¿Qué tipo de Fuerzas Armadas necesita la República Argentina?
Por Lic. Leonardo Innamorato.
Las relaciones cívico- militar en nuestro país siempre fue un tema de análisis político y geopolítico. El ámbito castrense es un campo un tanto hermético y el cuál fue relegado de la escena política institucional de los Argentinos, síntoma e indicador de esto, es la falta de uniformados en direcciones o ministerios civiles lo cual también se denota un bajo perfil en los medios de comunicación, sobre todo en la televisión.
Considero antes necesario, comprender el término "autonomía militar", (López, 1997) el cual tiene que ver con "el control independiente que ejercen las Fuerzas Armadas sobre sus funciones, doctrina y decisiones, a menudo operando al margen del control político civil", nos facilitará a entender mejor este campo de acción castrense e institucional del país.
No tener militares no exime a un país de la latente posibilidad de entrar en guerra, sino todo lo contrario. En nuestra historia reciente nuestro país fue blanco del terrorismo internacional dos veces debido a las deficiencias en nuestro sistema para prevenir estos ataques. La debilidad institucional del país es vía libre para que nuestra soberanía nacional quede cuestionada a cada momento, debido a la extensión territorial, permeabilidad de nuestras fronteras y a la falta de control de nuestro suelo, incluyendo plataforma marítima y de nuestro espacio aéreo. Argentina no es un país "belicista", expansionista ni agresor. Sino que hay territorio que defender como lo expresa la Ley.
Haciendo un diagnóstico del inventario, el Ejército cuenta actualmente con un personal de tierra, infantería, caballería, arsenales e intendencia de unos 83.000 hombres. La armada, la fuerza quizá más profesional, delata carencia y obsolescencia de unidades de superficies, ya que actualmente fueron dados de baja los destructores ingleses tipo 42; en su misma clase, los destructores tipo MEK0 360, sólo están activos 3, y el ARA "Heroína", radiado de servicio por falta de respuestas ante una decisión política en espera.
Ni hablar del arma submarina, en este momento no existen submarinos luego del fatídico naufragio del ARA San Juan en 2.017, quedando solo su gemelo, ARA Santa Cruz a la espera de una decisión operativa y el ARA Salta, un poco más vetusto tambien radiado de servicio. Solamente hay muestras de reequipamiento en nuestra castigada Fuerza Aérea con la llegada de un lote de 6 aviones F 16 Daneses de un total de 24 a completar la flota durante este año. Esto incluye armamento de misiles y su componente de radares y aviones cisternas de reabastecimiento en vuelo. El arma de la aviación naval, con al menos una decena de aviones Super Etendart de origen francés, y 6 del tipo "modernicé" que actualmente necesitan asientos eyectores confiables.
Ante esta coyuntura surgen interrogantes como ¿qué hacemos con nuestras Fuerzas Armadas? ¿Cómo reinsertarlas en un contexto de relaciones cívico militares y su "autonomía militar"? ¿Con qué medios y personal dotarlas teniendo en cuenta las dimensiones geopolíticas Latinoamericana, la relación con los Estados Unidos y los proveedores de sistemas de armas? ¿Se necesitan más Generales y Almirantes que soldados y marineros o viceversa?
Ante este panorama ya no el denunciado estado ausente (las "zonas marrones" de las que sostenia Guillermo O'Donnell), sino más bien un nefasto estado inverso: uno que está presente, pero para generar males públicos en su asociación con el delito, en vez de bienes públicos. Un emergente natural del crecimiento cada vez mayor del lado B de la sociedad argentina, con la extensión de la economía en negro, el enseñoramiento del narcotráfico y demás delitos asociados con ese reino del revés.
Semejante degradación institucional no pudo ser contenida, sino todo lo contrario, por el crecimiento que experimentó la Argentina en las últimas décadas. De esta manera, el título de país subdesarrollado se evidencia cuando éste no puede convertir el crecimiento en un incremento sustentable del bienestar colectivo. Indicadores de baja inversión, no solo en educación, salud y políticas sociales, sino tambien, momento de reparación histórica hacia los profesionales de la defensa. Aquí, parte del dinero "en blanco" que es inyectado por el Estado, se ennegrece en las actividades delictivas que alimenta sostiene O'Donnell
Pues bien, no son épocas de aumentar el porcentaje del PBI destinado a defensa, sino de reestructuralas, hacerlas más modernas, eficientes y acordes a los posibles hipótesis de conflicto, reinsertándolas en su relaciones con el poder político y civil de una madura subordinación y cumplimiento con su deber para el cual fueron creadas.
En estas prerrogativas castrenses, en su momento el Coronel Mohamed A. Seineldin, -a fines de los 80- habia presentado un novedoso plan de reestructuración y de hacerlas profesionales, eliminando el servicio militar obligatorio. Las penalizaciones de países como el Reino Unido, la desidia política, las idas y venidas de delegaciones hacia países proveedores de armamento, las fallidas compras y adquisiones, que más bien fueron "firmas de cartas de intenciones" hicieron que nuestro país languideciera en cuanto a la defensa de nuestra soberania, teniendo en cuenta la extensión territorial.
La reciente compra de cinco aviones Super Etendard para sumarse al operativo de seguridad de la cumbre del G-20 despertó cuestionamientos.
La Republica Argentina no es una expendedora de políticas internacionales, al contrario somos un país "tomador" de políticas internacionales dentro de sus pocas posibilidades de opción. Asimismo, es un país completamente dependiente de su inserción en el mundo. De allí la necesidad de leer y comprender muy bien el tablero internacional, ya que las movidas de sus humildes peones puede hacer una diferencia muy importante. Viendo estas vicisitudes, estar bajo la mirada del Alcon (los EEUU), con su moderno y respetado armamento pero conservando nuestra doctrina militar - de encuadre al poder civil y Constitucional. Desechar o evaluar el armamento de origen Ruso y tener en cuenta material bélico proveniente de Israel, Francia, Italia o Alemania.
Considero imprescindible dotar de profesionalismo y una misión acorde con nuestra Constitución, dotándola de presencia en su organigrama de cuerpos de ejército y regimientos. Invertir y desarrollar sistemas de armas de origen nacional, esto significa, modernización de "fabricaciones militares", insertar más personal profesional civil como ingenieros e ingenieros en sistemas para la "guerra electrónica y el dron como componente aéreo no tripulado".
De esta de más mencionar que la institución dió avances y señales de maduración institucional, con la inclusión de la mujer en sus tres armas y una política de derechos humanos reparadora y necesaria.
En definitiva, unas Fuerzas Armadas moderadas, en estos tiempos de paz, donde el soldado pueda contar con medios acordes a su instrucción y el legado del General San Martin, Belgrano, Alvear y de Güemes. Es tiempo de que emerjan a superficie con una moral alta los hombres de armas, esto es dignificar la profesión, la institución y el rol para el cual fueron concebidas.
Contar con una flota de superficie moderna y equipada, harían falta al menos 2 fragatas multipropósitos, con al menos 5 submarinos y 2 buques anfibios de proyección de fuerzas. El arma de tierra debería ir reemplazando su caballería, más medios de logística, camiones, obuses de largo alcance y fusiles con miras nocturnas y tiro controlado. No son tiempos de temer a las FFAA, sino de sentirse seguros en una patria que comience a integrar a todas las instituciones, con hombres de bien conformes a su misión en el concierto de una República y Democracia madura.