Petróleo, dólar e inflación: cómo impacta la guerra en Medio Oriente sobre la economía argentina
Por Rodrigo Benítez
En las dos últimas semanas se produjo un cambio importante en el tablero geopolítico. La ofensiva bélica de Estados Unidos sobre Irán y las respuestas sobre las principales bases militares en la región han disparado un replanteo del valor de los activos.
El primer impacto ha sido sobre el precio del petróleo, por la incidencia que tiene esa región en la producción global, pero luego ese impacto se ha trasladado a otros activos.
Para Argentina es clave entender las implicancias de este conflicto para poder estimar los impactos sobre la economía local, tanto del aumento en el precio del petróleo, como del resto de los efectos asociados a este disparador.
Desde comienzos de marzo, la zona de Oriente Medio está en pleno conflicto. La decisión de Estados Unidos de lanzar una ofensiva militar sobre Irán está afectando la producción y el suministro normal de petróleo.
La zona afectada, con Irán a la cabeza, pero también con los principales productores de petróleo de la región, que están viendo afectada su producción y su capacidad de transporte por las respuestas de Irán, está generando un impacto significativo en los mercados.
Cuando se inician conflictos bélicos, el impacto sobre los mercados suele depender de dos factores:
* el impacto sobre la infraestructura y la capacidad productiva,
* y la extensión temporal de las acciones bélicas.
El escenario 1 luce completamente descartado. La extensión del conflicto está siendo mayor a ese supuesto y la respuesta de Irán busca ramificarse.
En el caso de Rusia-Ucrania, conflicto iniciado en 2022, pero que en precios empezó a ponerse de manifiesto sobre fines de 2021, la extensión del conflicto y la magnitud de la afectación fueron mucho mayores. En ese momento, el precio del petróleo tardó tres años en volver a los niveles preconflicto. Es una contienda bélica que todavía sigue abierta.
En este caso, por ahora el impacto en precios luce más acotado, pero no se puede dejar de tener presente que solo han pasado dos semanas.
La zona con producción y transporte comprometidos alcanza casi el 20% del volumen de producción mundial, pero el 40% de las reservas probadas de petróleo.
Hoy, con el tráfico de buques completamente interrumpido en el estrecho de Ormuz y con Irán buscando afectar instalaciones petroleras, el mercado parece debatirse entre los escenarios 2 y 3. Los ajustes entre uno y otro se van produciendo a medida que aparecen noticias sobre los alcances del conflicto.
Por ahora, el mercado sigue comprando la idea de que se trata de un conflicto transitorio, donde el precio del petróleo retrocede a un nivel inferior en pocos meses.
Los contratos de futuros para fin de año se ubican en el rango de los u$s80. Sigue siendo u$s15 por encima de los valores previos, pero más de u$s20 por debajo de los niveles actuales.
¿Qué lectura hizo el mercado internacional?
El mercado, por ahora, ha tomado el impacto sobre el precio del petróleo, pero además se ha extendido a otros commodities, como granos, metales, tierras raras, entre otros.
En una primera etapa, estos movimientos habían implicado una mayor debilidad del dólar y una compresión de las tasas de interés de mediano plazo.
Pero en la medida en que esto se extendió en el tiempo, los inversores entraron en un modo de flight to quality. Eso reforzó el valor del dólar, que volvió a sus niveles previos.
También generó un cambio en el nivel de las tasas de interés. El primer movimiento había sido hacia abajo, pero cuando el precio del petróleo escaló a un nuevo nivel, el mercado se posicionó a la espera de una inflación más alta.
El sesgo pasó a ser de inflación sostenida por más tiempo ("higher for longer"). Esto implicó una suba de las tasas de interés a 10 años y un cambio en las probabilidades de recorte de tasas de corto plazo.
¿Cómo impacta en Argentina?
Por ahora, este conflicto está teniendo cuatro tipos de impacto bien identificados:
1. Sobre precios internacionales
Hoy se observa un impacto alcista en tres segmentos de productos en los cuales la economía argentina tiene saldo comercial positivo:
* petróleo y gas,
* minería,
* producción agroganadera.
Eso implica que, si los precios se sostienen, podríamos ver una oferta creciente de divisas.
El agro este año (por cantidades y precios) tendría una cosecha valuada en u$s4.000 millones más que en la campaña anterior.
El petróleo podría sumar u$s2.500 millones adicionales y la minería otros u$s1.000 millones.
2. Sobre el equilibrio fiscal
Un mayor volumen de exportaciones, sobre productos que tienen retenciones medias a altas, implica un shock recaudatorio positivo.
Además, si la inflación se acelera, también se produce un desfasaje entre la velocidad de ajuste de ingresos y egresos, lo que genera un impacto fiscal positivo.
3. Sobre los flujos de capitales
En este caso, el impacto es más incierto.
Por un lado, a nivel global hay menores flujos hacia economías emergentes. Pero los proyectos locales pendientes de financiamiento pueden resultar más atractivos, ya que aseguran la provisión de insumos estratégicos con una localización geopolítica privilegiada.
Esto podría despertar mayor interés inversor. El impacto negativo podría concentrarse en los activos soberanos.
4. Inflación local
Este último punto es quizás el más delicado.
Estos nuevos precios internacionales tienen impacto sobre los precios internos. Si se sostienen hasta fin de año, los valores actuales podrían sumar entre 4 y 5 puntos porcentuales a la inflación anual.
Por supuesto, esto dependerá del tiempo que se mantengan estos valores, pero es una señal clara de que en los próximos dos o tres meses la inflación podría ubicarse por encima de lo que esperaba el mercado.
En síntesis
El escenario externo complejo, con impacto sobre el precio de los commodities, puede ayudar desde:
* la generación de divisas,
* el equilibrio fiscal,
* y el interés por proyectos de inversión vinculados a insumos estratégicos.
Sin embargo, también reduce los flujos potenciales hacia una emisión de deuda del Tesoro y, sobre todo, suma un factor de estrés para la inflación interna, que a los factores estructurales propios ahora agrega el efecto de la inflación importada.
Por Rodrigo Benítez, economista jefe de MegaQM, para Ámbito Financiero.