Realismo educativo: reflexiones frente al inicio escolar
Por Damián Melcer.
En la portada de los diarios, en la tele en Instagram, aparecen los titulares de bullying, de acoso escolar, de problemas en la lecto-escritura. Sí, ya lo sé. Inicia el ciclo escolar. Bienvenidos al mundo docente. Cada año inicia un nuevo ciclo lectivo y emergen los viejos cuestionamientos al espacio escolar: ¿qué se aprende?, ¿qué se enseña? Se retoman los problemas de la convivencia escolar. Se vuelve al debate sobre el uso o la prohibición de los celulares en las aulas, como si lo prohibido resolviera lo que allí se difunde, los modos de su uso y, sobre todo, las necesidades de usarlo y sus efectos. Nos abordan los problemas de lectura y comprensión como si fueran resultado de malas prácticas docentes. Se establecen afirmaciones que funcionan como consignas que pretenden resolver la complejidad del acto educativo. Esta lógica de la simplificación también envuelve a los medios de comunicación. Cuando hablamos de lecto-comprensión ¿Sólo sufren esto los estudiantes? ¿Y los adultos? Formados en la lectura; ¿seguimos leyendo? ¿qué comprendemos?
En la escuela observamos que la modalidad de la estructura normativa del dispositivo escolar ha quedado caduca y esto no es por el celular, al que se lo demoniza, sino porque se lo responsabiliza de la falta de marco escolar como si la enseñanza y el aprendizaje no hubiesen sido problemáticos antes de su existencia. En definitiva, la generación que aprendió y enseñó sin celular fue la creadora de esa tecnología, ahí está el video clip "The Wall".
Con la presencia digital en las esferas de la vida cotidiana, la lectura narrativa se atrofia, pero se despliega otra modalidad de lectura: imágenes, símbolos, memes, códigos que los estudiantes son capaces de leer y decodificar; lo que se denominó "multialfabetización". La decodificación rápida se ha convertido en una habilidad estimulada por los dispositivos y por el mercado de trabajo. Avanzar a toda velocidad, sin tiempos ni espacios; la modalidad de "pedalear" o "acelerar" para llegar más rápido. Los ritmos veloces quebrantan los marcos conocidos, incluidos los del descanso, se duerme poco y se requiere estar siempre atento, no para sostener un proyecto, sino para no dejar de estar presente. ¿Qué forma de vida requiere estos ritmos que estamos asimilando?
Los ritmos acelerados, para llegar a un destino incierto, nos hace seguir andando con prisa y sin pausa. Para todo hay respuesta, está ahí a un click o en la siguiente imagen que nos trae el scroll. El cambio constante, el salto de una cosa a la otra, la dinámica que no da tiempo. Lo sistemático cansa antes de iniciarse, no cansa el tema ya cansa pensar entrar en un tema; no es que cansa leer sino que ya agota pensar en hacerlo porque nace una nueva preocupación. Recibimos información y no sabemos qué hacer, nos asalta una impotencia reflexiva, se sabe algo, se sabe que hay algo más, algo distinto, pero indagar más pero resolver la contradicción, agota; agobia. El acceso a una amplia información, en estos ritmos, se vuelve un elemento de confusión y aturdimiento.
Pensar abruma entonces predomina el uso de la IA. para que se resuelva por nosotros, el tiempo para pensar así poder continuar en una vivencia de hedonismo mientras caminamos sin claridad de destino. Pareciera ser que ya no "sólo se trata de vivir" sino, solo se trata de seguir. Por eso tiende a predominar el ritmo que, por ahora, conduce los destinos del mundo. La lógica de los dispositivos, de las redes y del espacio virtual que afirma lo que se quiere escuchar, que nos refuerza en nuestro lugar, que construye lazos con aquello que no cuestiona lo que buscamos, ni lo que pensamos; se presenta como lugar para estar a salvo. Se desordena la atención promoviendo y habilitando la hiperactividad, de modo que nos encontramos, en las aulas, todo lo que el mundo va construyendo a su alrededor, déficit de atención e hiperactividad.
