Apagones y malestar social: crecen los cacerolazos en La Habana en medio de la crisis energética
Vecinos de distintos barrios de la capital cubana protagonizan protestas nocturnas golpeando ollas y sartenes para reclamar por los prolongados cortes de luz. La situación ocurre mientras se agrava la crisis energética y aumenta la presión política de Estados Unidos.
La tensión social crece en Cuba y en los últimos días comenzaron a registrarse protestas en distintos barrios de La Habana, donde vecinos manifestaron su descontento con cacerolazos y reclamos por los prolongados apagones que afectan la vida cotidiana en la isla.
Las manifestaciones se repitieron durante varias noches consecutivas. En algunos sectores de la capital, los habitantes salieron a las ventanas o a la calle para golpear ollas y utensilios, una forma de protesta que se volvió cada vez más frecuente frente al deterioro de las condiciones de vida y los cortes masivos de electricidad.
La situación se produce en medio de una profunda crisis energética que dejó a millones de personas sin suministro eléctrico en diferentes provincias del país. El problema se originó tras fallas en centrales termoeléctricas clave y por la escasez de combustible necesario para mantener el sistema en funcionamiento.
El sistema eléctrico cubano atraviesa serias dificultades desde hace años debido al deterioro de la infraestructura y la falta de inversiones. A esto se suman problemas para importar petróleo, lo que complica la generación de energía y provoca cortes que en algunos lugares se extienden durante varias horas al día.
En paralelo, la situación también está atravesada por el escenario internacional. El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, endureció su postura hacia la isla y ha señalado que el régimen cubano enfrenta una etapa crítica, en medio de sanciones y presiones económicas.
Mientras tanto, el malestar social continúa creciendo entre la población, que enfrenta no solo la falta de electricidad sino también problemas vinculados a la escasez de alimentos, el transporte y el deterioro de los servicios básicos, en una crisis que muchos analistas consideran la más grave de las últimas décadas para el país caribeño.