Santiago

De médicos y otras profesiones… los preferidos de las provincias 

Por Eduardo Lazzari

La historia tiene siempre facetas que hacen muy interesante su recorrido, sobre todo por lo imprevisto. El mero relato de los hechos puede resultar aburrido, pero cuando se profundiza aparecen curiosidades que vale la pena contar. El relato histórico argentino ha hecho de los acontecimientos políticos y militares la columna vertebral de los 215 años de vida independiente del país. A tal punto resulta así que muchas veces quedan ocultos aspectos vinculados a la vida común de las gentes, los problemas sociales y económicos provocados por las guerras de la Independencia y las civiles, así como también se omiten los hechos en los que se desarrolla la cultura, la ciencia, la educación y otras facetas de la vida nacional.

   Hoy transitaremos el camino de las profesiones de los gobernantes argentinos, tanto a nivel del gobierno central como de los gobiernos provinciales. Si tomamos los gobiernos de facto surgidos en los golpes de 1930, 1943, 1955, 1966 y 1976, es fácil el análisis de esos tiempos ya que la mayoría de quienes detentaron el poder eran militares, como todos los presidentes que resultaron ser generales, y en las provincias se llegó al extremo en el último gobierno militar de una división equitativa en los distritos: ocho para el Ejército, ocho para la Marina y ocho para la Fuerza Aérea.

Los presidentes argentinos

   Si se realizara una encuesta improvisada en cualquier plaza del país, resultaría abrumadora la opinión al respecto de la profesión mayoritaria de nuestros primeros mandatarios: la elección recaería en la abogacía. Y eso se compadece con la realidad histórica: a nivel nacional los abogados han prácticamente monopolizado la vida política. Hasta hoy el gobierno central ha sido ejercido por cincuenta ciudadanos, de los cuales treinta y siete son los presidentes constitucionales. Las profesiones de los treinta y cinco hombres y las dos mujeres que han detentado el Poder Ejecutivo Nacional sólo tres han sido militares de carrera: Julio Argentino Roca, Agustín Pedro Justo y Juan Domingo Perón. Vale destacar que Justo también detentaba el título de ingeniero civil de la Universidad de Buenos Aires.

   Los civiles resultan más variopintos ya que cinco no terminaron ninguna carrera de grado universitaria: Bernardino Rivadavia, Justo José de Urquiza, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y María Estela Martínez de Perón, aunque vale aclarar que el sanjuanino fue declarado "doctor honoris causa" en la Universidad de Michigan cuando era embajador en los Estados Unidos, y que la primera presidente argentina tenía el título de profesora de piano en el Conservatorio Nacional. Los casos particulares son el médico Arturo Umberto Illia, el odontólogo Héctor José Cámpora, el ingeniero Mauricio Macri y el economista Javier Milei, el actual presidente.

   Los abogados que llegaron a la Casa de Gobierno fueron Vicente López y Planes, que ocupó el antiguo despacho del Virrey en el fuerte de Buenos Aires; Santiago Derqui, que gobernó desde Paraná; Nicolás Avellaneda; Miguel Juárez Celman; Luis Sáenz Peña; Manuel Quintana, José Figueroa Alcorta; Hipólito Yrigoyen; Ramón S. Castillo; José María Guido, Raúl Alfonsín; Carlos Menem; Fernando de la Rúa; Adolfo Rodríguez Saá; Eduardo Duhalde; Néstor Kirchner; Cristina Fernández de Kirchner; y Alberto Fernández; varios de los cuales fueron anteriormente gobernadores de sus provincias. 

   Entre los letrados que se destacaron en la diplomacia hay que destacar a José Evaristo Uriburu, embajador en Bolivia, Chile y el Perú; Roque Sáenz Peña, embajador en Uruguay e Italia; y Marcelo Torcuato de Alvear, embajador en Francia y ante la Sociedad de las Naciones. También hubo notables abogados especialistas en economía, en tiempos que no se estudiaba la disciplina, como Carlos Pellegrini, Victorino de la Plaza y Roberto Marcelino Ortiz. El caso de Arturo Frondizi es especial ya que se negó a aceptar la medalla de oro y el diploma que le correspondía por sus estudios de la mano del primer presidente de facto, el general José Félix Uriburu. Esa ceremonia se completó sesenta y dos años después.

Los gobernadores argentinos y los médicos de Santiago del Estero

   Pero si de gobernadores se trata aparece una variada oferta profesional. Militares, abogados, contadores e ingenieros abundan. Hay geólogos: el sanjuanino Carlos Gómez Centurión y el riojano Ángel Maza; un sacerdote: el santafesino Manuel María Zavalla; un bioquímico: el mendocino Alberto Martínez Baca); algunos odontólogos: los cordobeses Ramón Mestre y Ricardo Obregón Cano; una arquitecta: la puntana María Alicia Lemme); un veterinario: el formoseño Gildo Insfran (hasta hoy el gobernador que más tiempo estuvo a cargo de una provincia argentina, incluso superando al santiagueño Juan Felipe Ibarra; además de la reciente camada de politólogos: el chubutense Martín Buzzi, el santafesino Maximiliano Pullaro y el mendocino Alfredo Cornejo. Se aclara que no es un listado exhaustivo.

