México en vilo: la muerte de "El Mencho" desató una ola de violencia
La violencia sacudió al estado de Jalisco y mantiene al país expectante tras la muerte de el capo narco, El Mencho.
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), expuso con crudeza el poder de fuego del narcotráfico en México y dejó en evidencia un giro en la estrategia oficial frente al crimen organizado.
La reacción del cartel no sorprendió: incendios de vehículos, bloqueos de rutas y tiroteos en distintos puntos del país, incluso en zonas turísticas como Puerto Vallarta, mostraron la capacidad operativa de una organización que desde hace años impone su ley en amplias regiones del territorio. En muchos estados, el narco no solo disputa el control territorial, sino que además se convirtió en un actor económico relevante, con influencia sobre estructuras políticas y judiciales.
Con un estimado de 175.000 integrantes en todo el entramado criminal lo que lo ubica entre los mayores empleadores del país el narcotráfico mexicano supera incluso a grandes compañías y a la petrolera estatal. Dentro de ese universo, el CJNG es considerado uno de los grupos más poderosos y violentos. Según el investigador Rafael Prieto Curial, el cartel cuenta con unos 25.000 miembros activos.
Un cambio de rumbo bajo presión internacional
El operativo que terminó con la vida de El Mencho marca una diferencia respecto de episodios anteriores. En 2019, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador optó por liberar a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín "El Chapo" Guzmán, para evitar una escalada de violencia tras su captura. Aquella decisión fue presentada como una medida para prevenir un baño de sangre.
Hoy, el escenario es distinto. Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y bajo la gestión de Claudia Sheinbaum en México, la presión de Washington para endurecer la lucha contra el narcotráfico se intensificó. Dirigentes opositores sostienen que el abatimiento del líder del CJNG refleja una estrategia más confrontativa y coordinada con Estados Unidos.
Para el exdiputado Fernando Rodríguez Doval, el operativo habría sido una respuesta directa a esas presiones. A su juicio, la cooperación bilateral fue clave, aunque resta saber hasta qué punto incluyó tareas conjuntas más allá del intercambio de inteligencia.
Un Estado desafiado
La magnitud de la violencia posterior a la muerte de El Mencho puso de relieve tanto la fortaleza del crimen organizado como las limitaciones del Estado. El despliegue narco en al menos diez estados evidenció la capacidad logística y armamentística de estos grupos, que operan como verdaderos ejércitos paralelos.
Además, el negocio criminal se expandió mucho más allá del tráfico de drogas. Las organizaciones diversificaron sus actividades hacia la trata de personas, el robo y contrabando de combustibles, la extorsión, el secuestro y el control de economías locales mediante el cobro de "peajes" informales. El narcotráfico se transformó así en una industria que atraviesa múltiples sectores económicos.
La incógnita por la sucesión
La caída de El Mencho abre ahora un escenario incierto dentro del CJNG. Para algunos analistas, su muerte representa un golpe significativo a una de las estructuras criminales más violentas del mundo. Sin embargo, otros advierten que el impacto podría ser limitado si el liderazgo se reorganiza rápidamente.
El riesgo mayor radica en una posible fragmentación interna. Si el cartel se divide en facciones enfrentadas como ocurrió con el de Sinaloa podría desencadenarse una nueva espiral de violencia. En cambio, si un sucesor logra consolidarse sin disputas, la estructura podría continuar operando con relativa normalidad.
Con miles de miembros activos, el CJNG mantiene una base operativa amplia. Por eso, más allá del simbolismo de la caída de su líder, el desafío de fondo para el Estado mexicano sigue siendo desarticular una red criminal profundamente arraigada en el territorio y en la economía.