Lorena Jozami: "La solución no es desmantelar el sistema, sino hacerlo más transparente, más federal y más justo"
EL LIBERAL dialogó con la directora de cine santiagueña, una de las referentes del sector en la provincia, para analizar qué está en juego detrás de la discusión legislativa y cómo impactan estas decisiones en el interior del país.
La reciente postergación hasta el 1° de enero de 2028 de la eliminación del fondo que financia la actividad cinematográfica volvió a encender el debate sobre el futuro del cine argentino. En un contexto de crisis económica y redefinición de políticas culturales, el sistema de autofinanciamiento que sostiene al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales quedó en el centro de la escena. La posible supresión de las asignaciones específicas que garantizan recursos propios al organismo y sostienen un modelo federal de producción, formación y exhibición abrió una discusión que excede lo presupuestario y toca de lleno la identidad cultural del país.
En este escenario, EL LIBERAL dialogó con la directora audiovisual santiagueña Lorena Jozami, una de las referentes del sector en la provincia, para analizar qué está en juego detrás de la discusión legislativa y cómo impactan estas decisiones en el interior del país. Desde una mirada federal y con experiencia directa en el territorio, la realizadora advirtió sobre los riesgos de desfinanciar el sistema y defendió el rol del cine como industria, trabajo e identidad cultural.
En los últimos meses volvió con fuerza el debate sobre los fondos para el cine argentino. ¿Cómo lo estás viviendo desde Santiago del Estero?
Con mucha preocupación, pero también con la claridad de que este debate no es nuevo. Cada vez que la economía entra en crisis, la cultura aparece en la lista de "gastos a recortar", como si fuera un lujo. Y no lo es. El acceso a la cultura es un derecho. El cine, sobre todo el cine que se hace lejos de Buenos Aires, es trabajo, es industria, es identidad. Cuando se discute el financiamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, lo que se pone en juego no es una abstracción: son rodajes que no se hacen, técnicos que no trabajan, historias que no se cuentan, un territorio que no se desarrolla.
Algunos sectores plantean que el Estado no puede seguir financiando el cine ¿Es un mal entendido o una opereta discursiva?
Es directamente una operación discursiva. El cine argentino no se financia del presupuesto nacional sino mediante dinero que se recauda de la actividad cinematográfica a través de impuestos específicos. Es decir, es la propia actividad la que sostiene al sistema. No estamos hablando de un agujero fiscal sino de un mecanismo virtuoso que redistribuye recursos dentro del sector audiovisual. La supresión de las asignaciones específicas destinadas al cine nacional mediante el desmantelamiento del Fondo de Fomento Cinematográfico estaba planteado en el proyecto de ley de la reforma laboral a través de los artículos 210 y 211 del proyecto, que plantean la supresión de las asignaciones específicas destinadas al cine nacional mediante el desmantelamiento del Fondo de Fomento Cinematográfico. Gracias a la lucha de los sectores del audiovisual esta eliminación del Fondo se postergaría hasta el 1° de enero de 2028.
Para mucha gente sigue sin estar claro qué son los fondos específicos del cine. ¿Podrías explicar cómo funciona ese sistema y por qué es clave para la supervivencia del Incaa?
El cine argentino se autofinancia. Desde la Ley de Cine de 1994, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales administra el Fondo de Fomento Cinematográfico, que no sale del bolsillo de la gente, ni del tesoro nacional o de impuestos generales. Es dinero que genera la propia actividad audiovisual y que vuelve al cine. Ese fondo se compone, principalmente, del 10 % de cada entrada de cine que se vende, del 10 % de la comercialización de videogramas y de un porcentaje de lo que recauda el ENACOM a partir de la facturación de canales de televisión y servicios de cable. Es decir: las películas que se exhiben comercialmente apoyan al cine nacional a través del Fondo de Fomento Cinematográfico, que permite el sostenimiento de salas, el acceso del público, el funcionamiento de escuelas, festivales y políticas de fomento. Si se derogan los artículos que garantizan estas asignaciones específicas, el Incaa pierde su autarquía y queda en peligro real de desfinanciamiento y ahí si dependería del gobierno de turno. No es una discusión técnica: es decidir si queremos un cine nacional vivo, diverso y federal, o un modelo que favorezca a las empresas transnacionales y el cine extranjero en nuestro detrimento.