   El dato al que se dedica esta página de "El Liberal" es que muchos médicos han llegado a la primera magistratura de sus terruños, casi a la par que abogados, empresarios y militares. La provincia de Santiago del Estero ha tenido don eminentes médicos como gobernadores que han llevado la impronta de su profesión a la gestión pública. Don Antenor Álvarez, quien se destacó en la elaboración del plan para la eliminación del paludismo, la construcción de hospitales y escuelas y la provisión de agua corriente y cloacas en la "madre de ciudades". Don Gelasio Lagar amplió el hospital de la capital provincial, a la vez que promovió los trabajos en varios canales de provisión de agua en el territorio, La Cuarteada, Atamisqui y Loreto.

Médicos gobernantes en otras provincias

   Santa Fe tiene varias primicias: los primeros gobernadores radical, demócrata progresista y socialista del país fueron elegidos allí. Pero además durante varias décadas fueron gobernados por médicos: Manuel Menchaca, Rodolfo Lehmann, Pedro Gómez Cello, Joaquín Argonz, Carlos Sylvestre Begnis, Víctor Reviglio, Hermes Binner y Antonio Bonfatti. San Juan, la provincia con mayor cantidad de gobernadores asesinados en el cargo, ha tenido también una larga lista de médicos a cargo del gobierno: Amable Jones, Américo García, los hermanos Aldo y Federico Cantoni, Leopoldo Bravo, Joaquín Ruiz Aguilar y Alfredo Avelín.

   Córdoba entronizó en el sillón de Bustos a los médicos Jerónimo Del Barco, Enrique Martínez (luego vicepresidente), José Antonio Ceballos, Amadeo Sabattini, Atilio Antonucci, Raúl Lucini (también director de orquestas de jazz y de tango), y el elegido, pero nunca asumido Illia que tendría su revancha en la presidencia.

   En otras jurisdicciones también despuntan los curadores del cuerpo: en la patagónica Chubut Atilio Viglione; en Santa Cruz Rodolfo Martinovic; en Tucumán Miguel Critto y Juan Manzur; en Entre Ríos Salvador Maciá y Faustino Parera; en la mesopotámica Corrientes Raúl Benito Castillo, Juan Francisco Torrent, Benjamín José Rafael González, José Eudoro Robert, Mariano Indalecio Loza y Gómez; en Mendoza Jacinto Álvarez; en la norteña Salta Juan Basílides Peñalba, Adolfo Güemes, Joaquín Corbalán, Oscar Héctor Costas y Miguel Ragone (único gobernador desaparecido, en 1976); en la puneña Jujuy Eduardo Alderete y José Carlos Ficoseco.

    Para seguir sumando a esta lista; también fueron gobernadores médicos en la oriental Misiones Claudio Arrechea, Ricardo Barrios Arrechea, Julio César Humada y Oscar Herrera Ahuad; en la andina Catamarca Lucía Corpacci, Oscar Garbe, Hugo Alberto Mott, Pacífico Rodríguez, Ernesto Andrada y Enrique Ocampo; en la llana La Rioja Leónidas Carreño; en La Pampa Néstor Ahuad; en la cuyana San Luis Carlos Alric y Ricardo Rodríguez Saá, en la tropical Formosa Luis Gutnisky; y en el Chaco Rolando Tauguinas. Río Negro, Neuquén y Tierra del Fuego no han sido gobernadas aún por ningún médico.

   En la "hermana mayor", según definió a Buenos Aires el ilustre Juan José Passo, también hubo médicos a cargo de la gobernación: Guillermo Udaondo, Manuel Fresco, Oscar Alende, Oscar Bidegain y Alejandro Armendariz. Pero la sapiencia en la curación no los ayudó a esquivar la maldición que pesa sobre los mandatarios de La Plata, que es ineludible: si se es gobernador bonaerense no se llega a la Casa Rosada. Si alguien duda de este aserto esotérico, no hay más que preguntarle a Dardo Rocha, Bernardo de Irigoyen, Alende, Domingo Mercante, Antonio Cafiero, Daniel Scioli, María Eugenia Vidal…     

   Como cierre de este artículo "profesional" vale decir que una nueva tendencia es la de los gobernadores que llegan a los sillones máximos de sus provincias sin detentar ningún título universitario, lo que a priori no significa ningún demérito, pero sin duda implica un cambio en las costumbres electorales argentinas. La historia siempre dirá con sabiduría, cuando ya nosotros mismos seamos historia, si el camino valió la pena o no.

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