Antonio Gallego: "Santiago del Estero siempre vivió pendiente del agua"
El ingeniero Antonio Gallego, con décadas de trabajo en el área hídrica, repasa la relación histórica de la provincia con el Río Dulce y destaca el rol decisivo que cumple la presa de Embalse Río Hondo para contener las crecidas y administrar el agua a lo largo del año.
En tiempos en que el agua vuelve a ser protagonista en la provincia, la palabra de quienes dedicaron su vida a estudiarla cobra un valor especial. Desde su mirada serena y reflexiva, el ingeniero santiagueño Antonio Gallego ofrece una lectura histórica sobre el comportamiento del Río Dulce y su influencia en la vida de Santiago del Estero.
"Desde mi visión personal, ya estoy jubilado, pero lo cierto es que cuando uno pasó toda su vida trabajando en un tema, le sigue interesando. Sigo interiorizado en la cuestión hídrica, aunque ya no tenga una actividad frecuente", reconoce en una charla con EL LIBERAL, y aporta este concepto que desarrollamos más adelante: "Considero que la relación de la Provincia con el agua siempre fue controvertida". Durante más de 22 años formó parte de Agua y Energía, la empresa estatal que marcó una época en la ejecución de grandes obras públicas en el país.
En ese recorrido profesional, Gallego fue testigo de la importancia que tuvieron las grandes obras hidráulicas para el desarrollo regional. Entre ellas destaca la construcción de la presa de Embalse Río Hondo, una infraestructura clave que cambió la relación histórica entre la provincia y el río. Según recuerda, la obra comenzó a gestarse a fines de los años cincuenta. "La presa se construyó entre 1957 y 1958 y se terminó en 1966. En ese tiempo Agua y Energía realizaba obras hídricas muy importantes en el país, como el dique El Cadillal en Tucumán y el Embalse Cabra Corral en Salta", explica.
El impulso político también fue decisivo. De acuerdo con los relatos de la época, el entonces vicepresidente Isaac Francisco Rojas de origen santiagueño y parte del gobierno militar de entonces, promovió con firmeza la construcción del dique para que la Nación llevara adelante la obra. "Cuando se termina en el 66, ya gobernando el radical Arturo Illia, comienza a funcionar ese mismo año y se convierte en una obra muy importante para Santiago del Estero. Te diría que clave y trascendental, hoy eso, en esta crecida histórica, se está demostrando. Incluso dio pie a la creación de la Corporación Río Dulce", recuerda.
Pero para entender el significado de esa infraestructura hay que mirar mucho más atrás. "Santiago del Estero siempre fue asediada por el Río Dulce", afirma Gallego. En los primeros tiempos de la ciudad, cuenta, "los desbordes del río obligaron incluso a trasladar el asentamiento urbano en varias oportunidades. La ciudad de Santiago del Estero, la más antigua del país, tuvo que 'cambiar de lugar' por las innumerables crecidas. Con el paso del tiempo se fueron ejecutando obras para proteger la capital. Una de ellas fue la primera Costanera, actual Avenida Núñez del Prado, construida entre las décadas del 30 y del 40 para evitar que el agua volviera a embestir contra la ciudad".
Las crecidas, sin embargo, forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. "Recuerdo que en mi niñez y adolescencia hubo crecientes muy grandes. En aquel momento el caudal del río no estaba regulado y el agua pasaba de largo", señala. Según estima, en algunos de esos episodios el caudal llegó a rondar los 2.500 metros cúbicos por segundo cuando hoy está erogando por encima de los 1.800. En ese sentido, explica el experto, "la presencia del embalse cumple una función decisiva: contener parte de ese volumen y regular el flujo hacia aguas abajo".
"El agua que entra al embalse puede superar esos valores, pero no necesariamente se deriva toda hacia el río. Esa es justamente la función del embalse. Por eso se trata de una obra emblemática para la provincia, no solo por su capacidad de amortiguar crecidas, sino también por su aporte a lo largo del año. Además de proteger a las comunidades y a los campos, el dique embalsa el agua y la va entregando gradualmente durante el resto del año", enfatiza el ingeniero Gallego.
En ese sentido, recuerda que a comienzos de la década del 70 también se registraron crecidas importantes que generaron momentos difíciles en la región. Aunque no conserva en la memoria los valores exactos del caudal de aquella época, sí tiene presente la magnitud de esos episodios y la preocupación que generaban entre los habitantes de la zona.
"La presencia del embalse cumple una función decisiva: contener parte de ese volumen y regular el flujo hacia aguas abajo".
Respecto de lo que ocurre en la actualidad, el ingeniero prefiere la prudencia. "No se puede vaticinar lo que viene", advierte. Sin embargo, observa que algunos comportamientos hidrológicos recientes parecen más intensos que en décadas pasadas. "Estos valores que estamos viendo hoy, pareciera, y lo digo en potencial y entre comillas, podrían estar vinculados al cambio climático. Eso podría potenciar fenómenos mucho mayores como los que estamos viviendo", sentenció.
Para Gallego, la historia de Santiago del Estero no puede entenderse sin su vínculo con el agua. Una relación que lo llevó incluso a escribir el libro "Santiago del Estero y el agua: crónica de una relación controvertida". "Le puse ese título porque Santiago siempre estuvo pendiente del Río Dulce", añade. Y concluye con una reflexión que resume siglos de historia: "El agua puede ser bendición y también problema. Hay épocas de abundancia y épocas de sequía. Por eso digo que la relación con el agua siempre fue intensa: y muchas veces controvertida".