Crónica de aprender a hablar
Por Belén Cianferoni
Se me están secando las parras y las palabras.
Pero bueno, una sigue juntando oraciones y plegarias para un futuro mejor.
Hablar es un camino, a veces sinuoso.
Escribir, creo, se parece mucho a cocinar. Una mezcla ingredientes, prueba, corrige, vuelve a empezar. Hay fuego, paciencia y una intuición que se aprende con los años.
Pero hablar se parece más a la mesa.
La mesa es el lugar donde uno aprende cuándo decir algo, cuándo escuchar, cuándo mirar a los ojos. En la mesa se aprende que las palabras también tienen tiempo, turno, peso. Decidir qué decir y cuándo decirlo se aprende ahí, sentado, con la boca y con los ojos del otro.
También aprendemos a callar. El silencio, al principio, es una forma de respeto. Después, con los años, uno descubre que también puede ser miedo. O costumbre. O cansancio.
Y últimamente siento que estamos demasiado callados.
Vivimos en una sociedad donde la violencia se volvió ruido de fondo. Aparece en las noticias, en la calle, en las redes, en las conversaciones dichas a medias. Y sin embargo muchas veces respondemos con un silencio raro, como si hablar fuera demasiado.
Hoy es el Día de la Mujer.
Y pienso que muchas mujeres aprendimos a hablar tarde. Primero aprendimos a escuchar, a acomodarnos, a no incomodar demasiado la mesa.
A bajar la voz.
Pero hablar también se aprende.
Se aprende como se aprende a cocinar o a escribir: equivocándose, quemando algunas palabras, diciendo cosas imperfectas. Pero diciéndolas.
Porque el silencio no arregla el mundo, sonreír y dejar pasar las cosas tampoco.
A veces basta con una frase dicha a tiempo para que algo cambie. Una frase en una mesa, en una casa, en una calle.
Tal vez por eso seguimos juntando palabras.
Como quien junta uvas cuando la parra todavía resiste.
Este domingo me toca hablar en público en el Forum a las 20.30 horas y enfrentarme ante el otro, me siento esa plantita que está entre que se seca y brota. ¿Recordaré como hablar?
Mamá me lleno de fonemas y sonidos, de canciones, puso palabras en esta boca que hoy tiembla. Soy feliz, porque es un privilegio poder leer y ser escuchada entre el ruido y el silencio. ¿Podré vencer el vacío? Las ondas sonoras no se propagan en el vacío.
Es un día de fuerza, de lucha y no temblar... Me volveré una onda electromagnética que se esparza entre la multitud y el olvido.
Hoy, los espero, para acompañarnos y charlar un rato, para recordar como era hablar sin herirnos. Los voy a estar esperando, no falten.
Saludos a la familia.