Santiago

Ser autoridad hoy

(Foto ilustrativa Google)

Por: Lic. Rocío Pereiro.

"Los chicos de hoy no hacen caso", "los padres no saben poner límites", "En mi época lo que decía nuestro padre o los docentes era palabra santa", "la autoridad ya no funciona" o frases más terribles como "la juventud está perdida" son escuchadas con frecuencia.

Ahora bien, ¿qué queremos decir con autoridad?

Es un lugar o una función, una posición de asimetría en relación con las otras personas que permiten a quien ocupa el lugar de autoridad regular, producir, inhibir, modificar discursos y prácticas. A menudo podemos remitir a la autoridad al título de la persona, su porte, su edad y con esto su experiencia e inclusive lo podemos relacionar al tono de voz o a su género.

La autoridad histórica

Tanto el siglo diecinueve como el veinte se caracterizaron por la inestabilidad política en el actual territorio argentino. Esto vinculado a la toma del poder de parte de facciones de las fuerzas armadas y las consecuentes intervenciones federales. Entre 1853 y 1980 se produjeron 148 intervenciones federales. Es esperable, que los argentinos descrean de la clase dirigente como una consecuencia de estos sucesivos golpes de estado, más considerando que en el último de 1976 los aparatos del estado fueron puestos al servicio del exterminio de aquellos que amenazaran el statu quo. En Argentina la experiencia militar está sobredeterminada. Chile o Venezuela son ejemplos cercanos en los que el discurso y la percepción social sobre las fuerzas armadas son radicalmente diferentes.

¿Es pensable una relación entre el descreimiento en la clase dirigente del pueblo argentino (explicable en parte por la continua traición de la que es víctima) con la decadencia o ineficacia de un modelo de autoridad que antes funcionaba en ámbitos escolares o domésticos?

Si en nombre de la autoridad se cometieron hechos degradantes para las personas se hacen entendibles los resquemores de más de uno para ocupar el lugar de la autoridad.

La autoridad doméstica

En cuanto a la autoridad que los adultos (padres, docentes, etc.) ejercen sobre los niños, adolescentes y jóvenes, pareciera ser que los desafíos se renuevan.

Es habitual escuchar a padres que se encuentran sobre exigidos por sus jornadas laborales, las cuales les demandan mayor tiempo fuera de sus casas y por lo tanto menor tiempo con sus hijos, la negativa a "ejercer" su autoridad y con esto a poner limites a sus hijos, "No quiero que en el poco tiempo que me vea crea que soy una bruja o el malo, entonces no lo reto, no le pongo un límite".

El límite aparece siempre ligado a lo malo, al castigo, a lo peor, obviando la importancia en la construcción de esa persona. El limite es un borde que instala lo que esta bien y lo que esta mal, lo que está prohibido, pero también lo que está permitido y de este modo introduce la diferencia, entre el adulto y el niño, establece una separación que es fundamental.

Cuando hay límite, se establece para el niño un vinculo con el otro que es saludable, que es sostén y que lo contiene, además de darle un marco de seguridad y de confianza.

La autoridad escolar

La autoridad se encuentra de forma permanente buscando formas de ser ejercida, y estas van mutando de acuerdo con la época y su contexto. Hay quienes apuestan a tratos cercanos y horizontales con los niños mientras que hay también docentes que siguen apuntando a formas tradicionales de ejercerla, utilizando asimetrías y vínculos verticalistas. Este modelo de ejercicio hoy encuentra ciertas dificultades. Antes una sanción u nota baja funcionaba tanto para el niño como para el adolescente como algo aleccionador, algo a lo que se le tenía respeto. Hoy se compite entre sus pares para ver quien se saca la nota más baja o quien firma más veces el libro de amonestaciones.

Los tratos cercanos y horizontales implican que el alumno sepa encontrar en ese adulto un lugar de contención, una instancia de escucha y atención.

Narrarnos de otro modo

"Aunque me fuercen yo nunca voy a decir que todo el tiempo por pasado fue mejor mañana es mejor", Luis Alberto Spinetta.

Decir con sesgo negativo que la autoridad está caída es lo más fácil de pensar. Debemos encontrar modos de narrarnos sin autodesprecio, que valorice lo que tenemos y no solo que haga hincapié en lo que nos falta.

Lic. Rocío Pereiro.

El desafío hoy parece ser encontrar nuevas formas de que la autoridad funcione, quizá a través de nuevos ejercicios, a través de la reconstrucción de lo que creíamos certezas. Sin dudas los modelos de autoridad pre y pospandemia marcaron un antes y un después en la valoración de la labor docente, en donde me atrevo a decir que recuperaron una credibilidad tal vez perdida, al menos un poco más de la que tenían antes de la pandemia, porque los padres entendieron de la complejidad de la labor, al ser ellos quienes tuvieron que ponerse en el lugar de los docentes.

En cuanto a la autoridad de los padres, el desafío hoy radica en encontrar, en medio de rutinas laborales extensas, momentos de calidad con sus hijos, de escucha y acompañamiento.

Ser autoridad hoy, es entender lo que Freud dijo para el siglo XX: intercambiar una renuncia por una promesa. Renuncio a ser la autoridad solo permisiva por la promesa de que, a través de los límites, el autorizado se constituirá como un ciudadano moralizado. Es lo que hace falta.

Ir a la nota original

MáS NOTICIAS