Santiago

Crónicas de la crecida

Por Belén Cianferoni.

Semana complicada para los santiagueños. La crecida del ruido nos asusta como un monstruo acuático que desea engullirnos en sus fauces.

Esto también va a pasar. Entiendo el miedo que tenemos al observar la intensidad de lo incontrolable. Respiremos y pensemos que esto… también… va a pasar.

Es tiempo de ayudarnos entre hermanos, de arrimar una mano aunque el agua nos llegue al alma. En las ciudades del monte sabemos que las tormentas traen relámpagos: pero también despiertan esa solidaridad antigua que vive en los patios, en las veredas, en las casas donde alguien siempre pregunta si el vecino está bien.

El río crece, sí. Pero también crece algo más silencioso: la voluntad de acompañarnos. Una bolsa de ropa, un mate compartido mientras se espera que baje el agua, un mensaje preguntando si hace falta algo. En medio del ruido de la lluvia, aparecen esos pequeños gestos que nos recuerdan que nadie se salva solo.

Las calles se vuelven espejos marrones donde flotan hojas, ramas y preocupaciones. Y sin embargo, incluso en ese paisaje inquieto, la ciudad sigue latiendo. Las madres llaman a sus hijos, los vecinos miran el cielo, los perros buscan refugio bajo los techos de chapa que cantan con cada gota.

Las tormentas, como los sustos, tienen memoria corta. Llegan con furia y después se retiran dejando barro, historias y alguna enseñanza humilde sobre la fragilidad de las cosas.

¿Que aprenderemos? ¿Que seremos? ¿Que recordarán los niños de ahora cuando le cuenten a sus hijos de que ellos sobrevivieron a la noche que el Río Dulce intentó comerlo?

Respiremos otra vez.

El agua baja.

La noche pasa.

Y los santiagueños —que sabemos de sequías, de vientos y de esperas largas— también sabemos que después de cada crecida vuelve el sol a secar los patios. Y que, mientras tanto, lo único verdaderamente firme es esto: la mano que se tiende al otro cuando más falta hace.

Porque incluso frente al miedo, seguimos siendo una ciudad que se cuida y pone su esperanza en la arena y en la mano de sus hermanos. 

Fuerza santiagueños, vamos a salir de esta. Fuerza y fe. 

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