis, supieron ser las "hinchadas del fútbol argentino", a finales de los años 70, con la llegada de la Democracia y el aumento de los valores en el mercado de pase de futbolistas hacia Europa, se los presentó como los "barrabravas". Por consiguiente, su procederes y roles mutaron y se fue convirtiendo en un negocio más que rentable para varios. En su momento nació como un pasatiempo "bohemio" y pintoresco en organizarse, alentar y seguir al equipo.

 ¿Hinchas genuinos o mercaderes  de la violencia?

 En sus traslados se los suele ver escoltados por la policía, donde en sus cánticos y liturgias propias de su identidad del equipo, las ingestas de alcohol y las fumatas de marihuana son parte de sus prácticas. Son el grupo "duro" de los hinchas y generalmente viajan y acompañan a todos lados. No deja de llamar la atención, que en su tránsito, la policía los resguarda y les provee protección a ellos, pero ¿no se supone que nos tiene que proteger a nosotros los ciudadanos? 

En este mundo la lógica dice que es el socio y el simpatizante el que con su cuota mensual y la entrada, sostiene y da crecimiento al club, pero en sus privilegios, los barras no tienen ese compromiso, pues entran gratis; su función manifiesta es el aliento, acompañamiento y defensa, y la función manifiesta ser la fuerza de choque de aquel que los contrate y la violencia.

 Ser barrabrava es una profesión en nuestro país, a diferencia de los Hooligans ingleses, (aficionados fanáticos populares de la clase obrera) que son marginales y dan rienda suelta a su resentimiento de clase. Ahí, en los estadios, es donde sus desmanes -a base de violencia e ingesta de alcohol-, son conocidos en todo el mundo; pero a diferencia de nuestros barras, ellos no forman parte del sistema, los de aquí sí, por decir de alguna manera se "profesionalizaron", están en el sistema en las alianzas con otros actores como los dirigentes, los directores técnicos, los periodistas y los comisarios encargados de un operativo.

"Ser barra pareciera ser que da chapa y prestigio en el barrio", donde en muchos de sus miembros, sus actividades ilícitas de la semana, encuentran un lugar en la tribuna para blanquear su situación y aportar a la causa al cuál defienden, siempre al margen de la ley y el orden en una sociedad. Lamentablemente esto es un fenómeno de exportación propia de nuestras hinchadas hacia varios clubes latinoamericanos como las de México, Chile y Colombia, donde en sus filas adoptaron estas prácticas y cánticos. Pues por decirlo, se "argentinizaron". Numerosos hechos de violencia, muertes, vandalismo, pintadas y grafitis adornan los principales barrios y la periferia de sus estadios, donde pareciera que esta cultura no tiene solución. 

Ante hechos recurrentes de violencia, el nivel de discusión de debate televisivo de nuestro fútbol es alto, pero pareciera lejos de terminar con esta violencia y prácticas. Ya en una época tomo intervención un Juez (Perrota) en suspender temporalmente el fubol hasta que desde el Estado no tomase el toro por las astas y definan políticas de seguridad efectivas y punitivas para el que produzca hechos de violencia. Es triste, porque aquí, pareciera nadie tener la culpa. Pues los dirigentes dicen que la culpa es de la policía, los jugadores culpan a los barras y sus instigaciones; los barras a su vez culpan a los árbitros o a la policía; el gobierno culpa a su vez a los clubes de fútbol. Se pasan la pelota y las responsabilidades y sigue igual. 

 Conclusiones

 Pero si "aguantarse" es contenerse, es momento de comenzar con decisiones o al menos gestos de cambios en esta actividad. El fútbol es un fenómeno popular y de masas, no puede seguir empañado por esta serie de prácticas, donde pareciera ser que el negocio usando la violencia como método de disuasión o dominación nos termine por desanimar y por ende, no concurrir a las canchas. ¿Posibles soluciones? Al respecto, hay acciones novedosas, por ejemplo en Colombia, con el llamado "barrismo social" donde desde las bases, los barrios comenzaron a debatir entre varios actores como el gobierno, los municipios, la policia, los clubes, escuchando las demandas del hincha y haciendo hincapié en una cultura de la educación. Presentar las inmediaciones y el estadio en condiciones apropiadas y no como un ambiente de guerra e inseguro.

 Un dato alentador, actualmente se sumó la mujer como espectadora que acude a los estadios y simpatiza pasionalmente por un club. No se trata de prohibir a las hinchadas del fútbol, sino en transformar este espacio en algo positivo, donde ser parte de un grupo se sienta incluido y seguro, ya sea en hacer catarsis o fidelidad a su equipo.

 Estas acciones considero deben ser tenidas en cuenta en la agenda local, el respeto por el otro, el deporte tomado como una competencia sana y no como contrarios o enemigos. Esto no significa dar status de elite a esta actividad ni dotar a los estadios de alfombras o lujos que excluyan y justifiquen las inversiones deportivas de algunos dirigentes. Entonces los próximos proyectos serán dotar de estadios cómodos, seguros e infraestructura sanitaria adecuada. Será tener en cuenta el respeto por el aficionado, en el trato y respeto en los egresos y salidas de la cancha, al vecino y a la comunidad; y que desde sus líderes pacten o acuerden controlar a los suyos, para que la "fiesta", el color y el aliento sea el que todos queremos para dar un marco de pasión y de algarabía.

 Es importante tambien sembrar bases desde las escuelas, en los espacios de "educación física", enseñar valores y prácticas sanas deportivas, y no como algo competitivo y pasional que desborde nuestros más bajos sentimientos llevados al extremo,

 Desde lo punitivo seguramente se tendrá que ajustar algunas cuestiones y ver las con acciones genuinas y no tener que tomar una decisión excluyente de aumentar el precio de los abonos, como hicieron en el Reino Unido, alejando al pueblo de esta noble actividad deportiva. 

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