-Hay quienes señalan falencias históricas en el funcionamiento del Incaa, especialmente en términos de federalismo y equidad de género. ¿Qué opinión te merecen esas críticas y cómo creés que deberían abordarse?
Y son críticas válidas. Defender el cine no significa negar los problemas, como la falta de federalismo o de equidad de género en el otorgamiento de los apoyos que no siempre llegan a las provincias o a las mujeres, que filmamos cada vez menos. Pero la solución no es desmantelar el sistema, sino hacerlo más transparente, más federal y más justo. Porque cuando se ajusta a un sector es siempre en beneficio de otro, y siempre pierden los mismos: las provincias, las mujeres, las disidencias, realizadores que no tenemos espalda económica y seguimos trabajando a pulmón.
¿Por qué es importante pensar este debate en clave federal?
Porque el cine no es solo lo que pasa en Capital Federal. En Santiago del Estero, en el NOA, en las regiones, el cine cumple un rol social enorme. Forma técnicos, activa economías locales, construye memoria e identidad. Cada rodaje mueve hoteles, transporte, comida, servicios. Y además genera representación: nos permite vernos en pantalla con nuestras voces, nuestros paisajes, nuestros conflictos. Cuando se recortan fondos, lo primero que se cae es ese cine territorial. En este momento la Vía digital que era una vía continua para realizar documentales digitales y con la cual se hizo una producción cinematográfica santiagueña pasó a ser concurso y ahora se eligen solo 12 proyectos por año y hay muchas menos posibilidades de que elijan en las provincias. También hay proyectos parados porque el sistema de fomento se congeló con el ajuste y el desmantelamiento del Instituto.
¿Crees que hay intereses detrás del intento de eliminar las asignaciones específicas?
Claramente. Hay sectores muy poderosos que se beneficiarían si desaparecen los aportes al cine nacional: plataformas, grandes grupos comunicacionales, industrias que no tienen ningún interés en un audiovisual diverso y crítico. Por eso el debate no es solo económico, es ideológico. Se discute qué país queremos y quiénes tienen derecho a narrarlo. Mas concentración en la Capital y en las grandes productora beneficia a unos pocos. Más contenido que se produce desde afuera con un Cine Argentino cada vez menos competitivo en los mercados internacionales, nos afecta como país. Es la vieja disputa de proteger la industria nacional o pagar contenidos a plataformas extranjeras. Actualmente las plataformas transnacionales no aportan al país ni a la industria nacional, sin embargo recaudan. Los servicios de streaming no solo son costosos para los bolsillos argentinos sino que además no tributan por lo tanto no contribuyen a la industria nacional. La crisis en argentina no deja mucho para el arte y/o entretenimiento por lo tanto el acceso a la cultura cada vez es más limitado y no hay un Estado presente garantizando ese derecho al acceso a la cultura. Argentina tenia un cine pujante que genera empleo y promueve nuestra cultura, actualmente en una situación compleja en medio de una crisis por la baja de taquilla, los cambios en los hábitos de consumo y a eso le sumamos la falta de políticas que lo sostengan.
En este contexto, se postergó hasta 2028 la eliminación de esos fondos. ¿Es un alivio?
Es apenas una tregua. El problema de fondo sigue ahí. Patear la discusión para adelante no la resuelve. Por eso necesitamos dar este debate ahora, con argumentos, con datos, pero también con sensibilidad. La cultura no puede ser pensada solo por expertos contables ni en favor de capitales extranjeros en contra de nuestra industria, el arte y la diversidad cultural de nuestros territorios.
Para cerrar, para vos ¿qué cine hay que defender?
Defiendo un cine diverso, territorial y de calidad, porque esas categorías no se excluyen. Históricamente, el cine popular fue el que generó las condiciones para que existan otras búsquedas más experimentales. Defiendo un cine con perspectiva de género, que cuestione jerarquías, que abra espacio a nuevas voces. Y defiendo, sobre todo, el derecho de los territorios a contar sus propias historias. Más que un slogan es una premisa que supone una necesidad vital.