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Irán busca prolongar la guerra para desgastar a Trump y asegurar su supervivencia

(Foto: EFE)

El plan iraní busca responder con fuerza a Estados Unidos e Israel para que paguen un precio político interno, en especial el mandatario estadounidense.

La dirigencia iraní apuesta a resistir y prolongar el conflicto bélico con el objetivo de erosionar políticamente al presidente estadounidense Donald Trump y encarecer el costo interno de la guerra tanto para Washington como para Israel. En paralelo, el régimen activó el complejo mecanismo institucional para designar al sucesor del líder supremo Alí Jamenei, fallecido tras los ataques atribuidos a fuerzas israelíes y estadounidenses.

La estrategia en Teherán parte de una premisa: sobrevivir. Consciente de que no puede imponerse militarmente, la cúpula iraní busca extender la confrontación y multiplicar los frentes, incluyendo ataques contra objetivos vinculados a Estados Unidos en la región. La lógica es provocar el mayor daño posible para generar presión política sobre la Casa Blanca, especialmente en un contexto electoral en EE.UU.

En ese marco, las bajas registradas entre tropas estadounidenses aumentan la presión sobre Trump, quien enfrenta cuestionamientos internos respecto de la duración y el costo del conflicto. Para Irán, un desgaste sostenido podría abrir una ventana de negociación que garantice la continuidad del sistema nacido con la Revolución Islámica.

La sucesión en marcha

La muerte de Jamenei reconfiguró el tablero de poder en Teherán, aunque no hay señales de moderación. Por el contrario, analistas sostienen que las posiciones más duras dentro del sistema político-religioso son las que ganan terreno.

Como paso inicial, se conformó un consejo de liderazgo encabezado por el ayatolá Alireza Arafi e integrado por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial y un representante del Consejo de los Guardianes. Posteriormente, la Asamblea de Expertos —un cuerpo de 88 miembros— deberá elegir "lo antes posible" al nuevo líder supremo.

Entre los nombres que circulan figura el de Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido ayatolá, aunque su eventual designación podría generar tensiones internas al interpretarse como una sucesión de carácter dinástico.

Una apuesta de alto riesgo

Mientras soporta los bombardeos de la coalición israelí-estadounidense, Irán combina la ofensiva militar con una narrativa interna de resistencia, apoyada en un fuerte control informativo. Sin embargo, la ampliación del conflicto hacia países árabes que albergan bases norteamericanas podría haber tenido un efecto contrario al buscado: en lugar de dividir, terminó alineando a varios gobiernos de la región contra Teherán.

Especialistas advierten que la conducción iraní actual enfrenta limitaciones operativas tras los golpes sufridos en su estructura militar. Sin un sistema de defensa aérea plenamente operativo y con el espacio aéreo vulnerable, los ataques podrían intensificarse en las próximas semanas hasta que Washington considere oportuno abrir una instancia formal de negociación.

Desde Estados Unidos, Trump dejó abierta esa posibilidad al señalar que está dispuesto a dialogar, aunque cuestionó que Teherán no haya avanzado antes en ese sentido. En ese delicado equilibrio entre escalada y negociación, el régimen iraní juega una carta decisiva: resistir lo suficiente para asegurar su propia continuidad.

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