Escuela y familia
Toda vez que la escuela no puede, se mira a la familia y cuando la familia percibe dificultades escolares, siente que aparece la demanda escolar. Una nueva preocupación emerge, pareciera que el joven queda librado a resolver en soledad su escolaridad. Esa falsa dicotomía tan "de sentido común" de que la "familia educa" y la "escuela enseña" sólo produce que una alianza que debe existir se resquebraje desde el inicio, porque ni la familia educa, ni la escuela enseña. Alto ahí lectora/lector, deténgase un minuto, sin horrorizarse, estoy afirmando esto porque la familia y la escuela no son compartimentos aislados, se complementan; se entrelazan. Caminamos el camino en este mismo mundo. La escuela debe ser capaz de comprender, también a la familia, que, con ocupación creciente y diversificada, asume la crianza buscando ser el ámbito donde opera el principio del placer; es decir el camino de la menor resistencia a las demandas de hijas e hijos. Se da paso al imperativo del disfrute, del goce, por cansancio.
Lo normativo es lo que está colapsando, el mundo está envuelto en una ruptura con todo lo que ha existido con anterioridad. Por eso se dificulta sostener una norma, porque no hay figura capaz de sostenerla. Sostener una norma requiere de una proyección y una perspectiva, incluso requiere de un horizonte, de valores y de esperanzas. Para defender la tríada de lo fraternal, de la igualdad y de la libertad se deben entrelazar, si se las escinde entonces se enarbolan discursos separados de cada una de ellas volviéndose proyectos de anulación. Si esta tríada, que fue conquista de la humanidad, se segmenta; si cada categoría se vuelve algo en sí mismo se convierten en compartimentos estancos, afectando la cotidianeidad, pero sobre todo, afectando la vida humana misma. La libertad anula la igualdad y la fraternidad, entonces ¿quién es libre? Vale aplicar este ejercicio al resto de los términos, ¿igualdad sin fraternidad, ni libertad? ¿Qué fraternidad es posible sin libertad e igualdad?
Un nuevo ciclo lectivo
En este ciclo lectivo, sí hay algo distinto. La escuela debe asumir el desafío de establecer sus propias lógicas comprendiendo que el mundo está en una ruptura. Concebir la ruptura es comprender la imposibilidad de retornar a lo que fue, como si lo que fue hubiese sido genial. La escuela tiene el desafío de incorporar al espacio educativo todo el desarrollo de la humanidad alcanzado hasta el momento. Esto incluye las nuevas tecnologías y también los análisis que nos advierten sobre sus usos; esto implica incluir los demonios que siguen azotando el mundo y mirarlos de frente para que, en el medio escolar, se habilite un espacio-tiempo donde se produzca un detenimiento.
La diversidad de los colores que emergen en el medio educativo nos enseña que el otro aparece, siempre, como posibilidad. La enseñanza está destinada a promover la experiencia de la convivencia y del aprendizaje como vivencias psíquicas en el estudiantado. Esto se produce cada vez que logra hacer zozobrar el mundo conocido, el estudiante reflexiona sobre lo conocido. El aula debe ser vista como ampliación del cuerpo humano, del estudiante y del docente, de este modo se aprende a cuidar el ambiente y se cuida, a la vez, al individuo. Es así como el espacio educativo se vuelve lugar habitable para el aprendizaje, un ámbito de seguridad física y emocional.
La actividad de la enseñanza reclama, continuamente, la atención del estudiante. En tal sentido el rol docente para impartir la posibilidad de la enseñanza debe apuntar a producir un señalamiento. ¿Qué significa esto en educación? Significa que al señalar orientamos hacía algo, pero también aludimos a alguien. Al señalar atraemos la atención y solicitamos la atención; pedimos que levanten la vista y estimulamos y buscamos redirigir la atención del estudiante. El gesto de señalar promueve el momento de existir situadamente. A través del señalamiento se le pide a alguien que atienda al mundo, de ese modo se convierte en un gesto de apertura porque abre el mundo al estudiante y también abre al estudiante al mundo.